Empecé el primer libro de la saga Una corte de rosas y espinas de Sarah J. Maas con un poco de miedo. Como os he dicho más de una vez, me encanta la novela romántica paranormal, pero reconozco que me corta el rollo muchísimo toparme con libros demasiado juveniles. De un tiempo a esta parte, parece que la fantasía es un género que solo le pertenece a los jóvenes, y, desgraciadamente, a jóvenes muy jóvenes. ¿Qué queréis que os diga? Me descoloca muchísimo encontrarme con libros como La maldición del jugador, con los que me siento tan pasada de rosca que soy incapaz de saber si me gustan o no; si son buenos o malos. Y es que, queridos y queridas míos, me da mucha pena admitirlo — más que nada porque siempre he defendido lo contrario — pero me temo que soy mayor para según qué cosas… Qué horror. Me gustaría volver a nacer para leer todos los libros que han dejado de entusiasmarme por algo tan aburrido como… la edad.

Por eso, cuando empecé Una corte de rosas y espinas, tenía mis reticencias, y confieso que fueron las culpables de que postergara tanto su lectura. Coincidiréis conmigo en que tanto las portadas como las sinopsis de los libros despiden un tufo juveniloide que espanta, así que empecé a leerlos con cautela, con la firme decisión de dejarlos si todo se volvía demasiado púber. Para mi sorpresa, los primeros capítulos no solo me gustaron mucho, sino que además no me parecieron excesivamente juveniles, sin embargo, reconozco que solo hasta que la protagonista se recreó más de la cuenta en la musculatura del prota no me relajé. En aquel momento, respiré hondo, con tal alivio que creo que mis pulmones hicieron la ola, bailaron La Macarena y empezaron a aplaudir. Sí, todo al mismo tiempo. ¡Romance paranormal, una novela de fantasía NO JUVENIL! ¡Viva! Así que si sois como yo, y también tuvisteis vuestros reparos acerca de si empezar a leer esta saga o no… Go ahead!  Y si encima os encantó, como a mí, la Saga Fiebre, ¡Línea y bingo! ¡Estáis de enhorabuena! En la saga Una corte de rosas y espinas, hay faes por doquier, y de los molones. ¿Aplauden ya vuestros pulmones también? No os recreéis demasiado en la imagen, que da bastante asquete.

La Saga Una corte de rosas y espinas gira en torno a Feyre, la hija menor de una familia pudiente, venida a menos, que es obligada a vivir entre faes: seres magníficos y terribles. El resto ya os lo podéis imaginar: aventuras a granel, malos malísimos, guapos guapísimos… En líneas generales, me ha parecido una saga bastante potable, aunque admito que la forma de escribir de Sarah J. Maas, — o la traducción —, no me ha hecho mucho tilín (demasiados puntos suspensivos para mi gusto). Además, hay mucho rollo, muchos conejos sacados de la chistera y un poco de descontrol; como sabéis, aspectos que no suelen gustarme y que suelo criticar mucho. Sin embargo, sorprendentemente, todo esto pasa a segundo plano por la maravillosa historia de amor y por lo tremendamente adictivo que es todo, aspectos que no solo salvan a esta saga, sino que la potencian hasta llegar a alcanzar nota.

Y es que, en Una corte de rosas y espinasposiblemente, lo mejor sea también lo peor. Engancha mogollón. En serio, no puedes parar de leer. Te acuestas tarde y te levantas temprano para leer todo lo posible. ¿Conclusión? Ojeras aseguradas. Así que la he metido de cabeza en Libros que enganchan, a pesar de que no me gusten ciertos detalles, como os comenté anteriormente.

Ahora me preguntaréis… ¿y qué tiene de malo que una saga sea adictiva? Pues que Una corte de rosas y espinas está compuesta por un mínimo de seis libros y que solo dos de ellos están publicados actualmente en español. El tercero, A court of wings and ruin, acaba de publicarse en los Estates, y ni siquiera se sabe cuándo lo hará en español; mucho menos cuándo verán la luz el resto de libros. Así que, como comprenderéis, cuando acabé el segundo de los libros, Una corte de niebla y furia, sentí en mis carnes lo que comúnmente se conoce como una muerte a pellizcos… Dolor, furia, ira, ganas de pegarme cabezazos contra la pared, no quería hablar con nadie, mi novio amenazaba con abandonarme, mi perro me miraba con cara de circunstancias y orejas caídas… Ya sabéis que no me gusta leer en inglés por cuestiones de velocidad (estoy acostumbrada a leer tan rápido que hacerlo en inglés, y por lo tanto más lento, me puede), pero admito que empecé con el tercero. Os podéis imaginar como estaba la cosa para tener que llegar a esos extremos, y como una señora racional demasiado mayor para la juvenil, he tenido la prudencia de parar en un punto neutral, con el objetivo de retomar la lectura cuando realmente esté en nuestra preciosa lengua (esperemos que pronto)

Y ahora, voy a soltar unos cuantos spoilers que os ruego que, por favor, solo leáis si habéis acabado con los dos primeros libros. Estos spoilers no están aquí porque sí o para amargar la lectura, están porque en ellos describo uno de los aspectos que más me ha gustado de los libros y por el que creo que han tenido tanto éxito en lo que a mi respecta. Sin embargo, si leéis lo que escribiré a continuación, se romperá toda la magia. Solo diré que hay un personaje del tipo que nos gusta — o que a mi me pirra hasta el punto de hacerme encoger los dedos de los pies —: en plan Eric Northman o Kirtash, el shek de la Trilogía Memorias de Idhún.

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Así que si os ha gustado la reseña, las referencias que os he dado, espero que le hinquéis el diente a esta saga. Una superventas que los editores ponen a la par de Canción de Hielo y Fuego — yo no creo que sea para tanto — pero que te atrapa de una manera poderosa y prodigiosa. Además, hay carrete para rato… Yo espero con ansiedad las próximas entregas.