Ahora que están tan de moda las cadenas, las fustas y los látigos, Historia de O es un libro que toda jovencita (o toda mujer que se precie) debería leer. Y es que, en estos momentos, parece que las más recatadas se mueren por tener a un Christian Grey en su vida, que las ate, que las pegue y que, por otra parte, llevándolas al límite, les proporcione miles de orgasmos.

Antes de Cincuenta sombras de Grey, cualquier mujer que escuchara hablar de BDSM reaccionaba como si le estuvieran enseñando un cucurucho lleno de defecaciones. Eso en el caso de que conociera el término. Ahora, como os comento, las mismas que hubieran vomitado ante el asunto quieren redecorar el cuarto de invitados en plan mazmorra. No tenemos término medio, y, al igual que antes el desconocimiento era brutal, las relaciones de Dominación y Sumisión tampoco son tan light como las pintan. No es que sean peores o mejores, buenas o malas. El abanico es muy amplio, y hay de todo. Por eso, Historia de O es un buen libro para poner a toda esa chiquillada con los pies en la tierra. Un pequeño azote (o mejor, un correazo en toda regla) en las nalgas de todas las mujeres que viven húmedas pensando en gozar con un poquito de dolor.

Así que comencemos…

En 1954, una tal Anne Declos, bajo el pseudónimo de Pauline Réage, publicó Historia de O, un libro que trata sobre el amor, la dominación y la sumisión. Solo hasta que transcurrieron más de 40 años, Declos admitió ser la autora del libro, y fue para admitir que la novela la constituían una serie de cartas que la susodicha enviaba a su amante, Jean Paulhan, para recalentarlo un poco. Por lo visto, el tal Paulhan se pirraba por los escritos del Marqué de Sade…

Como comprenderéis, por la misma temática del asunto, la novela tomó gran popularidad, aunque se leía clandestinamente. De hecho, a día de hoy, es uno de los grandes hitos de la litera BDSM y de la literatura erótica en general. Años después, se llevó con bastante acierto a la gran pantalla, siendo, asimismo, un estandarte en cuanto a lo que al cine erótico se refiere.

Pero… ¿de qué va el libro?, preguntaréis. Pues bien, se narra la historia de la bella O que, para cumplir las exigencias de su amante, consiente en adiestrarse como sumisa y esclava sexual. En general, es un relato bastante truculento, pero dejando aparte el nivel de perturbación de la chica, es ante todo una lectura bastante interesante, estimulante, morbosa a veces y muy muy oscura. Mientras lees Historia de O tienes la sensación de ser un auténtico voyeur, sorprendiéndote, con cierta morbosidad, del calvario (aceptado) al que se inflige a la chica. Réage presenta las situaciones de una manera tan natural, de la misma manera que la propia O las asume, que asusta, escandaliza… y hechiza.

A diferencia de las novelas que se encuentran, hoy en día, tan de moda, es posible que en toda la historia la protagonista no tenga ni un orgasmo, aunque las situaciones sexuales están presentes en cada momento. Ante todo, O es un objeto, que se presta, que se usa, y del que se disfruta con su dolor. Los azotes, las fustigaciones, son habituales, e infligidas con tal naturalidad que asusta. El propio nombre de la chica, O, no es sólo muestra de su insignificancia y su vacío, es representación gráfica de la existencia de la mujer como mero agujero donde ejercer las degradaciones más depravadas.

Del mismo modo, la manera de narrar de Réage es un punto a favor. La naturalidad, como os digo, con la que trata temas tan sórdidos y oscuros, como si fuera la mismísima Jane Austen, es pasmosa. Aunque os comenté que todo surgía de cierta correspondencia subida de tono con su amante, estos escritos no tienen carácter epistolar, y, aunque muchos huiréis de leer novelas concebidas en el siglo pasado, si os atrevéis, descubriréis una novela trepidante, fácil de leer, que te atrapa y que, desde luego, no te deja indiferente.

Los textos de Historia de O parecen sacados de un sueño o más bien de una pesadilla. La acción comienza in media res. Nunca sabremos cómo O llegó a aceptar lo que su amante le proponía, qué ocurrió antes de su adiestramiento. Del mismo modo que tampoco sabremos cómo acaba la historia. En pocas líneas (menos de 100 palabras) el editor nos comenta la omisión deliberada del final de la novela, y, al igual que el comienzo de la historia en el que se ofrecen dos versiones diferentes de cómo empezó todo, se proponen dos finales alternativos a cada cual más sórdido.

Al contrario de otros casos, la “carencia” de final no es contraproducente. Influye positivamente en la apreciación final del libro, ya que ahonda en el mito, en la leyenda, en el horror… y en el morbo. El hecho de que no lo haya hace todo más prohibido, oscuro e, incluso, esotérico.

En fin…Mensaje para las princesitas del sado: en este libro no encontraréis a Christian Grey, chicas. Mensaje para los seres curiosos: ¡Tenéis que leerlo!