A medida que va creciendo este blog, me doy cuenta de que la relación que mantengo con vosotros, mis lectores más o menos asiduos, se está convirtiendo en una especie de simbiosis. Supongo que vosotros os servís de mis críticas y recomendaciones para leer un libro o no. Por mi parte, estoy encontrando verdaderas joyas detrás de vuestras recomendaciones. La última, la que me ha mantenido enfrascada en una más que adictiva lectura, llegó desde Argentina. Hace unas semanas, Carina de Buenos Aires, me recomendaba por mail una trilogía “INCREÍBLE”. Exactamente, estas fueron sus palabras:

“Quería recomendarte una saga INCREÍBLE (Haceme caso, ya ves que soy argentina) de una autora argentina, Florencia Bonelli. La trilogía se llama Caballo de Fuego (Paris-Congo-Gaza). NO es una copia de Grey, porque se publicó aquí en Argentina hace dos años. Pero el protagonista, Eliah, no tiene nada que envidiarle a Grey, ni a Darcy, ni a ninguno. Es una gran historia. Leelo, no vas a poder parar”

Le prometí a Carina que leería, por lo menos, el primero, aunque no le podría precisar cuándo. Ya sabéis que siempre tengo muchos libros en cola. Me informé un poco sobre Florencia Bonelli y los libros que me recomendaba esta amiga de Argentina, y ahí quedó todo.

No obstante, hace algunas semanas, ocurrió algo extraño; con cierto estupor -debo de reconocer- descubrí que mi adorado Señor Darcy había sido desbancado del segundo puesto de nuestro Ranking de Chulazos. El usurpador no era ni mi shérif de la zona 5, ni mi encantador James Fraser; por supuesto, no era Christian Grey, a ese nadie lo mueve del primer puesto. El susodicho era un personaje desconocido, un tal Eliah Al-Saud. ¿Quién es este?, me pregunté, y no me costó demasiado descubrir que era el famoso protagonista de la Trilogía Caballo de Fuego… ¡Tiene páginas y páginas de fanáticas en Argentina!

Me empezó a picar el gusanillo. Por ello, en cuanto terminé El amor por números fui directamente a por ellos. ¿Y qué puedo decir? Pues que me han encantado, de ahí las cinco estrellazas que les he dado. Para variar, no obstante, iré por partes, porque he asimilado el contenido de estos libros por estadios, de forma muy gradual.

En primer lugar, he de decir que me descolocó mucho la referencia que hacía Carina a Cincuenta Sombras de Grey, porque, según mi punto de vista, los libros de Bonelli no se parecen en nada. ¡Al final va a parecer que L.J. James inventó eso del sexo en la literatura! Es cierto que la Trilogía Caballo de Fuego tienen un alto contenido sexual, pero no obstante son muy muy románticos (a veces un tanto ñoños), y, desde luego, no se reducen al simplismo de Cincuenta Sombras, que es todo el día pim-pim, pam-pam y vámonos que nos vamos. En los libros que componen Caballo de Fuego no sólo se desarrolla una historia de amor puro e intenso, sino que se centra la atención en otros temas muy interesantes como el conflicto palestino-iraelí o las guerras en el África subsahariana. La propia condición de los protagonistas lo motiva: ella es médico en organizaciones que operan en el tercer mundo, y él es militar profesional, por lo que ambos participan de lleno en este tipo de conflictos.

Sin embargo, si seguimos con la comparación con Cincuenta Sombras, he de decir que, a diferencia de ésta trilogía, Caballo de Fuego es bastante difícil de digerir en un principio. Además del voseo, que para mí es uno de los mayores handicaps de estos libros, el comienzo de Paris, el primer libro de la trilogía, se hace un poco cuesta arriba.

En un principio, parece que estás leyendo la versión literaria de Sin tetas no hay paraíso. Es decir, niña inocente, virginal,… que se enamora de machote, guapote y peligroso. Un poco más adelante, el libro se hace soporífero, porque empiezan a aparecer miles de personajes, de países, agencias de espionaje, recursos minerales estratégicos,… que Bonelli te introduce a sopetón, y que desaniman bastante. De hecho, en ese punto, estuve a punto de claudicar y dejarlo por imposible.

No obstante, una vez que se pasa este bache, el libro te atrapa, y toda la información de la que te has tenido que empapar y que te resultó soporífera sirve (milagrosamente) para algo… ¡y que todo queda hilvanado de una manera brutal! ¡Todo conecta y tiene su sentido! A partir de ahí, el libro se transforma totalmente y no puedes parar de leer.

La historia de amor es alucinante. La conexión espiritual y sexual entre Matilde y Eliah es asombrosa, envidiable, incluso. Una pasión arrolladora que tendrá que superar una serie de trabas para asentarse. No obstante, el valor de los libros de Bonelli reside en la capacidad de la autora para aunar el romance y el sexo con el drama, la denuncia y la crítica en relación a los conflictos que más arriba he mencionado. Tras la lectura de París, Congo y Gaza, aprendes acerca de la situación de África, de Oriente Medio y Oriente Próximo. Situaciones de las que muchos somos conscientes, de pasada, por los noticiarios. No sólo Bonelli nos brinda una oportunidad de conocer más acerca de estas zonas en crisis, sino que nos transporta a lugares, capitales, localidades remotas, lugares asombrosos, desde París al propio Bagdad.

Como nota negativa he de decir que he experimentado muchos problemas con el asunto del voseo y de las expresiones argentinas que inundan el libro. En cierto sentido, es natural. Florencia Bonelli es argentina, y supongo que está en su derecho. No obstante a mi se me ha hecho un poco cuesta arriba y he tenido que acudir varias veces al diccionario para saber que era una bombacha o un borceguí. Sin embargo, todo esto entra dentro de lo anecdótico. Los libros valen mucho la pena, y esta pequeña barrera idiomática no tiene que suponer un problema.

Como dijo Carina:  Es una gran historia. ¡Leelo, no vas a poder parar!