Como os he comentado en muchas ocasiones, soy un poco mojigata. Es decir, fui a un colegio de monjas, y lo cierto es que sacaba mis mejores notas en una asignatura muy importante llamada religión. Por eso, me escandalicé totalmente cuando leí Cincuenta sombras de Grey. No obstante, supongo que tendré mi punto guarrindongo, por que la verdad es que me fascinó. Yo nunca había leído un libro de ese estilo. No sólo no le encontraba ningún sentido a ese tipo de lectura, como no se lo veo a las películas porno, e incluso me resultaba un poco inmoral. Y, ahora, aquí me veis. Enganchada a esta nueva moda…

Volviendo a Grey, he de decir que, además del descubrimiento que supuso en mi vida lectora (y sexual), me encantó por el final del libro. A ver, no me refiero a que todo quedará genial, con la familia perfecta y el bueno de Grey totalmente reformado (y alicatado). Me refiero, a Las sombras de Christian. Ese capítulo final, maravilloso, que se marcó E.L. James. Su existencia me hizo comprender no sólo que la autora había leído mucha novela romántica y que había sido una-fan-más, sino que también había sufrido mucho con Edward Cullen. Supe con seguridad que se había leído los primeros capítulos de Sol de medianoche, que le había encantado la idea, y que se había sentido igual de frustrada que yo ante la idea de que no se publicaría por el momento (y quizás nunca).

A las no iniciadas os diré que Sol de medianoche fue la encantadora idea de Stephenie Meyer, hecha libro, de narrar la historia de Crepúsculo desde el punto de vista de Edward. De alguna manera, los primeros capítulos salieron a la luz. Meyer se cabreó (con razón) y pospuso el proyecto. Pero lo que pudimos leer fue maravilloso, por lo menos para mí. Conocer el punto de vista de Edward me hizo valorar mucho más al personaje, además de descubrir aspectos desconocidos de la historia. La narración en primera persona nos conecta íntimamente con el personaje, no obstante nos impide conocer profundamente otros detalles de la historia, y propuestas como las de Meyer enmiendan muy bien el asunto. Luego están los partidarios de la imaginación, de montarse uno mismo la historia, de los finales abiertos… yo soy fan del blanco y en botella, ¿qué le vamos a hacer?

En fin, supongo que os preguntaréis por qué me enrollo tanto con este asunto. La verdad es que, desde hace un rato, intento introduciros en los detalles que me han gustado de la trilogía (todavía no culminada) de Raine Miller: El Affaire Blackstone. Así que quedaros con la copla.

El Affaire Blackstone es una trilogía que sigue la estela de Cincuenta Sombras. Una más que se suma al carro, pensaréis. En la actualidad, sólo dos libros están publicados (tanto en inglés como en español). El tercero, en inglés, Sorpendida, se publicará en primavera. Hay ciertas diferencias con respecto a los libros de E.L. James, como es lógico. Aunque se pasan todo el día dándole al tema como conejos, no hay ningún tipo de alusión al BDSM, aunque, eso sí, psicológicamente los dos están podridos, él está increíblemente bueno y es muy controlador.

El primero de los libros, Desnuda, es más de lo mismo. Relatado desde el punto de vista de Brynne, la protagonista, resulta, a veces, incluso aburrido. No creo que sea culpa de Raine; particularmente, me gusta cómo escribe. Supongo que todo se debe a la saturación que tenemos respecto al asunto. Como os dije más de lo mismo…no esperéis nada nuevo.

Pero claro, luego empiezas el segundo libro y… ¡Oh la la! ¡Maravilloso!

¿Recordáis toda la historia del principio sobre Sol de medianoche? Pues, en Todo o nada, el segundo libro, ocurre algo parecido. La historia empieza a ser narrada desde el punto de vista de Ethan, el buenorro protagonista, y os puedo asegurar que es mucho más interesante que el de su amada Brynne. Y eso que nos adentramos en la psique de un hombre que no es que sea demasiado complejo. En su cerebro sólo existen tres cosas: fumar (después de leer el libro he estado apunto de ir a comprar unos Djarum con sabor a clavo, y eso que no fumo), darle al tema y proteger a su chica. Está un poco tocado del ala, ya que fue militar años atrás y no las tuvo todas con él, pero incluso éste es un detalle que me ha gustado.

En definitiva, tras leer Todo o nada, no sólo empiezas a valorar este affaire sino que te haces completamente fan de Ethan Blackstone, algo muy curioso en mis circunstancias. La verdad es que, después de leer la larga lista de libros erótico-festivos que han pasado por mis manos, no he llegado a tener especial aprecio por ninguno de los personajes masculinos que por ellos desfilaban. Todo el mundo, por la calle, no paraba de alabar a Christian Grey, dándole el Oscar Al Mejor Hombre Del Mundo. A mí, Grey, sobre todo, me daba pena… No era como mi Sheriff de la zona 5, o mi querido Sr. Darcy… No obstante, a Blackstone lo podríamos poner al nivel del letal (pero tierno) Jaime Lannister. ¡No está nada mal! Y, encima, si me pongo a fantasear con su acento inglés (algo que particularmente me vuelve loca), puedo no acabar esta reseña…

Conclusión, la aportación de Raine Miller al género me parece digna. Me gusta su forma de escribir, sobre todo en el segundo libro, me encanta la forma en que elabora al personaje. No esperéis mucho del primer libro; como os comenté, es más de lo mismo, pero creo que Todo o nada, el segundo, os cautivará (y enganchará). A mí solo me queda esperar la tercera parte -estoy harta de esperar- y ver cómo nos sorprende y acaba el asunto la Sra. Miller.

Por supuesto, Sorprendida es uno de los Libros más esperados del 2013.

Quiero leer: "El Affaire Blackstone" de Raine Miller -