Empecé a leer El mar de la tranquilidad de Katja Millay por las buenas críticas, la verdad. Que si era un libro único, que si los personajes eran diferentes, que si era una historia muy dulce y emotiva. Ya sabéis que mis opiniones, la mayor parte de las veces, difieren bastante de las del resto del personal. De hecho, este blog se ha convertido en una especie de remanso de compresión para personas que leen libros y cuya opinión acerca de estos no coincide con la de la mayoría… ¡Dios bendiga a los diferentes!

No sé si os habéis dado cuento que, hoy en día, encontrar una mala crítica de un libro es bastante difícil. Cualquier libro que se precie, tiene en Amazon o en Goodreads una legión de admiradores que lo exaltan hasta el paroxismo. Eso sí, la mayoría de estas críticas son bastante estándar. De hecho, muchas veces pienso que podrían valer para cualquier libro. Por lo tanto, hoy en día, como os digo, que un libro tenga buenas referencias — a no ser que estas sean fiables — vale poco más que nada.

El caso es que, como buena rarita — o diferente, como queráis —, como era de esperar, tampoco me ha dislocado El mar de la tranquilidad. Vamos, que no está mal, pero tampoco es para tirar cohetes. En definitiva, un libro más.

Quizás el problema haya sido que yo venía de leer Te esperaré de J. Lynn; un libro del estilo, con protagonista víctima de agresiones sexuales incluida. En el caso de El mar de la tranquilidad, además, el protagonista también tiene detrás una vida difícil y cuanto menos traumática. Si bien es cierto que el enfoque de la autora es un poquitín más original, ambos libros son del mismo corte: ambos tienen esa visión fatalista y melodramática que parece que actualmente está tan de moda. Sin olvidarnos del asunto de los abusos sexuales que, últimamente, parece que es la gallina de los huevos de oro en esto de la new adult. No me molan estas novelas. Me resultan demasiado agrias y sordidas, qué queréis que os diga. Así que no van a tener conmigo demasiado éxito.

Otro problema que encontré es que quizás la novela Katja Millay me coja un poco mayor. Mientras que Te esperaré estaba encaminada a un público más adulto, El mar de la tranquilidad parece estarlo a lectores más jóvenes. Por ello, la tensión sexual es casi inexistente, el prota es dulce y sensible, pero tampoco es un cañón rompebragas, para entendernos. En definitiva, por edad, me queda todo un poco tierno; por temática, me parece más de lo mismo. Era imposible que encajara conmigo.

Lo único a tener en cuenta, y supongo que es el motivo por el que el libro esta causando tanto furor,  es que la historia en sí es bastante tierna y dulce. Los personajes se mueven con suavidad, se relacionan entre ellos como si no existiera la gravedad; flotan, fluyen, se enamoran, sobreviven. Sin embargo, esto sería algo reseñable para mi si no hubiera leído este tipo de historia — y de mejor calidad — cientos de veces. De hecho, os aconsejo mil veces más esta.

A veces, es cuestión de leer más…