Estoy muy contenta por haberle pillado de nuevo el ritmo a mi afición favorita: la lectura compulsiva. La verdad es que la echaba de menos y añoraba, sobre todo, retomar mi rutina de siempre: llegar a casa y leer, mandar los problemas a otro lado y evadirme.

Seguro que os partiréis de risa pero La luz de Candela no es el libro-tocho-y-que-me-estaba-tomando-demasiado-tiempo-en-leer que os comentaba hace apenas una semana. Es otro. Un nuevo desliz que me he permitido. La verdad es que no sé si volveré a retomar el libraco… Cada vez surgen más historias en las que me quiero adentrar… ¿Cuándo?, ¡Ya!

Cuando empecé a leer La luz de Candela no sabía que era el primer libro de Mónica Carrillo y que ésta era una presentadora de informativos bastante conocida por aquí, en España. Quizás, si lo hubiera sabido, hubiera entendido algunas cosas de otra forma, o quizás no hubiera leído su novela, quién sabe. El caso es que yo lo supe después y, bueno, no benefició mucho a mi impresión general, y final, del libro.

La luz de Candela  de Mónica Carrillo es un libro que está bien… Bien, en el sentido de ni frío ni calor; en el sentido de que, si no lo lees, no te pierdes nada y, si lo lees, tampoco pierdes tu tiempo. En definitiva, potable.

En líneas generales podríamos decir que es un libro que nos sumerge en la historia de un amor: el comienzo, el auge, las dudas, la ruptura y el posterior olvido. Se trata de un amor enfermizo, tóxico; que atrapa, engancha y del que es bastante complicado escapar. Una relación negativa y obsesiva que más de uno hemos vivido. Por lo que, hasta ahí, todo muy bien.

Además, Carrillo intercala poemas y #microcuentos; pasables los primeros, más interesantes los segundos. De este tipo:

Quería decirte algo
No sé si debo
¿Recuerdas aquel día?
Pues desde ese día

o

– ¿Qué tenía aquello para que valiera tanto la pena?
– Decían que estaba prohibido

De un tiempo a esta parte, si una novela no habla de Twitter, Facebook o Whatssap parece que está totalmente out, ¿no creéis?. No obstante, me gustan los #microcuentos… Igual, es porque tienen bastante que ver conmigo. También me ha encantado que los capítulos son cortos y asequibles. La mayoría desde el punto de vista de la protagonista, Candela, que se dirige directamente a su amor tóxico, Manuel, pero, en otros casos, también desde la perspectiva de personajes secundarios que interfieren más o menos acertadamente en el relato. Hasta aquí, también, todo aceptable, ¿verdad?

Entonces, ¿qué hay de malo?

Uno de los grandes problemas de la novela, a mi modesto entender, y que ha supuesto que la novela, aunque engancha, se lee a buen ritmo, no haya llegado a encajarme del todo, es que Mónica Carrillo escribe muy bien. Aunque creo que lo suyo no es la poesía, realmente, pienso que es una gran escritora, un pelín lírica, pero muy sensible. Desde mi punto de vista, creo que abusa un tanto de los clichés y tópicos, pero bueno, es una impresión, al fin y al cabo.

Escribe tan bien que muchos capítulos creo que forman parte de ejercicios por su parte para demostrarnos y demostrarse lo bien que lo hace. Algo así como “ahora voy a demostrar que voy a escribir un capítulo perfecto utilizando letras de canciones“, y lo hace, estupendamente, además. O algo así como “y ahora voy a hacerlo con referencias a películas“… y con dos ovarios lo lleva a cabo.

¿Qué pasa? Que al final cansa. Porque aunque la novela está bien montada , bien es cierto que, muchas veces, es muy repetitiva. La autora, como es una gran escritora y muy creativa, intenta que no parezca lo mismo utilizando miles de recursos estupendos pero, al fin y al cabo, todo es un poco redundante. Entendemos que la protagonista es víctima de una obsesión y que eso se refleja (y se debe reflejar) en la narración, pero a veces se vuelve todo un poco infumable, innecesario… lastra.

Luego, está el asunto del final que, aunque por suerte hay casos peores a lo largo de mi bagaje lector, me ha dejado cierto regusto amargo. Cuando terminé La luz de Candela, recordé que unos días antes (un día de esos depresivos totales)  me dio por volver a ver Orgullo y Prejuicio de Joe Wright, que es una película que por motivos obvios me encanta.

No sé si lo sabéis pero esa película tiene dos tipos de finales: el europeo y el que se propuso para norteamérica. Y es que para el público de Estados Unidos hubo que añadirle una pequeña escena en plan Happy Ever After porque para la mayoría de los ciudadanos de aquel país (o eso supongo yo) era difícil digerir que una película de amor (por muy basada en una novela de Jane Austen que estuviera) no terminara con un buen morreo. Por otro lado, parece que los europeos somos más imaginativos y capaces de vivir sin que se nos enseñé con prueba gráfica que todo ha acabado bien.

Un poco de esto pasa en el libro de Carrillo. Hay un momento en el que el libro podría haber acabado de manera más o menos natural… Sin embargo, no sé por qué, añade al final una especie de suplemento artificioso, que no es ni siquiera un epílogo, donde se desarrolla una especie de final HEA con muy poca base en lo que anteriormente se ha leído o se ha conocido acerca de la protagonista. No sé. Imaginaos que la protagonista encuentra la verdadera felicidad siendo artista plástica, cuando a lo largo de todas las páginas anteriores del libro jamás ha mencionado o ha dejado ver ninguna inclinación hacia el arte. A ver, puede pasar… que descubras de repente que sabes dibujar y que te puedes ganar la vida (y la felicidad) con ello, pero queda un poco raro, ¿no? Sobre todo, cuando hemos entrado por vía rápida a la psique atormentada de la susodicha. ¿No deberíamos haber sabido algo?

Por otra parte, y esto ya es una apreciación totalmente subjetiva, cómo se resuelve todo me parece un poco machista, aunque supongo que lo que se pretendía es que pareciera increíblemente feminista e independiente… Maneras mías de pensar, seguramente. El caso es que, a mi modo de ver, ese final se lo podía haber ahorrado perfectísimamente.

En definitiva, haced lo que queráis. Al fin y al cabo es lo que hacéis y debéis hacer siempre. Es un libro bonito; si estáis pasando por un momento parecido al de la protagonista, es decir, hundidas hasta el tuétano en una relación tóxica, quizás hasta os sirva de ayuda… Pero tampoco pasa nada si decidís no leerlo. La pelota está en vuestro tejado. Por supuesto, como siempre, estaré encantada de que me comentéis lo que os parecido, si al final lo leéis, y si coincidís o no con mi opinión.