Si me seguís, ya sabréis que soy muy, muy fan de Rainbow Rowell y, por supuesto, de sus novelas. Carry On o Moriré besando a Simon Snow, como la han querido llamar en español, era la última que me quedaba por leer. Mi amiga Soff me lo recordaba constantemente… ¿verdad? El problema es que Moriré besando a Simon Snow no se encontraba traducida a la lengua de Cervantes hasta hace relativamente poco y yo, sinceramente, disfruto mucho más leyendo libros en mi idioma. ¿Qué le vamos a hacer?  En cuestión de libros, soy así de cateta.

A diferencia de otros autores, Rainbow Rowell no escribe sobre una temática en concreto, así que sus libros siempre son una especie de misterio. Moriré besando a Simon Snow, hasta la fecha, quizás sea, además, una de sus novelas más atípicas. Os pongo en antecedentes… Rainbow tiene un libro supermegachulo llamado Fangirl que, en resumidas cuentas, trata de una chica un tanto freak a la que le pirra escribir fanfic. Sus relatos se basan en un personaje de ficción llamado Simon Snow; un joven mago que recuerda mucho a nuestro querido Harry Potter. El caso es que Rowell, que intercala fragmentos de estos relatos entre capítulo y capítulo en Fangirl, tuvo la imperiosa necesidad de darle sentido y vida a los personajes que en estos aparecían. Por eso, ideo este Carry On o Moriré besando a Simon Snow¿Curioso verdad? Por lo tanto, os recomendaría que, antes de leer este libro, empezarais con Fangirl; estoy segura de que os fascinará.

Volviendo al libro que nos ocupa, aunque los antecedentes eran bastante buenos — me encantó Fangirl, como creo que he dicho ya mil veces —, tras leer unas pocas páginas del libro, empecé a pensar que quizás leer una novela de dichas características no era buena idea. A ver, me considero muy fan de Harry Potter. De hecho, siempre que tengo que destacar una saga con final impecable, suelo recurrir a los libros de J. K. Rowling. Por otro lado, tampoco soy lo que se dice muy fan de la fanfic. Digamos que soy de las que sigue a pies juntitas lo que dice el autor original, para bien o para mal. Así que cuando comencé Moriré besando a Simon Snow, y empecé a sentirme extraña al pensar que Simon se parecía demasiado a Harry y que Penelope Bunce era demasiado parecida a Hermione Granger, no sabía si seguir con el libro o tirarlo por la ventana. Por suerte, para el Kindle y para mi, no hice esto último, pero confieso que me sentía… mal. Todo era demasiado similar, nada parecía nuevo, ni novedoso, ni original… A pesar de que sabía que Rainbow Rowell lo hacía adrede… Tampoco me caía bien Simon Snow; no había nada de heroico en él, y nada de lo que hacía me parecía alucinante o mágico. Era aburrido…

Y, entonces, apareció Baz…

Y, entonces, me enganché y no pude parar de leer… Vi la luz y empecé a comprender…

Si Simon Snow, comparado con Harry Potter, es una especie de antihéroe, Baz — alguien parecido a Draco Malfoy pero sin pelo oxigenado — es algo así como un anti-antagonista, y desde luego es el tipo de anti-antagonista que me gusta: una especie de Darcy en Orgullo y Perjuicio, un cordero con piel de lobo, el típico malote, distante y frío, que a todas — y a todos — nos hace suspirar. Creo que hasta que no apareció en escena, no tuve narices de entender qué pretendía Rainbow Rowell con su libro. No era Harry Potter; además, no pretendía serlo, aunque se pareciera mucho. En cambio, iba mucho más allá de las novelas de J.K. Rowling, porque ahondaba temas en los que la autora británica nunca se había adentrado: el sexo, la homosexualidad, el miedo al fracaso, las segundas oportunidades…

Sin duda, lo mejor de Moriré besando a Simon Snow es la humanidad que transmiten sus personajes. Son redondos. Aunque se traten de personajes de ficción y de literatura fantástica, son reales y, como cualquier hijo de vecino, tienen sus miedos, sus manías, sus debilidades… Tampoco son malos o buenos porque sí, son humanos. Y eso me encanta.

Cuando te das cuenta de todo eso, empiezas a ver irremediablemente la novela desde otro ángulo, empiezas a disfrutar y te enganchas al mil por mil. Supe que debía ponerle cinco estrellazas porque, además de ser un buen libro, bien escrito y que te atrapa, cuanto terminé de leerlo, solo pude pensar durante horas: «Pero qué libro más bonito, oye». Y aunque por el momento no hay — y posiblemente nunca habrá — segunda parte, tenía muchísimas ganas de saber más sobre Simon, Baz y Penélope. Lo mejor es que no era porque me recordaran a personajes de Harry Potter; era porque ya brillaban en mi corazón con luz propia (sí, he dicho corazón; me estoy volviendo una sensiblera).

En definitiva, y por último, solo puedo decir que, aunque la empresa no era ni mucho menos fácil — una especie de fanfic sobre una de las sagas más queridas y leídas de la historia — Rainbow Rowell ha conseguido, no solo superar el reto y las expectativas, sino sorprender por su increíble versatilidad. Así que, si como a mí, también te gusta Harry Potter y no te decides a empezar Moriré besando a Simon Snow: ¡No tengas miedo! En nuestro universo, Harry y Simon son compatibles y, si me lo permites, complementarios. Eso sí, es un libro que hay que leer con cierta apertura de mente. ¡Eso es imprescindible! ¡Incluso para leer este blog!

Y sí, yo también moriría besando a Simon Snow. Ainsss…