Siendo totalmente sincera, he de reconocer que hace unas semanas me hubiera parecido realmente imposible que pudiera llegar a leer una trilogía como Cincuenta Sombras de E.L. James. ¿El motivo? ¡Los motivos!

En primer lugar, porque se anunciaba en radio. No sé si lo he comentado antes, pero es algo que me da cierta tirria. Todo lo que no sea publicidad de un libro en el punto de venta suele echarme para atrás. ¿Donde quedaron los típicos marcapáginas? ¿Se puede vender un libro por radio/televisión?

No obstante, quizás, la razón más importante de que no me hubieran llamado la atención es el hecho de que son libros de marcado carácter erótico ¿No es un poco extraño que se anuncie literatura erótica por la radio? – Es algo que, definitivamente, nunca me ha ido. Yo soy muy recatada, aunque no lo creáis. Para colmo, este libro se engloba dentro de una corriente denominada «Porn Mama». La expresión lo dice todo. Sólo puedes esperar algo muy muy cutre de una trilogía porno para amas de casa.

Aún así, a pesar de los obstáculos, la saga me empezó a interesar, y fue, más que nada, por las malas críticas que recibía a diestro y siniestro. Eso apesar de que los libros eran un éxito en cuanto a ventas. No voy a descubrir Ámerica, es decir, hay miles de libros horrendos que son menos que mierda y que, vendidos como caviar, parecen chocolate en la boca de inexpertos lectores. Sin embargo, en las reseñas que he leído sobre estos libros, las críticas son brutales y muy muy crueles. Hay auténtico odio en ellas. ¿Cómo es posible que tres libros estén en lo alto del top-5 de ventas y que, por otra parte, estén tan mal valorados? Puedes comprar el primer libro, leerlo y que no te guste. ¿Pero los tres libros son auténticos fenómenos de venta? ¿Qué esta pasando aquí?

Por un lado, están las lectoras que piensan que Cincuenta Sombras es una copia exagerada de la saga Crepúsculo. Hay auténticos tratados que conectan múltiples simetrías entre Edward Cullen y Christian Grey (el protagonista de Cincuenta Sombras), tan absurdos como los de los lunáticos que ven y escuchan, a la vez, la película de El Mago de Oz y el Dark Side of the Moon de Pink Floyd (¿o no son tan lunáticos?) Luego, están los que piensan que el personaje de Grey es exactamente igual al de Eric Northman de TrueBlood y de las novelas de Sookie Stackhouse y, por ende, al actor sueco Alexander Skarsgård, que lo interpreta en la pequeña pantalla. En definitiva, la peña se retuerce -literalmente- comparando, intentando vislumbrar,  quién es mejor, más guapo, mejor amante, etc… Y eso, por lo que parece, crea fricciones.

Lo único realmente cierto en esta historia es que E.L. James es una ama de casa londinense aficionada a la saga Crepúsculo y a la fanlit. Llegó a escribir algunos escritos, bajo pseudónimo, siguiendo el hilo de la saga de Stephenie Meyer y, según parece, de ellos nació Cincuenta Sombras. Y es que, por lo visto, la señora James harta (y la comprendo en lo más hondo de mi sexualidad) de la tremenda calentura de bragas que es la saga Crepúsculo (menos el último libro, ¡pero es tan malo que ni lo cuento!), intentó hacer algo parecido pero donde hubiera más chicha. Es decir, donde hubiera sexo. Creo que a la mujer se le fue un poco de las manos ya que montó una historia repleta de BDSM y perversión que seguro que superaba las expectativas de cualquiera. Evidentemente, todo esto, a las admiradoras de Meyer, les ha sentado como una patada en lo más hondo. En su susconciente, asociar a Edward Cullen con técnicas sado es demasiado (ups! pareado!). Para mí también, lo admito.

Pero vayamos por partes. Cincuenta Sombras es una trilogía compuesta por los siguientes libros: Cincuenta Sombras de Grey, Cincuenta Sombras más Oscuras y Cincuenta Sombras de Liberación. La protagonista es Anastasia Steele, una chica ingenua e inocente que se enamora perdidamente de Christian Grey, un alto ejecutivo joven y guapo aficionado al BDSM. También, esconde un oscuro pasado. A lo largo de los tres libros, su relación va pasando  por una serie de estadios en los que la chica intenta salvar a su chico. De ahí, los títulos.

¿Una copia de Crepúsculo? A mi modo de ver no. Bien es cierto que hay una chica ingenua y un chico que oculta algo -en principio malo- pero creo que así empiezan la mayor parte de los libros que he leído. El personaje masculino no tiene nada que ver ni con Eric Northman ni mucho menos con Edward Cullen. Por favor, ¡le va el sado! Edward Cullen no se bajó los pantalones hasta el cuarto libro y, aunque el sheriff de TrueBlood siempre los lleva bajados (gracias a Dios!) no es para nada tan oscuro. Además, Christian Grey no es ni vampiro. Por culpa de las reseñas que leí y de las críticas, me pasé muchos capítulos esperando que Grey pegara su primer mordisco (y eso que paseaba bajo el sol sin echar chiribitas ni abrasarse) Además, yo me enamore de Northman y de Cullen, y de Grey no! (No way!)

No obstante, en favor de las seguidoras-de-crepúsculo-que-odian-cincuenta-sombras he de decir que el primer libro, en cuanto a estructura, se parece mucho al primero de Meyer. El orden de acontecimientos, aunque van en otra línea, se parecen muchísimo, hay personajes que funcionan igual en una que en otra saga. Pero, en mi opinión, no es un calco vergonzoso. Es un libro que está hecho a partir de unos mimbres, cuanto menos exitosos, pero poco más. Yo siempre me he considerado muy admiradora de la saga Crepúsculo (sobre todo, cuando no había películas) y no me he sentido ofendida.

En otro orden de cosas, muchos dicen que son libros que están muy mal escritos. No puedo precisar porque no lo he leído en su lengua original, no obstante tengo la sensación de que la traducción deja mucho que desear. Eso o la señora James tiene muy poco vocabulario, y la traductora sólo se ha dedicado a traducir. Las expresiones son siempre las mismas, el estilo es muy simple y repetitivo. Son libros muy estereotipados, sobre todo, en lo que se refiere a las descripciones. Si describe un bar, describe el típico bar, si describe un puerto, el típico puerto. No entiendo dónde está, en estos casos, la desbordante imaginación que James despliega cuando narra los encuentros sexuales de sus protagonistas.

En este sentido, he de confesar que cuando dicen que es una novela erótica lo dicen de verdad. El primer libro es inminentemente sexual. El resto, aunque nunca abandona para nada esta actividad (creo que los protagonistas realmente son conejos), ahonda más en la relación de pareja y en los sentimientos. Además, está todo ese rollo del BDSM que presumo que, dentro de lo que cabe, es bastante light.

Aunque muchos tachan a esta saga de literatura-erótica-para adolescentes, no son libros que mi prima de 15 años, que sin duda ha leído los de Meyer, debería leer. Además, son libros con mucha carga machista que sólo una cabecita más o menos madura debería conocer. No es por el asunto del sado. Desde mi punto de vista, siempre que las personas estén en su sano juicio y accedan libremente, debajo de una sábana o en una mazmorra se puede hacer lo que se quiera. De hecho, no comparto para nada el enfoque que se le da a las relaciones BDSM por parte de la autora, en el sentido en que se asocia este tipo de prácticas con problemas psicológicos. Supongo que hay gente para todo, y sinceramente creo que no conozco a ninguna mujer que pusiera muchas pegas a que le hicieran lo que se le hace a la protagonista en estos libros.

Aún así, la saga, en ciertos aspectos (por no decir en la mayoría), es tremendamente machista. El hombre posesivo, la mujer confinada, ese «tú eres mía» y la respuesta femenina de «él es así, es su forma de quererme», es algo que apesta muchísimo ya que tira por tierra años y años de lucha e independencia. No obstante, hay que verlo todo con perspectiva. ¡Señoras y Señoras, ésto no en Joyce, ni Austen! No hay que darle vueltas al asunto. Que están mal escrito, que son machistas, que son, en algunos aspectos, imposibles de asumir… ¡Sí! Pero a mí me han gustado mucho y he disfrutado mucho con ellos. Lo sigo abiertamente, aunque parece que está mal visto reconocerlo.

Los libros son simples, es verdad, básicos, instintivos… No podrás dedicarte a filosofar sobre ellos con una copa de vino en la mano, vale. ¡Pero entretienen! Y aunque James hace mal muchas cosas (las que he expuesto anteriormente), hay que elogiar la vuelta de tuerca que le da al género.

En primer lugar, porque va directamente al grano. He leído sagas en las que te morías porque llegara algún momento romántico, que el escritor o escritora parecía que se tomaba como una cuestión de honor postergar lo máximo posible. Una sensación muy desagradable que te ahorras en Cincuenta Sombras. El libro va de amor y de sexo, punto y pelota. Sí, hay tramas secundarias que se siguen con cierta atención pero con un peso específico. James las pasa por alto, dándole la importancia que para un lector como yo tienen: historias para pasar página, relleno, contexto,… No hay que detenerse nada ello. Y eso se agradece.

Es algo así como, quieres leche, pues toma dos tazas, pero sólo tendrás leche que, al fin y al cabo, era lo que querías.

Y por último, lo más importante es que es una saga que acaba bien, y eso, a estas alturas de la película, es algo que se agradece. Así que os animos a que os quitéis de encima prejuicios, que actuéis con mente abierta para pasar un buen rato. Si finalmente caéis en su seducción, probablemente pasaréis muy buenas horas de entretenida, excitante y absorbente lectura.