Un robot en mi jardín

¿Qué harías si te encontraras a un robot en el jardín de tu casa? Esto es lo que se pregunta Ben después de que Tang aparezca de repente en su jardín. Y no porque sea un tipo dado a preocuparse demasiado: a pesar de haber cumplido ya los treinta y de la desesperación de su esposa Amy, que lleva meses harta de esa actitud de eterno Peter Pan, Ben no tiene excesivos planes de futuro. Sin embargo, ese robot desobediente, tierno y capaz de patalear como un crío si no se sale con la suya despierta en él un cariño inmediato y, decidido a asumir una responsabilidad por una vez en la vida, Ben decide partir en busca de su creador para devolvérselo. Ambos emprenden un viaje inolvidable que los llevará primero hasta California y luego a Tokio para culminar en una recóndita isla de la Micronesia. Un periplo conmovedoramente divertido para una pareja singular a la que se unirá un estrambótico, y radiactivo, perro salchicha. Juntos recorrerán un camino lleno de aventuras en el que Ben aprenderá que a veces madurar no consiste en cambiar el mundo, sino en estar ahí cuando tus seres queridos te necesitan, por imperfectos e insoportables que a veces nos parezcan.

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Reseña

Son varias las razones por las que se llega a elegir un libro y no otro. A veces, es por el autor, que ya has tenido la oportunidad de leer, y te gusta; otras, por la temática, para qué negarlo; sin olvidar las famosas etiquetas best-seller y no-se-cuanta-ava-edición. Yo me decidí a leer Un robot en mi jardín por la portada, porque mola mogollón, y porque, a través de ella, deduje que sería un libro de esos tiernos y amables que te dan constantemente lecciones de vida.

De Deborah Install, no sabía nada, y tampoco es que hubiera mucho que saber ya que Un robot en mi jardín  es su primer libro publicado, aunque según su biografía escribe prácticamente desde que tiene uso de razón. Somos muchas las que encajamos en ese perfil…

Un robot en mi jardín es una novela que precisa ser leída a ritmo lento, como si en vez buscar divertirnos o evadirnos con ella (que también) persiguiéramos aprender de lo que en ella se nos cuenta. La historia es un tanto estrambótica, en el sentido de que, en algunos aspectos, es bastante surrealista. La amistad entre un ser humano y un robot nos exige gran cantidad de imaginación y mucha vista gorda para poder asimilarla. Sin embargo, tras leer las primeras páginas de la novela de Install, te das cuenta que no es preciso buscarle cinco patas al gato al asunto o mirarlo todo, constantemente, desde el prisma de la racionalidad. Te tomas la lectura como una fábula, como una especie de cuento con moraleja incluida. Con una moraleja con la que aprender.

¿Y de qué va la novela? Bueno, además de lo que es a simple vista – el viaje de un robot y un humano, a través de los más dispares países y situaciones, para encontrar la respuesta a algo – Un robot en mi jardín es, por su puesto, una novela sobre la amistad, la superación personal y la madurez. El propio viaje físico que sus protagonistas experimentan es, asimismo, un viaje interior que los transforma, que los hace madurar y convertirse en mejores personas (y robots). Todo es muy dulce y bien intencionado, con un final abierto que quizás nos depare nuevas historias relacionadas.

Es posible que lo que más me haya gustado de la novela sea el concepto de viaje, muy encaminado a la idea de libertad, que los personajes manejan. Con varias escalas en diferentes países – me ha encantado la visita a Japón y como se describe todo lo que allí acontece -, la novela sirve de inspiración para todos aquellos que una vez quisimos coger un avión sin escalas determinadas. Hoy me encuentro en Londres; mañana, en San Francisco; pasado, estoy en el tren bala; al siguiente, en una playa bajo el sol. Envidio mucho al protagonista, la verdad.

Y lo que menos me ha gustado es que, posiblemente, en algunos instantes, la novela peque de un ritmo demasiado lento. Lentitud que, probablemente, se deba a que se añaden detalles un pelín insustanciales, – sobre todo al final de la novela, con viaje a Ikea incluido -, que, a mi parecer, no aporta nada. También, se resuelve todo demasiado rápidamente y de manera un tanto fácil, de tal forma que parece un poco forzado. Sin embargo, partiendo del hecho de que es su primera novela, no está nada mal para Deborah Install. Estaremos atentos a sus nuevos libros. ¡Segurísimo!

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)