Como ya comenté en mi anterior post, “Mil soles espléndidos” es la segunda novela de Khaled Hosseini, el autor de la maravillosa “Cometas en el cielo“.  Ambas obras tienen mucho en común: se desarrollan mayoritariamente en Afganistán, albergando varias etapas de la historia de dicho país, y, en ambas, sus protagonistas son personas anónimas e inocentes, cuyas historias levantan astillas en nuestros cerebelos. No obstante, aunque “Mil soles espléndidos” me ha gustado muchísimo y lo he leído en un “plis”, creo que “Cometas en el cielo” me caló más hondo.

Hay un aspecto que hay que comentar a favor del escritor: el segundo no es una mala copia del primero. No es, como por ejemplo, “La sombra del viento” y “El juego del ángel“, que, realmente, son libros exactamente iguales pero con nombres y situaciones trastocadas. No. La historia es brutal, aterradora e eminentemente triste, pero desde otra perspectiva totalmente diferente: la perspectiva de mujeres, desde el mundo de las mujeres.

La pena es que, quizás, en esto último, resida lo que principalmente me disgusta del libro. El uso de la mujer me resulta, en “Mil soles espléndidos“, un tanto “conveniente”. Es un recurso que me resulta facilón en el sentido que no aporta nada nuevo y, sé que puedo parecer bastante fría, pero, en cierto sentido, me deja un tanto indiferente. Quizás sea porque las situaciones que se relatan sean, en gran parte, harto conocidas y no haya, por el contrario, relatos más en la línea de la peculiaridad, de lo cotidiano… cuadros diferentes a lo que, normalmente, se nos cuenta en un informativo o desde una ONG.

Quizás sea un problema de nosotros (o mío) el que estemos tremendamente inmunizados y contemos con un ojo (e imaginación) a prueba de bombas. Pero creo que, en muchos aspectos, el libro se queda bastante en “lo superficial”, sin ahondar en la casuística y en lo particular, algo que se estilaba muchísimo más en el primer libro del autor.

Otro aspecto que me ha gustado muchísimo menos que lo anteriormente expuesto es, sin duda, algo que se dejaba entrever en “Cometas en el cielo” pero que en este libro se desarrolla de manera un tanto contundente y no sin cierta obscenidad: El indudable partidismo hacia los Estados Unidos y la versión edulcorada y positiva que muestra el autor sobre la entrada de norteamérica en el conflicto, que es sinónimo de historia de un país como Afganistán.

Durante todo el libro, son destacables las críticas a soviéticos, muyaidines, talibanes… no obstante siempre se presenta a la invasión estadounidense desde el punto de “la oportunidad”, de “la esperanza”, del “cambio”. Se llega a decir que Afganistán, tras la llegada de las fuerzas norteamericanas, puede considerarse un pais mejor, más justo y diferente. Sinceramente, no soy una experta en conflictos bélicos y menos en Afganistán, pero verdaderamente no creo que Afganistán sea, actualmente, un país en el que se pueda vivir “bien”.  Aunque es probable que se haya ganado bastante en cuanto a derechos conseguidos se refiere, sigue siendo un país en continua guerra y eso, poca esperanza puede albergar para nadie.

No obstante, lo recomiendo mucho: es un libro que te conmueve, te atrapa y que está muy bien escrito. Me quedo con esta frase:

Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas,
o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros.