Cada uno de nosotros, en lo más íntimo de nuestro ser, escondemos algo que, de vez en cuando, sale a dar un pequeño garbeo, y que, casi siempre, intentamos refrenar. Hay personas que albergan en su ser auténticos demonios; otras que van de duras por la vida, cuando resulta que, en su interior, son más dulces que los perritos de Scottex; y otras que, en la intimidad de su domicilio, dan rienda suelta a los gustos sexuales más dispares.

En lo que a mi respecta, reconozco —ahora que nadie me lee— que soy una obsesiva-compulsiva de toma pan y moja; o de si quieres caldo toma dos tazas; o de agárrate y no te menees. Y no me da por fumar, o por lavarme las manos hasta hacerme llagas, o por no sentirme satisfecha hasta que he apagado la luz o cerrado la puerta tres veces seguidas. Me obsesiono con leer y, cuando me da la vena, no hay apagón, tsunami u hongo nuclear que consiga apartarme del objeto de mi deseo.

Cuando terminé Te odio, pero bésame de Isabel Keats, la maldita compulsión me latía desbocada en plena carótida, por lo que sabía que no descansaría hasta que me hubiera hecho con todos los títulos de la autora (Gracias Kindle Unlimited) para leerlos en tiempo record. Supongo que, con esto, ha quedado sumamente claro que me gustó mucho Te odio, pero bésame, algo que, como sabéis, no suele ocurrirme muy asiduamente.

Aunque le he adjudicado 3 estrellas a Algo más que vecinos, no quiere decir que no me haya gustado; simplemente, no me ha encandilado tanto como Te odio, pero bésame, la única referencia que tengo para comparar. Sin embargo, lo he disfrutado mucho y, para variar, lo he devorado con avidez.

Quizás, la historia no me haya tocado tanto porque no es tan cotidiana como su última novela. Es cierto que, al igual que en esta, en Algo más que vecinos no se podría decir que los protagonistas no tuvieran donde caerse muertos, sin embargo, a diferencia de lo que acontecía en Te odio, pero bésame, en la novela que ahora nos ocupa, no tienes la sensación de lo que en ella pasa podría llegar a pasarte a ti. Por lo tanto, no te sientes tan identificada con todo lo que ocurre.

No obstante, la historia es muy dulce y, aunque, bajo mi punto de vista, el final es un poco precipitado, la evolución de los personajes y, por consiguiente, de la novela, me ha encantado. Cuando lees, es imposible no plantearte, a modo de pregunta, el título del libro — ¿Algo más que vecinos? — porque ni tú misma, desde fuera y conociendo los puntos de vista de los personajes, sabes a ciencia cierta qué es lo que son o qué quieren el uno del otro.

La manera en que evoluciona el protagonista — Leo Gallagher — de manera tan sutil y diestra, me ha parecido parte de una narración muy madura por parte de Keats, por otra parte, más convincente que la de su partener, Catalina Stapleton, mucho más impostada, en cambio.

¿Y lo mejor de todo? Pues que, a pesar de que Algo más que vecinos no me ha conquistado de la manera que lo hizo Te odio, pero bésame, sigo teniendo ganas de leer más novelas de esta autora. Así que… ¡Vena compulsiva! ¡Alla vamos! ¡Seguimos leyendo!