Como suele ocurrirme más veces de las que me gustaría, cuando empecé a leer La maldición del ganador de Marie Rutkoski, la primera parte de la Trilogía del ganador, no sabía muy bien en lo que me metía. A ver, estoy un poco loca, a veces tengo la inteligencia de una babosa, pero suelo leer las sinopsis de todo lo que leo. Sin embargo, tal como lo hago y me bajo el primer capítulo al Kindle, se me olvidan y, cuando finalmente paso a la acción, ya no tengo ni idea de lo que estoy leyendo y por qué pensé que me podría llegar a gustar. Así que, como os digo, cuando empecé con el libro, reconozco que esperaba encontrar otro tipo de historia…

Veréis, desde hace algunos días, vivo un poco obsesionada con David Gandy, ese potentorro y machote modelo, que muchas conoceréis por su bañador-tipo-slip-blanco en un conocido anuncio de Dolce & Gabbana, y al que yo suelo utilizar para poner cara a muchos de mis chulazos favoritos. David y yo ya nos conocíamos desde hace tiempo, sin embargo, reconozco que no había visto una serie de fotografías muy suyas en pelotilla picada, que no sabéis de qué forma inspiran mi vida. Reconozco que ahí empezó todo; ahí empecé con el libro. Y que si La maldición del ganador; y que si Gandy en esas fotos desnudisimo es un ganador total; ganador total, por lo menos, de mi corazón y de mis sueños más secretos… ¿Me seguís? Cuento con que no.

En fin, sin saber por qué me interesé en su día el dichoso libro, y con todo esto que os he contado, yo esperaba encontrar una novela para adultos, tipo el Affaire Blackstone o  similar. Algo oscuro y perverso, con un tiarraco como protagonista al estilo David Gandy que arrasara con todo y todas. Cuando, en cambio, me encontré con que la novela de Marie Rutkoski era una fantasía distópica juvenil, para qué negarlo, me sentí un poco decepcionada… Un poco o mucho…

Además, desde que terminé con Mi isla de Elísabet Benavent, ando un tanto exigente en lo que concierne a nuevas lecturas. Reconozco que, antes de comenzar con La maldición del ganador, ya había empezado, o dejado a medias, otras novelas porque no llegaban ni a engancharme ni a ilusionarme mínimamente. Después de la última novela de Benavent, todo lo que leo me resulta plano y vacío y, aunque La maldición del ganador tampoco ha supuesto para mi una gran novedad al respecto, he de reconocer que es el único que he logrado terminar. Eso es lo que ocurre con los libros que me gustan tanto… Arrasan con todo…

En fin, volviendo a la novela, en esta primera entrega de la Trilogía del ganador nos encontramos ante una nueva fantasía distópica con buenos y malos, chicos que parecen mayores de lo que son aunque no se comportan como tal, mucha acción y aventura. Como el resto de novelas de este tipo, además de hacernos pasar un buen rato, tiene una faceta evangelizadora, que es lo que siempre me ha gustado de estas lecturas. Como siempre os digo, son el tipo de novelas que me hubiera gustado leer con menos edad y poder disfrutarlas el doble. Por un lado, para flipar en colores con la historia de amor adolescente de turno y, por otro, para empaparme de todos esos buenos principios que se esconden en el trasfondo.

La trilogía de Marie Rutkoski nos muestra a un pueblo oprimido por otro, este último menos avanzado intelectualmente pero más fuerte en cuestiones bélicas. Nos habla sobre la esclavitud, sobre ponernos en el lugar del otro, sobre la devastación de la guerra… Aquí, contado por mi, con más o menos gracia, parecen temas importantes y potentes que llenarían de hondas connotaciones a cualquier novela que se precie. Sin embargo, aunque los principios sobre los que se alza la historia están bastante bien — de hecho están muy en boga —, desde mi punto de vista, Marie Rutkoski no sabe sacarles demasiado partido. A ver, es una novela para adolescentes o personas muy jóvenes, pero necesariamente estas no tienen por qué ser estúpidas. Todo es demasiado sencillo, no se le saca nada de jugo al asunto y todo se vuelve un tanto frívolo. Siempre se tiene muy claro lo que está bien y lo que está mal, de manera que no se da lugar a la confrontación o la controversia; no te impulsa a pensar y lo que está bien por ti mismo, ya que todo se da tan mascadísimo que está casi triturado.

Aunque sabéis que me pirran las trilogías y que, por lo general, me da cierto coraje reseñar este tipo de historias sin haberlas terminado realmente, a estas alturas de la película he llegado a la conclusión de que no voy a gastar mi tiempo en continuar sagas que no me incitan a seguir leyendo. La maldición del ganador aunque ha sido una lectura aceptable, a diferencia de la mayoría de las sagas que leo, no me ha emocionado hasta el punto de querer seguir leyendo el resto de entregas. Es muy probable que esto se deba a la bajada de calidad que experimenta la novela en los capítulos finales, donde todo se desarrolla de manera un tanto caótica y casi a salto de mata. La verdad es que últimamente me encuentro con novelas que adolecen mucho de esto y, tengo la teoría de que se trata de libros que fueron concebidos para ser simplemente eso… un libro. No trilogías, sagas,…. No. Solo un libro. Y en ellos se nota perfectamente cuando se pasa de una narración, de mejor o peor calidad, pero coherente y cohesiva, a una improvisada y caótica. Ya sabéis, siempre se ganará más con tres libros que con uno.

En cualquier caso, si os animáis a terminarla, no me importa que me escribáis comentándome qué tal se desarrolló el resto de la historia. Yo me bajo del carro en este punto.