Todas las canciones de amor que suenan en la radio
Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio #1

Cuando una huelga de metro hace que Maddie Parker llegue tarde a su entrevista de trabajo, no imagina cuántas cosas están a punto de cambiar. Entre ellas, conoce al atractivo, arrogante y exigente Ryan Riley, un empresario de éxito que le ofrece un empleo al que no podrá negarse. Ryan siempre ha controlado todos los aspectos de su vida, pero ahora se siente irresistiblemente atraído por la sexy, inocente e inteligente criatura que, rompiendo todas sus reglas, ha decidido contratar en su empresa. ¿Cuánto tiempo podrá contenerse? Bajo el increíble y sofisticado telón de fondo de la ciudad de Nueva York, Maddie y Ryan vivirán una intensa aventura de amor donde el odio, el deseo y el placer les conducen a una pasión desenfrenada.

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Todas las canciones de amor que aun suenan en la radio
Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio #2

Por fin Maddie ha tomado la decisión que su sentido común le pedía a gritos y ha dejado al sexy y arrogante Ryan Riley. Lejos de aceptar la decisión de Maddie, Ryan no dejará de provocarla una y otra vez para hacerle entender que tienen que estar juntos. Ella se resistirá, tratará de mantenerse alejada de él, pero Ryan le demostrará quién sigue teniendo el control.

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Todas las canciones de amor que siempre sonarán en la radio
Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio #3

Desde que conoció al excitante Ryan Riley, la vida de Maddie se ha vuelto explosiva. Junto a él ha disfrutado del amor más intenso que jamás hubiera imaginado, sin embargo, todo se ha complicado. Entre los padres de ambos, que no dejan de interponerse en su relación, la prensa, que está malmetiendo constantemente, y las intrigas empresariales, Maddie acaba replanteándose si debería casarse o no. Las calles de Manhattan serán testigos de este fi nal de cuento de hadas moderno con un príncipe salvaje y arrogante que te enamorará.

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Reseña

Hace mucho tiempo que dejé de leer erótica y, después de catar la Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio de Cristina Prada, me ha quedado bastante claro por qué dejé de hacerlo. Cuando a todas nos dio el boom de los libros guarretes (es decir, Cincuenta sombras de Grey y pseudo-copias) no recuerdo que me pareciera tan aburrido el tema; al contrario, era excitante. Ahora, todo lo relacionado con el chingar como conejos a lo largo y ancho del día, en posturas semi-exorcistas y hasta encima de la campana extractora, qué queréis que os diga, me recuerda a cuando veía Oliver y Benji de pequeña: todo es demasiado épico, intenso, irreal… ¿e interminable? (como el campo de la serie, de ahí el símil)

El caso es que todo esto que os cuento ya lo habréis experimentado en vuestras carnes más de una vez. No conozco a nadie que, a estas alturas de la película, pueda meterse entre pecho y espalda unas cuantas trilogías de estas seguidas (¡y si hay alguien que levante la mano, por favor!). ¡Son infumables! Sin embargo y desde luego, no seré yo quién censure la lectura de este tipo de novelas, ojo. De hecho, las aconsejo más que a las de autoayuda. Los libros erótico-festivos, en muchas parejas, han ayudado más que Jorge Bucay, Paulo Coelho y Elena Francis juntos. ¡Pues, claro! ¡Se nos dispara la libido! Y eso nunca viene del todo mal, ¿verdad?

Cuando leemos libros eróticos, sabemos, en líneas generales, a lo que nos vamos enfrentar. Más o menos creatividad, más o menos resistencia, más o menos brusquedad, más o menos perversión, pero lo que esperamos es una historia romanticona salpicada de cientos de polvos maratonianos a cada cual más épico (e inalcanzable, para la mayor parte de las mortales). Partiendo de aquí, se empieza a valorar, y algunas historias pasan el corte, otras se quedan en más de lo mismo, y la mayoría cae en el agujero de la infamia… Y esta trilogía de Cristina Prada, desde casi el principio, se metió en él e hizo poco por salir.

No, no me ha gustado, a pesar de que tenía puestas muchas esperanzas en esta autora andaluza.

Para empezar, por la propia construcción de las novelas: ¿Por qué hacer una trilogía para una historia que, a duras penas, da para un libro? ¡Madre mía! ¿Qué tiene de malo escribir UN libro? ¿Trae mala suerte? Si todo se desarrollara en una única novela, no tendríamos que dormitar con los tropecientos polvazos que echan los protagonistas al cabo del día. De verdad, la Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio es de esas en las que, cuando ves que los protas se van a poner dale-que-te-pego-a-asunto, vuelves los ojos del revés, suspiras, y empiezas a pasar páginas a todo trapo. ¡Cansa! ¡Mucho! Y que en una trilogía erótica llegue a hastiarte lo que, supuestamente, es su razón de ser, no creo que sea lo más idóneo, ¿verdad? Aunque en el tercero de los libros, Todas las canciones que siempre sonarán en la radio, parece que la relación entre realidad y olimpo del sexo es más o menos adecuada, en el resto de las novelas hay más cama que trama… Y todo de una manera tan machacante que incluso le he rezado al dios de las elipsis para que acabara con tanto folletingueo y con mi vida. En fin, que hay mucha paja (nunca mejor dicho); todo se hubiera resuelto mucho mejor en menos entregas.

Sin embargo, el ratio historia/sexo no es, ni de lejos, lo peor de la esta trilogía. Al fin y al cabo, es una trilogía erótica… Deben existir este tipo de escenas. El que a mi me parezcan demasiadas supongo que es, como todo, una apreciación personal. En cambio, lo que más me ha disgustado son los protagonistas y la historia tan rancia y machista que los envuelve. A ver, no me he caído de un guindo, sé de sobra que la mayoría de estas novelas se desarrolla en una especie de relación sumisión/dominación, y no me refiero solo a las que tratan temas BDSM. En todos los libros de este estilo que he leído, el hombre adopta un papel dominante tanto dentro como fuera de la cama. La chica suele ser sumisa no, lo siguiente, y, en la mayoría de los casos, suelen trascender gracias al amor y llevarse todo el guarreo y los juegos de dominancia/sumisión al plano meramente sexual. Ellos, por lo general, suelen ser insufriblemente machistas, y la mayoría de nosotras no los aguantaríamos ni un minuto en la vida real, pero el sexo se les suele dar de miedo y, básicamente, si son un poco dominantes, es porque adoran a la chica y porque tienen algún tipo de trauma que, con total probabilidad, ésta sanará con su amor. Con esto quiero decir que, aunque en este tipo de novelas el hombre suele ser machista y dominante, en la mayor parte de los casos esto se ve como algo malo, que se termina superando o cambiando, o, por lo menos, como parte de un juego entre amantes. No se legitima el machismo…Se corrige, se supera, se evoluciona.

En cambio, en la novelas de Cristina Prada, no he tenido la sensación de que se supere nada; de ahí mi desazón. Ryan Riley, el prota de la Trilogía Todas las canciones de amor que suenan en la radio, es increíblemente dominante y machista. No en el sentido ponte mejor debajo y yo arriba, no, en el sentido de si no me da la gana no sales de la casa, o hablo con tu jefe para que te eche del trabajo porque no quiero que trabajes con él, o en plan te quito todo el dinero del banco para que tengas que pagar las cosas con MI dinero. Un colgado, vamos. Una espera que la chica se rebele ante estas cosas y que no sucumba. En cambio, esta, aunque se revuelve un poco, pasa por el aro simplemente porque el susodicho huele bien, folla bien y es muy guapo. ¿Perdona? Para más inri, cuando acude a sus amigas para comentarle cómo le va con el noviete, todas coinciden en que el chico es así y ojalá les pasara a ellas… ¿Perdona? Y no estoy hablando de una relación amo/sumisa… Estoy hablando de una relación tío machista y tía borderline.

En un momento determinado, él le pide que abandone un trabajo buenísimo simplemente porque el que es su jefe hace algún tiempo le tiró los trastos de la manera más inocente que se puede llegar a pensar. A ella, claro, le parece mal, no tiene por qué renunciar a un empleo porque él se lo diga. Va a la mejor amiga y se lo cuenta. Una espera, por supuesto, que la otra se convierta en un trol de las cavernas tras escuchar tremenda barbaridad… pero no… La contestación es:

Siendo sinceras, yo tampoco querría que Bentley (el novio de la amiga) trabajara para alguien que le ha tirado los trastos

WTF??? ¡En qué mundo vivimos! ¡Madre mía! En el mundo real, la amiga le hubiera dicho tira millas y no mires atrás. Yo le hubiera aconsejado que, además, le echara un bote de gasolina por encima y le prendiera fuego… ¿¡Quién quiere un tío así para una amiga!? Por muy buenorro y fucker que sea… ¡Estamos locas! Con todo el tiempo que llevamos luchando para erradicar de la faz de la tierra a este tipo de especímenes… ¡Anda, por favor!

Lo peor de todo es que uno de los mejores aspectos de la novela son las amigas de las protagonista. Dejando aparte estos momentos extraños, machistas y horrorosos, las conversaciones que mantienen entre ellas suelen ser muy divertidas. Supongo que a Cristina Prada no le vendría mal tocar otros palos, como la chick-lit, puesto que el girl power que a veces destila esta novela es, según mi punto de vista, lo más destacable. Eso sí, en lo concerniente a las amigas y su buen rollo. En relación con la erótica, creo que me bajo del tren justo aquí. ¡Nunca más, Santo Tomás!

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)