Ahora que todo el mundo habla de La peste (la serie de Movistar+, ambientada en la Sevilla del Siglo de Oro) venía totalmente al pelo leer un libro como La marca del inquisidor de Marcello Simoni: un thriller histórico muy oscuro, con una ambientación espectacular, que viene precedido por muy buenas críticas.

A pesar de que no acostumbramos a tener libros de este estilo en el blog, lo cierto es que hace muchos, muchos, años yo solía leer bastantes thrillers de tipo histórico. Ya os he contado que siempre he sido muy fan de Pérez-Reverte, especialmente de sus primeros libros, pero lo que nunca os he confesado es que yo también sucumbí a Dan Brown, a El Código Da Vinci y a todas las pseudocopias que vinieron después.

Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que parece que quedas como un rey diciendo que El Código Da Vinci o Cincuenta sombras de Grey son, sin duda, novelas fraguadas en el mismísimo infierno de las novelas. Son los títulos más socorridos de mencionar cuando te preguntan por el peor libro que has leído… Y yo, como bicho raro que soy, ¿qué queréis que os diga? ¡Me gustaron!

Venga, ¡crucificadme!

No me los llevaría a una isla desierta, pero tampoco me convertí en piedra al terminarlos. Me gustó El código Da Vinci y la segunda parte también, si me apuráis… Y solo dejé de leer a Dan Brown cuando empezó a escribir sobre Sevilla, porque parecía que no había puesto un pie en esta bendita ciudad para documentarse.

Además, supongo que las modas cansan, y a mí todo lo relativo a los templarios, los illuminati o los masones llegó a saturarme un montón. Eso no quita que no me encanten los misterios de la historia, ya que, por suerte o por desgracia, normalmente la realidad supera la ficción.

Así que, cuando me ofrecieron desde Duomo la oportunidad de leer La marca del inquisidor, no tuve que pensarlo demasiado. Además, como os dije al inicio, el momento era perfecto: La peste me tenía cautivada, así que, ¿por qué no?

¿Pero de qué va La marca del inquisidor? En primer lugar, os diré que es un libro de Marcello Simoni, bibliotecario y arqueólogo, que, además, es una especie de eminencia en Italia en lo que respecta al género. En cualquier caso, se nota, desde la primera página, que es un total entendido en los tres campos: La marca del inquisidor es una novela que está repleta de referencias literarias e históricas, y que versa alrededor de una historia oscura y tenebrosa, con conspiraciones, asesinatos y misterios a raudales.

Me ha gustado mucho la visión tan particular que arroja de Roma. Quizás no os ocurra lo mismo, pero siempre la he considerado una ciudad amable, llena de luz y de sol. Sin embargo, en La marca del inquisidor, la perspectiva es totalmente opuesta. La ciudad se transforma en una urbe oscura, llena de recovecos y secretos, peligrosa y lúgubre, algo que agradará a todos, entre los que me incluyo, los que hemos disfrutado con La peste.

Por otra parte, me han gustado mucho los personajes. Si os soy totalmente sincera, no he hecho demasiadas migas con el protagonista: Fray Girolamo Svampa. Sin embargo, tengo la impresión de que el autor lo ha concebido para que no nos caiga excesivamente bien. Como los buenos protagonistas de thrillers, Svampa es un personaje torturado, que esconde un pasado oscuro y que tiene hábitos no demasiado acordes con la orden dominica. Tampoco es una persona agradable, y su manejo de la investigación, a veces, llega a parecer un tanto caótico.

Sin embargo, el tándem que forma con Capiferro, en una suerte de pareja a lo Sherlock y Watson, si que me ha llamado muchísimo la atención. Personajes opuestos, pero condenados a entenderse, ambos son fieles exponentes de dos posturas bien diferenciadas en la novela: los hechos y las sospechas, la ortodoxia y la heterodoxia. No deja de ser curioso contemplar como las órbitas de ambos personajes chocan en el transcurso de la investigación, y cómo se complementan de una manera tan acertada al final.

Por otra parte, también me ha impresionado mucho lo que el clero representaba en la Italia del siglo XVII. A pesar de que la mayor parte de los personajes son sacerdotes, monjes o cardenales, nada de lo que se lleva a cabo en la novela se lleva hace en el nombre de Dios. No hay una gota de fervor o de fe; los personajes de La marca del inquisidor son fichas en un juego de poder despiadado. Poco importa, su condición

En definitiva, La marca del inquisidor es un libro que hará las delicias de todos los amantes del género: asesinatos, misterios, un investigador con oscuro pasado y muchas cuentas por saldar… ¿soy yo o esto huele a segunda parte?

¿Qué? ¿Os animáis?