Hace algunas semanas, cuando comentábamos la primera novela de Zahara, os confesé que hubo un tiempo en que pensaba que la mayor parte de las personas a las que admiraba estaba criando malvas. ¡Vamos, que estaban muertas! Ya sabéis que a veces suelo tender a la exageración (a ver, soy andaluza, no me queda otra), y, aunque sí que es verdad que muchos de mis ídolos están desde hace bastante en el otro mundo, también tengo otros que, si bien, no lo están, les falta poco… (pobrecitos, ojalá duren mucho más). Vamos, que no me podía gustar a mí uno jovencito como Justin Bieber.

No sé qué hacíais vosotros cuando erais pequeños, pero cuando yo lo era, allá por los ochenta, y, supongo, influenciada por mi madre, me criaba viendo películas de Robert Redford. ¿Que no sabéis quién es? ¡Os podría matar por ello! ¡Y sin remordimientos! Aunque ahora está el pobre mío bastante cascadete, en su época, era posiblemente el hombre más guapísimo sobre la faz de la tierra. Muchas diréis que era Paul Newman, que no estaba mal, ¿eh? Pero a mí es que me ponen nerviosa los señores que tienen ojos tan claros y azules (menos David Gandy)… Yo prefería la belleza tan californiana de Robert Redford, y, por muchos años, fue uno de mis objetos de deseo más íntimo… Con ese pelazo rubio, esa mata de pelo en el pechamen, vestido de marine… En fin… ¡Que podría ser mi abuelo!

De aquella época, no solo me llevo mi admiración por Robert (¡qué familiaridades!) y sus películas, también mi fanatismo por todo lo que es y representa Barbra Streisand, y, por su puesto, mi loco enamoramiento por Jane Fonda (sí, la señora espléndida que presenta la gama de cremas para pieles maduras de L’Oreal). Una de mis películas favoritas de todos los tiempos es Descalzos por el parque, que protagonizan, precisamente, Fonda y Redford. Me recuerdo a mí misma, de pequeña, observando a Jane, mientras pensaba: “de mayor quiero ser como esa tía”. Y no me refería a ser igual de guapísima, precisamente… Esa película, sin duda, marcó un hito en mi vida y mis referentes.

Ya sé que os estoy volviendo a meter una chapa, pero, todo esto que os cuento, os juro que tiene una intención. No perdáis el hilo…

Hace algunas semanas, me enteré de que, dentro de relativamente poco, Netflix estrenará una película de producción propia basada en la novela de Kent Haruf, Nosotros en la noche, que (voilá!) protagonizarán Robert Redford y Jane Fonda. Casi cuatro décadas después de Descalzos por el parque ambos actores — mis actores — vuelven a encontrarse. ¿No es genial?

Evidentemente, me vine arriba. Si estos dos se reunian para hacer algo, era porque, probablemente, el proyecto merecía la pena, y encima estaba basado en un libro. Un libro del que muchos dicen que es:

Una joya escondida: una historia concisa, conmovedora, agridulce pero a la vez inspiradora, con el revelador sentido del humor que solo poseen aquellos que han llegado a una edad en la que poco importa lo que puedan decir los demás.

Así que blanco y en botella. Me puse con el libro ipso facto. Un libro breve y asequible, todo hay que decirlo, una especie de remanso de paz y aire fresco en comparación a la cantidad de sagas y trilogías que últimamente me he metido entre pecho y espalda.

¿Y qué me ha parecido? Nosotros en la noche de Kent Haruf es un libro que tiene aspectos muy buenos y, por otro lado, otros poco interesantes. ¿Como todos los libros, pensaréis? Supongo que el señor que se vino arriba calificándolo de “joya escondida” le gustó bastante más que a mí. Es cierto que el libro es bastante tierno, y que, además de reivindicar el amor en la tercera edad, también saca a colación muchos otros temas interesantes como las segundas oportunidades, la relación padre-hijo o madre-hijo y sus cambios de roles. Sin embargo, tampoco me ha parecido una lectura trascendental y fundamental. No me ha enamorado…

Es un libro bastante sincero que trata sobre la vejez, sobre encontrar de nuevo el camino después de la viudez, empezar a vivir desde la experiencia y, aunque parezca lo contrario, no se trata de ningún libro de autoayuda en plan feeling-good con el que, después de leerlo, nos entren ganas de tener unos cuantos años más y visitar un geriátrico. No. A pesar de ser un canto a todo lo que he expresado con anterioridad, es un libro bastante honesto que también muestra la otra cara: las habladurías, el qué dirán, hacer lo correcto… y ese tipo de cosas.

En definitiva, Nosotros en la noche es una especie de quiero-y-no-puedo, que precisamente llama la atención por eso: por ser un sí pero no. Aunque lo lees en relativamente poco tiempo, se trata de una lectura demasiado reposada, demasiado sosegada… Sí, lo que estáis pensando… Un poquito aburrida. Sin embargo, es breve, asequible, fácil de leer… El típico libro que, si no lo lees, no pasa nada, pero que si lo lees tampoco. Por mi parte, espero que la actuación de Redford y Fonda, en la inminente película, potencie todo un poco… ¡Ainss! ¡Qué ganitas de verlos!