El bosque sabe tu nombre

A finales de los años veinte del siglo pasado, Estrella y su hermana gemela, Alma, llevan una vida privilegiada como hijas de los marqueses de Zuloaga, propietarios de una casa solariega y una mina de hierro en un pequeño pueblo suspendido sobre el Cantábrico. Crecen rodeadas de fiestas y lujos, pero también marcadas por un poderoso misterio. Porque Estrella y Alma no son como las otras niñas: herederas de un extraño don que pasa de generación en generación entre las mujeres de su familia, viven a la sombra de una maldición según la cual una de las dos morirá antes de cumplir los quince años. Así arranca esta historia llena de magia y pasión, que nos lleva por medio mundo tras los pasos de su protagonista, una mujer inolvidable que no dudará en hacer todo lo necesario, sin miedo al peligro ni a las convenciones sociales, por defender su tierra y el legado que lleva escrito en la sangre.

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Reseña

Empecé a leer El bosque sabe tu nombre de Alaitz Leceaga con muchísimas ganas. Ya se que siempre os digo lo mismo al empezar las reseñas, pero, qué queréis, cuando me pongo con un libro lo hago porque pienso que me va a gustar. ¿Qué digo gustar? Pienso que me va a chiflar, aunque, en el mayor de los casos, ya sabéis que es otro el resultado. Y es que, como otros muchos que han pasado por mis manos, el debut literario de Alaitz Leceaga tenía elementos que podrían gustarme muy mucho. Un secreto oculto en lo más profundo del bosque. Una mansión azotada por las olas. Dos hermanas enfrentadas. Un linaje de mujeres con un don extraordinario. La verdad es que tenía un agradable olorcillo a novela gótica que me encandiló totalmente.

Además, estaba el pequeño detalle de la promoción. No sé si os ha pasado también, pero El bosque sabe tu nombre salía constantemente en mi muro de Facebook, en Twitter, en las reviews de Goodreads… Era imposible obviarlo. Las críticas, por su parte, eran super buenas (lagarto, lagarto), y, aunque me echaba un poco para atrás que el libro tuviera más de 600 páginas (apuesta fuerte para ser una primera novela), qué queréis que os diga… caí.

El inicio de El bosque sabe tu nombre me gustó mucho, ya que este se basa, precisamente, en todos los aspectos que se destacaban en la sinopsis: un par de gemelas, una abuela estrambótica que se suicida (no hago spoilers, que aparece al inicio del libro), el caserón, el bosque, España en los años 20… En fin, lo que nos prometían. Me recordaba un poquito a series de televisión como La Señora, donde gente adinerada se mezclaba con gente de poco recursos, junto a algo parecido vagamente al realismo mágico (muy vagamente, ¿eh?). Así que no os engaño cuando os digo que el principio realmente prometía.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que todo empezó a chirriar…

Lo primero que me escamó fue lo terriblemente lento que avanzaba todo. Por el tipo de historia que se narraba, la novela necesitaba acción como el comer, en cambio, todo se ralentizaba muchísimo, principalmente, por los diálogos, que le daban treinta mil vueltas a ciertos asuntos sin venir a cuento. En contraposición a estas conversaciones rumiadas hasta el ostracismo, se encontraba la propia trama, donde había una serie de elipsis temporales que te dejaban con las patas colgado, y donde se daban por hecho asuntos de los que no teníamos conocimiento (por lo menos yo). Y esos asuntos no es que fueran de estar por casa, sino que eran datos realmente importantes. Al principio pensaba que era una modernez, luego me empecé a percatar de que no…

Hace algunos meses, mi novio, que estaba haciendo un curso de cine, me habló sobre la diferencia entre casualidad y causalidad. Dos términos que, aunque parezcan lo mismo, no lo son en absoluto. En la diferencia entre uno y otro, reside un concepto que suelo utilizar mucho aquí en el blog, pero que yo, que no he estudiado cine (todavía), siempre lo he llamado de una forma un poco más mundana (pero más chula): sacarse conejos de la chistera. Por ejemplo, los que se sacaba Caroline March en su saga Búscame en tus sueños

¿Y por qué os cuento este rollo? Bueno, desde hace un tiempo quiero hablaros un poco sobre el tema, y creo que El bosque sabe tu nombre es una novela idónea para explicar qué es “sacar un conejo de la chistera” o — pongámonos serios — la diferencia entre casualidad y causalidad.

Imaginemos una anciana que duerme plácidamente en su cama. Ahora, pongamos en escena a un ladrón que entra a robar a la casa. Registra todo. Luego, se dirige al dormitorio, donde duerme la señora, y, cuando está echándole un vistazo a la mesita de noche, la susodicha se despierta, saca un lápiz de debajo de la almohada y se lo clava al caco en la mismísima yugular, matándolo en el acto.

Todo esto, contado tal que así, parece una casualidad, ¿no? ¿Qué pinta un lápiz debajo de la almohada de una anciana? ¿No es un poco raro que una abueleta, en plena noche, con un pulso de pena y la fuerza de una hormiga, pueda asestar (¡con un lápiz!) un golpe tan letal? Sí, yo pienso igual que vosotros: se necesitan más explicaciones.

Está claro (o para algunos no tanto) que las casualidades existen y que el azar, a veces, puede inferir en la historia — dos personajes que se encuentran en el culo del mundo, el marido que descubre que su mujer le es infiel por una de esas del destino… —. Sin embargo, no solo no hay que abusar de ellas, sino que no podemos revestir de casualidad algo que no lo es. Por lo general, todo lo que acontece en la historia debe tener una causa, debe basarse, por tanto, en una relación de causalidad.

En el caso de la ancianita, la cosa cambiaría bastante si, mucho antes de que sucediera el encuentro con el ladrón, yo os hubiera comentado que la señora, hace 50 años, pasó mucho tiempo en un templo shaolin, por lo que era experta en artes marciales. Además, custodiaba, desde entonces, un artefacto igual de antiquísimo que secreto. Con esas dos pinceladas, y sin nada más, vosotros podríais inferir que evidentemente el ladrón lo que buscaba era el dichoso artefacto y que el lápiz era poco más que una extravagancia de la loable ancianita-shaolin: un arma cómoda, manejable, y letal en manos de una maestra del kung-fu.

¿Cómo os quedáis? ¿A que cambia la cosa? Pues ahí tenéis la diferencia entre casualidad y causalidad (o sacarse un conejo de la chistera y desarrollar la trama de manera coherente, si os gusta más así)

Causalidades mal explicadas o falsas casualidades hay a granel en El bosque tiene tu nombre de Alaitz Leceaga: ases bajo la manga, cartas marcadas, pequeñas trapichuelas para que todo quede cuadrado, en un precario castillo de naipes. Hay detalles importantes que, supuestamente, vieron la luz durante conversaciones increíblemente detalladas, pero que conocemos — increíblemente — varios capítulos más adelante. Otros que, con posterioridad, se dan por hechos, sin una referencia anterior totalmente necesaria. Por ejemplo:

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Sin embargo, las mayores incoherencias se dan en los propios personajes que cambian de opinión y de bando al son que marcan los propios intereses de la autora. Por supuesto, estos o son muy buenos o son muy malos. No hay medias tintas, siendo asombrosa la facilidad con la que cambian de bando. En plan: de un personaje anodino paso a ser la reencarnación del mal. Es el caso, por ejemplo, del cura del pueblo, que de ser una persona que ayuda a chavales a instruirse para no tener que entrar a trabaja en una mina, pasa a ser el mismísimo satanás. Que no digo yo que fuera así, pero no hubiera estado mal alguna pista, cuando se presentó al personaje, para que no parezca un dichoso conejo sacado de la chistera. Es todo un poco en plan: necesito que este personaje sea malo ahora, y me olvido de todo lo que he dicho con anterioridad sobre él. Conejo de la chistera, falta de causalidad, incoherencia.

En la misma línea está el caso de Tomás: un personaje tan veleta que, de ser una persona real, estaría recluido de por vida en un manicomio.

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Además de todo esto, que no es poco, está la propia concepción de la novela. Es más que evidente que la autora ha querido hacer una novela feminista, muy enfocada en la mujer y en su fuerza, y muy volcada, también, en la demonización de todo lo masculino. No seré yo la que niegue que las mujeres lo tenemos y lo hemos tenido crudo en un mundo de hombres, pero que en toda la novela solo haya UN personaje masculino bueno es pasarse un poco, ¿no? La protagonista es una especie de Escarlata O’Hara a lo vasco (de hecho, las semejanzas con la obra de Margaret Mitchell son notables), incomprendida, y bendecida con poderes que ni Superman…

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Maltratada injustamente por todos, se hace a sí misma, y pasa por encima de lo que sea y de quien sea por conseguir lo que quiere. La novela narra su periplo por varias localizaciones como el País Vasco, Inglaterra o la mismísima California. Su partener es una especie de Rhett Butler (mitad truán y mitad señor), de increíble parecido físico a Jamie Fraser, con el que mantiene una relación más de socios que de amantes. Da un poco la impresión de que a la autora se la trae totalmente al fresco historias de tipo amoroso o sexual (aunque se intuye que algo hay), en pos de la independencia femenina. Da la sensación de que se considera una manera de sumisión o de debilidad enamorarse de un hombre, quitándosele importancia a momentos tan decisivos como la primera vez o el nacimiento de un hijo. Estrella de Zuolaga es una mujer fría y práctica que no se para en aspectos tan frívolos como su corazón, solo en la supervivencia.

Lo realmente curioso es que, al final, todo este feminismo de postureo se viene abajo cuando te enfrentas a una protagonista que no prospera en la vida por su inteligencia, su bondad o su sapiencia, sino por su belleza, su estilo y sus poderes sobrenaturales. ¿Qué tiene eso de feminista? Por lo menos Escarlata O’Hara sacó adelante su aserradero con un par de buenos ovarios, no dando cenas y luciendo palmito… Así que ni por ahí. Un completo despropósito.

Si os digo la verdad, me ha parecido un libro sin pies ni cabeza. Mientras leía sus más de 600 páginas, solo podía pensar: ¿pero qué me estás contando? Bien es cierto que este tipo incoherencias se dan en muchísimas novelas, sobre todo en las primeras de un autor o autora. Sin embargo, me sorprende que se le esté dando tantísimo bombo a una novela así, y, por supuesto, que se esté ganando unas críticas tan favorables. Una vez más, ¿seré la oveja negra del rebaño?

En cualquier caso, no es todo negativo. Creo que Alaitz Leceaga escribe bien, y que no hay que perder de vista que es su primera novela. Además, El bosque sabe tu nombre es un libro que engancha. De hecho, esto, y el trato que da a la guerra civil (o más bien a la postguerra), es lo único que me ha motivado a acabar el libro, aunque confieso que he estado a punto de claudicar muchísimas veces. Y es que viendo los derroteros que tomaba la autora, estaba totalmente segura que pasaría d de puntillas por una época (la postguerra) tan triste de nuestra historia. Sorprendentemente, no fue así, y aunque sigue con sus rocambolescas historias de buenos buenísimos y malos malísimos, lo cierto que es que se implica. Lo justo y suficiente, y lo necesario.

Así que, si os animáis a leer El bosque sabe tu nombre, por favor, compartid vuestra opinión conmigo. ¿Solo no me ha gustado a mí?

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)