No suele ocurrir a menudo — y en ello también reside la gracia del asunto — pero hay libros de los que te enamoras locamente desde las primeras páginas y sin remedio. Los abres, lees algunos capítulos y de repente, en tu celebro, como de una especie de resorte se tratara, escuchas un “click”, que te indica que estás ante algo bueno, algo que recordarás siempre y viajará contigo a lo largo de tu vida.

La primera vez que me ocurrió fue con un libro de Paul Auster llamado El palacio de la luna. Me encandiló totalmente, y recuerdo que pensé que todos los libros deberían ser y estar escritos de aquella manera. Sé que Auster es un autor muy reputado. He leído alguno que otro de sus libros y, en general, todos me han gustado. Sin embargo, ninguno tuvo el efecto en mí de El palacio de la luna. Igual, con vosotros, tampoco ocurre de esa manera. Ya os digo, son cuestiones del corazón.

Más tarde, me sucedió lo mismo con El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon. Fue leer este pasaje, y el flechazo se produjo de manera instantánea:

Hay gente que cree que la Vía Láctea es una larga línea de estrellas, pero no lo es. Nuestra galaxia es un disco gigantesco de estrellas de millones de años luz de diámetro y el sistema solar está cerca del borde exterior del disco.

Cuando miramos en dirección A, a 90º hacia el disco, no vemos muchas estrellas. Pero al mirar en la dirección B, veremos muchas más estrellas porque miramos hacia la masa central de la galaxia. Y como la galaxia es un disco, lo que veremos es una franja de estrella.

Entonces pensé en que durante mucho tiempo a los científicos los había desconcertado que el cielo sea oscuro por las noches pese a haber billones de estrellas en el universo, pues hay estrellas en todas direcciones en que uno mire, así que el cielo debería estar lleno de luz estelar porque hay muy poca cosa que impida que la luz llegue a la Tierra.

Entonces descubrieron que el universo está en expansión, que las estrellas se alejan rápidamente unas de otras desde el Big Bang, y que cuanto más lejos están las estrellas de nosotros más rápido se mueven, algunas de ellas casi a la velocidad de la luz, y eso explica por qué su luz nunca nos llega.

Me gusta este dato. Es algo que podemos comprender al mirar el cielo por la noche pensando, sin tener que preguntárselo a nadie. Cuando el universo haya acabado de explotar, las estrellas disminuirán su velocidad, como una pelota lanzada al aire, hasta detenerse y volver a caer hacia el centro del universo. Entonces nada nos impedirá ver todas las estrellas del mundo porque todas vendrán hacia nosotros, cada vez más rápido, y sabremos que pronto llegará el fin del mundo porque al azar la mirada hacia el cielo por las noches no habrá oscuridad, sino la luz resplandeciente de billones de estrellas que se acercan.

Sólo que nadie verá eso porque ya no quedarán personas en la Tierra para verlo. Para entonces seguramente ya se habrán extinguido. Y en el caso de que queden algunas no lo verán, porque la luz será tan brillante y ardiente que todas morirán abrasadas, aunque vivan en túneles.

Aún ahora me parece espectacular. Quizás, a vosotros os resulte una descripción más o menos buena del universo y las estrellas. Para mí fue arrebatador, y lo recordaré siempre por ello.

Con Cicatriz de Sara Mesa me ha ocurrido algo parecido. Según mi punto de vista, es un libro espectacular. Maravillosamente bien escrito y documentado, su lectura es tan fluida e intensa, que apenas te dura unas horas en las manos. Y eso que no es precisamente un libro fácil o políticamente correcto.

Como suele ocurrir con los buenos libros, resulta complicado describir en pocas palabras de qué va Cicatriz. Principalmente, es una novela que nos habla sobre nuestra sociedad actual, internet y las relaciones que a través de esta se pueden llegar a desarrollar. También nos muestra a dos personajes muy diferentes — a día de hoy no puedo definir si me dan asco, pena o si me atraen irremediablemente — que son totalmente opuestos y totalmente compatibles. Nos habla de la exhaustividad y de la dejadez, la indolencia; la dependencia y la imposibilidad de vivir si no es a través de otro.

Cicatriz se desarrolla en una realidad opresiva y asfixiante. Muchas personas piensan que el libro es repetitivo… A todos ellos les animaría a leer la Serie After para que se replantearan en concepto. El caso es que esa supuesta redundancia ayuda bastante a conformar ese ambiente angustioso, aislado y sin salida en el que viven (o malviven) los protagonistas. Una atmósfera que se contagia al lector de una manera sorprendente, y que se fusiona con otras muchas sensaciones encontradas que provoca la novela: asco, morbo, excitación, pena, confusión…

No sé, es bastante complicado, como os digo, resumir lo que encontraréis si os decidís a leerlo. Y es un libro que hay que leer. No esperéis tampoco algo parecido a la literatura que podéis encontrar por aquí. No es una lectura ligera, ni fácil, ni para pasar el rato. Es una novela que os calará, para bien o para mal, y que no olvidaréis fácilmente. De hecho, si, como yo, habéis tenido alguna vez alguna relación más o menos intensa por internet, os removerá un poco las entrañas y, aunque la realidad que presenta Cicatriz es un tanto sórdida, estoy segura que os reconoceréis en más de una situación.

Además de animaros encarecidamente a que os atreváis a leerla, os dejo algunas frases del libro que me marcaron:

Llegando incluso hasta las últimas consecuencias, diríamos que te mando libros simplemente como pago por tu existencia.

***

Instintivamente actúas como más lo deseo.

***

Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces.

¿Todavía no os entran ganas de leerla?