Hace algunos días, a principios de año, publicábamos El Reto Literario de El Ojo Lector para 2018: una forma divertida para conseguir leer más (y más variado) durante este nuevo año. Muchos sois los que me comentáis que tenéis poco tiempo para leer o que, de alguna u otra forma, acabáis leyendo siempre lo mismo. Este reto literario os encaminará a encontrar nuevas lecturas, algunas que incluso pensabais que no tocaríais jamás.

Eso mismo me ha ocurrido a mí con mi primer libro para este reto literario, el del mes de enero, Las edades de Lulú de Almudena Grandes. Si alguien me hubiera dicho que empezaría este reto con esta novela, probablemente me hubiera reído en su cara. Y es que mi relación con Almudena Grandes no es, ni mucho menos, idílica.  No es porque tenga algo contra ella o que me caiga mal, es que, de primeras, no empezamos con muy buen pie. El corazón helado, primer y único libro que he leído de ella, me dejó precisamente… helada. Aunque reconozco que la novela me gustó en cuanto a contenido y forma, sorprendentemente, no llegó a engancharme… Se me hizo eterna, y la terminé muy a duras penas.

Por otro lado, Las edades de Lulú, contra todo pronóstico y a diferencia de gran parte del resto de los mortales, es un libro que nunca me ha llamado demasiado la atención. Aunque crecí en aquella época donde muchas personas lo leían (y veían la película) con una sensación que se movía entre lo morboso y lo sacrílego, no fue un libro que despertará en mí el interés de lo prohibido. Aún ahora, que en cuanto a literatura erótica tengo una especie de máster, tampoco me animaba mucho a leerlo: en mi mente, Las edades de Lulú se me antojaba un libro casposo, de la época del destape, más pensado para escandalizar y liberar que para otra cosa. En mi ignorancia, ni siquiera sabía que era de Almudena Grandes, mucho menos que había ganado muchos premios, e incluso pensaba que la película estaba protagonizada por Pajares y Esteso.

En fin, ¿quién iba pensar que Almudena Grandes (que yo, inconscientemente, siempre asocio al horror de la Guerra Civil y la posguerra) había escrito un libro erótico festivo? Así que, entre que una amiga me lo recomendó y entre que no encontraba un libro interesante escrito por una escritora española “seria” para el reto, terminé pillándolo de la estantería de mis padres, en una especie de post-lectura navideña un tanto bizarra.

Si os soy totalmente sincera, lo que en primer lugar me llamó la atención del libro, cuando empecé a leerlo, fue que enganchaba. Un montón, además. Yo tenía en mente El corazón helado y lo que sufrí leyéndolo, y además venía de desangrarme con la gran decepción que supuso la segunda parte de Tú y yo.  Así que encontrarme completamente enganchada a Las edades de Lulú, me descolocó bastante.

El libro en sí me descolocó. Aunque esperaba encontrar un libro pensado, en gran parte, para escandalizar, literatura érotica donde la narración está ahí por y para el sexo, hallé un libro oscuro, difícil de digerir, repleto de referencias y significados, que iban más allá de lo evidente.

En líneas bastante generales, me recordó a La historia de O de Pauline Réage: ambas obras de reconocido prestigio en el género erótico que, aunque tienen un marcado carácter sexual, no se quedan simplemente en eso. El lado erótico es una especie de excusa (con bastante peso, tampoco vamos a negarlo) para tratar otros temas de más relieve, aunque tratados con una mayor sutileza, que, además, están basados en gran medida en la psique femenina.

Del mismo modo que la de Réage trataba el tema de la sumisión femenina, Las edades de Lulú es un retrato de la mujer, del paso de la infancia a la madurez, que, además, aporta una visión de la sociedad bastante singular, donde los roles se confunden, y donde la “normalidad” es algo que se encuentra en lo que muchos consideran “anormalidad”.

Contra todo pronóstico el libro no me ha escandalizado en el plano sexual — a estas alturas de la película, poco puede ya sorprenderme —, lo que no quita que la autora me haya parecido muy valiente escribiendo una novela de estas características en el tiempo en que la escribió. Sí me ha escandalizado en el plano personal: me ha parecido oscura, cruel y un pelín triste. En muchas ocasiones, desagradable.

En el prólogo de la edición que he leído, la propia autora comentaba que la literatura no está ahí para darnos respuestas, sino para aportarnos preguntas, para darnos cosas sobre las que pensar. Las edades de Lulú es un libro que incide precisamente en esto, y desde luego invita a la reflexión. Como la autora argumentaba en el prólogo, la novela no va solo sobre la historia de una treintañera con gustos sexuales bastante singulares. Aunque esto último llama muchísimo la atención, la importancia no está en ello, por lo menos, una vez que pasas la impresión inicial… Luego te preguntas: ¿por qué es así? ¿de dónde viene esta mujer? Preguntas que serán respondidas en menor o mayor medida a la hora que va avanzando el libro.

Si os animáis a leerlo (os lo recomiendo), tened en cuenta que detrás de la portada no hallaréis un libro frívolo, romántico o sexy. Tampoco lo leáis como si fuera un deber en la vida, o con el morbo disfrazado de curiosidad. Intentad tener la mente abierta y centrada en las preguntas que os despierten Las edades de Lulú, no en las respuestas.