El manantial

Quince años después de la Noche del Desastre, sólo quedan las ratas y la apuesta por la supervivencia (stop). La Enfermedad ha resultado peor que el mismísimo Diluvio bíblico (stop). Los vivos bastante tienen con conservar el pellejo (stop). En un instituto medio abandonado en mitad de una ciudad fantasma sobreviven Abel y Verona (stop). Eran unos críos cuando sucedió el Desastre (stop). Quince años después se han convertido en dos verdaderos hijos de puta (stop).

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Reseña

Faltaría totalmente a la verdad si no dijera que empecé a leer El manantial de Alejandro Castroguer por morbo. Me sorprendieron las críticas, positivas, en las que se alertaba sobre la crudeza y violencia de la novela; y más me pasmó, aún, que se advirtiera de ello en la propia sinopsis del libro o en la propia portada, como si fuera un disco de Eminem.

Advertencia: Si eres sensible o impresionable, deja que sean otros los que lean por ti esta novela.

Como ya os he comentado en otras reseñas, yo suelo hacer oídos sordos a todo este tipo de marketing velado, sin embargo, en este caso, tanta advertencia despertó en mí la curiosidad, el morbo… No en el sentido pretendido por el autor y sus publicistas, la verdad, sino por medio de una sana curiosidad que me hacía preguntarme repetidamente qué clase de libro será.

Después de leerlo, puedo resumir mi reseña en dos aspectos: Sí, El manantial de Alejandro Castroguer es un libro desagradable y, no, no me ha gustado para nada. Muchos pensaréis que ambos aspectos están relacionados sin remedio. Un libro desagradable no puede llegar a gustar en la vida, porque lo desagradable no gusta. Pensaréis que me ha traumatizado, y que no tengo estómago para este tipo de novelas. Sin embargo, yo no lo digo en ese sentido.

No me ha gustado porque el autor, desde mi humilde punto de vista, no ha escrito una novela (en el sentido estricto de la palabra), ha escrito, simplemente, un libro desagradable. Ha escrito una novela para que el lector se escandalice, le de dentera y se santigüe, recurriendo, para ello, a todo lo políticamente incorrecto y morboso que hay en este mundo: incesto, parricidio, blasfemia, canibalismo…

Está todo ahí, y, además, puesto porque-sí. Es como si el autor se hubiera dicho a sí mismo: voy a escribir un libro con el que la gente lo va a flipar, que va a ser super fuerte, y, para ello, voy a coger todos los temas con los que la gente mira hacia otro lado, y los voy a poner ahí, nadie va a quedar indiferente, y la historia va a quedar totalmente a un lado, porque va ser realmente desagradable.

Hace varios años fui a ver una obra de La Fura dels Baus llamada XXX. Igual, si hubiera sabido de qué iba, no hubiera ido. Básicamente, se trataba de gente copulando encima de un escenario en todas las posturas, situaciones y combinaciones posibles, con conexiones en directo a la Sala Bagdad de Barcelona y a ciertos canales de internet relacionados con la zoofilia. Y aunque había carne y sexo explícito hasta en la sopa, además de ciertas situaciones que te hacían mirar para otro lado, me gustó, porque entendía el motivo por el que había tanto mete-y-saca.

En conjunto, la compañía catalana intentaba comunicarnos que, en el mayor de los casos, nos escandalizamos, nos llevamos las manos a la cabeza, con algo tan natural como el sexo y no lo hacemos ante otros aspectos de la vida mucho más preocupantes, como el hambre en el mundo o las maldades de la guerra (en el caso de aquella obra). Otro ejemplo, y ya en la literatura, puede ser la controvertida Historia de O de Pauline Réage. Un libro muy crudo que llegas a adorar y a odiar por partes iguales. Es oscuro y depravado, pero todo ello tiene cierto sentido; de tal manera, que termina hechizándote.

En el caso de El manantial, no alcanzo a ver más motivo para tanta oda al caos que el de escandalizar lo máximo posible al lector. Se supone que es una novela de zombis; aunque los muertos vivientes aparecen poco en escena. Puedo llegar a entender que el autor pretende hacernos ver las consecuencias de una crianza en un escenario apocalíptico y limitado. A decir verdad, es uno de los puntos que más destaco de la novela. No deja de ser sorprendente que los protagonistas de la historia, que solo conocen un mundo atestado de zombis, no sepan el significado de la palabra cañaveral o lo que es un paraguas, simple y llanamente porque no lo han conocido. Es un aspecto realmente interesante. Sin embargo, no veo factible que tamaña historia de degeneración se desarrolle de manera natural a partir de estas circunstancias.  Hasta el lenguaje que se utiliza en la narración (no en los diálogos, en la propia narración) tan soez está totalmente fuera de lugar.

No estoy en contra de las novelas políticamente incorrectas, y, sinceramente, no me siento escandalizada porque una señorita se introduzca un crucifijo en la vagina, aunque supongo -y el autor también lo sabe- que muchas personas se rasgarán las vestiduras ante tamaña blasfemia. Por otro lado, hay gente que aplaudirá la valentía de Castroguer por tratar este tipo de temas y hacer una novela tan transgresora. Personalmente, me parece un intento muy burdo de llamar la atención con artimañas facilonas. Quizás, si no se le hubiera ido la mano, estaríamos hablando de otra novela totalmente diferente, con otro tipo de calificación.

 

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)