Comencé a leer la Trilogía La primera ley de Joe Abercrombie porque eran muchos los que la comparaban directamente con la conocidísima saga del venerable George R.R. Martin: Canción de Hielo y Fuego.

Quizás, ahora, que parece que solo reseño novelas de color rosado bastante ligeritas de tono y de peso, no se recuerde que en este blog, allá por marzo de 2009, cuando no había serie, ni cómics, ni tazas,  ya recomendábamos encarecidamente la lectura de los libros del venerable George. También nos quejábamos de lo que se hacía de rogar el dichoso libro quinto de la saga.

Por aquel entonces, Canción de Hielo y Fuego era la saga más alucinante que había tenido la suerte de leer. Ahora… Bueno, la cosa ha cambiado bastante… Entre novelas que tardan lustros en llegar, series que toman más protagonismo que los libros en los que se basan, merchandising variado y escritores oportunistas, la saga se ha convertido en una historia que empecé a leer hace más de 6 años, cuyo fin no sé si tendré la oportunidad de conocer, y que va en sincero declive. Pero bueno, esto lo podréis leer en profundidad aquí.

Aunque la saga de George R.R. Martin me esté decepcionando en una gran medida, eso no implica que no piense que los tres primeros libros que la componen sean de lo mejor que he leído nunca, y que, por añadidura, todavía conserve cierto cariño y admiración por lo que un día supuso todo ello para mí. Por eso, cuando vi que comparaban esta trilogía de Joe Abercrombie con la mítica saga, pues fui directamente a por ella. No obstante, no os creais que era optimista. Ya habían caído entre mis manos otros “intentos” como este, que salieron totalmente rana, así que no esperaba demasiado. El universo que creó R.R. Martin es maravilloso y, por momentos, insuperables, aunque esté gestionado, desde hace algún tiempo, de manera nefasta.

Metiéndonos en faena, lo primero que he de decir que esta trilogía de La primera ley no tiene mucho que ver con la saga de R.R. Martin.

Ohhh… noto vuestra decepción.

Supongo que son cuestiones de marketing o por desconocimiento. Que un libro esté ambientado en una especie de época medieval y que haya batallas y magníficos ejércitos, no tiene por qué ser la-trilogía-sucesora-a-canción-de-hielo-y-fuego, es, simplemente, una novela de literatura fantástica, de aventuras… Si yo tuviera que comparar esta trilogía con algo ya escrito, la vincularía más, quizás, con alguna novela de la Dragonlance o con el Señor de los anillos. Tenemos elementos característicos del género, como el viaje y la búsqueda, la compañía de aventureros y sus diferentes roles, la magia, las diferentes razas y clases… Si alguien me preguntara qué es Canción de Hielo y Fuego, diría que es una saga, por momentos, maravillosa que trata sobre los tejemanejes y la lucha encarnizada por el poder de diferentes casas señoriales. Si me preguntaran de qué va esta trilogía de La primera ley, diría que es una muy buena historia de aventuras y, aunque una rama de la trama puede recordarnos a lo que ya hizo R.R. Martin e, incluso, el uso del narrador tan característico, no tienen poco más en común.

Es lo que hay, lo siento. No tiene nada que ver con Canción de Hielo y Fuego, pero, no obstante, es una trilogía maravillosa que, desde luego, si os gusta el género de aventuras, el rol, la literatura fantástica… no podéis dejar de leer. Os la recomiendo encarecidamente.

Sin embargo, he de reconocer – y esto es un poco en plan de advertencia – que me costó empezar con ella. Recuerdo que cuando estaba con el primer libro, La voz de las espadas, y muchos conocidos me preguntaban qué estaba leyendo, yo solía contestar con un libro en el que nunca pasa nada. Y es cierto. Recuerdo que leía, leía, y no ocurría nada destacable. Por momentos, me recordaba – aunque por temática no tienen nada que ver – a la Trilogía Caballo de fuego, la cual estuve a punto de mandar al garete porque el comienzo era una auténtica cuesta arriba. Una cuesta arriba que desembocó en un libro alucinante, adictivo e inolvidable.

En el caso de La voz de las espadas, no fue una cuesta arriba, fue una especie de espiral que al principio se mueve lentamente; que va cogiendo, poco a poco, velocidad y que culmina en un auténtico frenesí.  Fue todo tan alucinante que, al final, el libro que estuve a punto de dejar aparcado, porque no pasaba nada, llegó a parecerme una auténtica obra de arte. Es una obra de arte como Abercrombie consigue enlazar los destinos, aparentemente inconexos, de una serie de personajes. ¡Y qué personajes! El autor, poco a poco, sin que nos demos cuenta, nos va atrapando en una magistral tela de araña que hace que, al final, todas esas lecturas sin sentido que creíamos paja, tengan una entidad aplastante.

Sin embargo, a mi modo de ver, el segundo libro es el mejor. Es como un libro de aventuras, como os comentaba, tipo Dragonlance, o cualquier partida de rol, donde nos encontramos con la típica compañía de aventureros, con sus roles claramente diferenciados, en un viaje iniciático que les preparará y les cambiará la vida. Todo con historia de amor, batallas, sangre y frenesí, incluidos.

Y, el tercer libro, el final, aunque no es muy ortodoxo, también es maravilloso. No te deja indiferente. Como en Canción de Hielo y Fuego, y aquí viene una similitud, los personajes son tan redondos, tan auténticos, que un happy ending en toda regla es impensable. Los personajes no son malos o buenos porque sí; tienen sus luces y sus sombras, por ello, el final, va en consonancia. Y no os digo más.

Por favor, si lo léis no dejéis de prestar atención a los personajes. Los amantes de Tyrion Lannister, harán buenas migas con el Inquisidor Gokta. Yo, como buena fanática de El Perro, me decanto por Logen Nuevededos, el Sanginario. Un personaje único, de lo mejorcito que he leído por ahí.

¿Os animáis?