Como sabéis, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es la segunda parte de Millenium, la trilogía (¿inconclusa?) de un señor noruego llamado Stieg Larsson que llevó, durante toda su existencia, unos hábitos de vida un tanto peculariares y nocivos. El Sr. Larsson, por si alguien no se ha leído la pequeña biografía del escritor en sus libros, murió pocos días después de haber entregado el manuscrito del tercer libro de la trilogia Milenium, “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, todavía inédito en español. Todavía no había salido al mercado su primera novela. Trágico. Recuerda a Van Gogh.

El primer libro de Larsson, “Los hombres que no amaban a las mujeres” dejó el listón exquisitamente alto. Imaginaba que con la segunda entrega de la serie la emoción bajaría. Sin embargo puedo decir, sin reparos, que me ha gustado este segundo libro, aún más, si cabe, que el primero. Como su predecesor, me da la sensación de que es un libro muy trabajado. Larsson tuvo que echarle muchos cafés. Los personajes están increíblemente trabajados, la intriga se mantiene hasta el final, la telaraña de suspense y misterio está desarrollada magistralmente. Es una delicia leerlo.

Pero más allá de lo bueno que es el libro, lo que engancha y lo mucho que lo recomiendo, quisiera destacar de esta trilogía un personaje que no me atrevería a decir que es uno e los mejores de la literatura mundial, pero, que a mí, me sublima: Lisbeth Salander. Es genial. Totalmente contrapuesta a su compañero de viaje, Mikael Blomkvist -chico bueno, triunfador, adorado por las mujeres-, Salander, con todos su defectos, se convierte en uno de los mejores personajes que he tenido la oportunidad de conocer. Está tan bien descrita, que parece que no fuera una invención noruega, sino que fuera mi vecina de al lado, mi compañera de trabajo. Dicen en la wikipedia que el personaje de Lisbeth Salander es un intento de Larsson por recrear cómo hubiera sido la vida adulta de la pequeña Pippi Calzaslargas. Sin reglas, sin identidad sexual, extremandamente libre y salvaje, pero con un gran sentido del honor y la justicia. En fin, merece la pena leerse el libro sólo por hacerse amigo de Lisbeth.

Totalmente aconsejable. Esperemos que la tercera entrega no se haga esperar, sin embargo, ya me da hasta nostalgía saber que esa será la última oportunidad de disfrutar con los libros de Larsson.