He de reconocer que la primera vez que leí la sinopsis de Prohibido de Tabitha Suzuma sentí una mezcla explosiva de curiosidad y grima. Supongo que es algo que le pasará a la mayor parte de las personas que tengan la oportunidad de leerla. Seguro que te ha pasado a ti, que acabas de hacerlo.

También es cierto que, después de leer la sinopsis, surgió en mi interior una especie de conflicto. ¿Lo leo o no lo leo? ¿Me da demasiado repelús o me vencerá el morbo? Supongo que, en muchas personas, triunfará la sensación de grima, y éstas descartarán el libro, no sin cierto esfuerzo. Al fin y al cabo, no somos cyborgs. Otras muchas, supongo que se dejarán llevar por la curiosidad, y lo leerán, medio a escondidas, a la vez que comparan la relación de los protagonistas con la que ellos mismos tienen con sus hermanos y hermanas, al mismo tiempo que no quieren pensar en éstos bajo ningún concepto. Es complicado el tema, la verdad.

Prohibido es un libro políticamente incorrecto, y con él ocurre lo que siempre ha ocurrido con este tipo de novelas: nos dan un poco de dentera, pero nos encantan por lo prohibido (nunca mejor dicho). Ahora que el fenómeno Grey está totalmente aceptado y que vamos a ver las películas en el cine con el mismo ánimo con el que vamos a una reunión de tupper sex, parece mentira que, hace algunos años, cuando las novelas no eran tan conocidas y nadie sabía que Don Johnson tenía una hija que se llamaba Dakota, la gente leyera las novelas de E.L. James, con vergüenza y con las cubiertas tapadas. Lo mismo ocurrió con la clandestina Historia de O, cuya autora necesitó más de 40 años para salir del anonimato y admitir que era suyo el libro que tantas personas leyeron de tapadillo allá por los años cincuenta.

Cincuenta sobras de Grey e Historia de O

Dos novelas que van, supuestamente, sobre lo mismo y que son, a la vez, tan diferentes… La primera, con tanta película y precuela, no le llega ni a la suela del zapato a la segunda. La de E.L. James, tan edulcorada y frívola, pierde por goleada en comparación con la magnífica sordidez de la novela de Reáge, que es mejor porque es más creíble, más impactante y, por ende, más trascendente. Nunca olvidaré Historia de O, en cambio, habría olvidado de pleno todo lo relacionado con Grey, si me hubiera dejado toda la nube mediática que aún envuelve al fenómeno.

Todo esto que os explico sobre estas dos novelas, que en principio no viene muy a cuento, conecta directamente con los motivos por los que solo le he dado tres estrellas al libro de Tabitha Suzuka; a pesar de que engancha muchísimo y que te remueve internamente en muchos sentidos.

Parto desde el punto de vista de que un libro como el de Suzuma se empieza a leer, mayormente, por curiosidad y, si me lo permitís, por morbo. Así que entiendo que lo tengo que valorar en el sentido de que supere mis espectativas en relación a todo ese asunto. No os desvelo nada cuando os digo (ya que la misma sinopsis lo aclara) que Prohibido es una novela que trata sobre dos adolescentes que se enamoran y que son hermanos. Y no es que sean medio hermanos, o que al final resulte que no lo son… No, son hermanos y se enamoran. No hay discusión posible en eso.

Por lo tanto, partiendo de la base que es un libro sobre incesto consentido, – porque así me lo han vendido- , yo lo valoro como tal, y si lo valoro de esta manera… suspende. ¡Y eso que todo el mundo lo pone por las nubes! Lo que no deja de ser realmente curioso… Eso de que mires las críticas en Goodreads y miles de jovencitas a lo largo y ancho del mundo lo califiquen de cuatro estrellas para arriba, puede llegar a dar un poco de miedo, de no ser porque lo único que realmente hacen es confirmar mi teoría: que Prohibido de Tabitha Suzuka es una verdadera estafa.

Es una estafa porque no es un libro sobre incesto, ni siquiera sobre incesto consentido, es un libro sobre dos adolescentes que viven en la misma casa y se enamoran. Si realmente fuera un libro sobre incesto, no solo no le hubiera gustado abiertamente a tanta gente, sino que muchas de todas las adolescentes que defienden con uñas y dientes el derecho de amar-con-mayúsculas a tus hermanos (supongo que también defenderán el amar-con-mayúsculas a tu caballo) hubieran echado la primera papilla ante de acabarlo. ¿Y por qué no es así? Pues porque aunque se intente decir por activa y pasiva que los dos protagonistas son hermanos y de sangre, y por mucho que nos escandalice verlo ahí escrito en el papel o en el Kindle, no lo son; no son hermanos desde el punto de vista de que no se comportan como hermanos; no lo son desde el punto de vista de que no es creíble.

A ver, la mayor parte de nosotros tenemos hermanos, y creo que puedo hablar por todos cuando digo que, quitando los perturbados y los pervertidos, ninguno de nosotros hemos visto a nuestros hermanos o hermanas de forma… extraña. Nos llevamos mejor o peor con ellos; los queremos; si somos cariñosos, los abrazamos o besamos; si no, nos pegamos con ellos; les daríamos un riñón si alguno de ellos lo necesitasen… y poco más. Y por mucho que yo quiera a mi hermano, y por muy pegajosa que yo sea (que lo soy tela), nunca he tenido experiencias religiosas como puede tener la protagonista con el suyo en plan sentí su aroma dulce y su aliento cálido en la mejilla. Pues porque lo más cerca que he estado de decirle algo parecido a mi hermano, – que adoro sobre todas las cosas -, es algo así como ¿te has echado demasiada colonia y no te has lavado los dientes?.

Lo que vengo a decir es que a la gente le ha cautivado tanto el libro porque no se ha visto en ningún momento identificada con los personajes o con el asunto, ya que ni los protagonistas se comportan como verdaderos hermanos ni las situaciones que se muestran se han dado jamás en ninguna familia de bien. ¡Y menos mal! Porque si hubiera sido al contrario, a mi no me hubiera dado ni grima, ni dentera; me hubiera dado mucho asquete. Porque no se vosotros, pero si me pongo a pensar en mi hermano en dichos términos… vomito.

Como os comenté todo esto conecta con la dicotomía entre Historia de O y Cincuenta Sombras de Grey. Mientras la primera nos sumergía en lo más sórdido y real de las relaciones BDSM; la segunda, nos mostraba la realidad más amable, edulcorada y real del asunto. Prohibido es al incesto lo que Cincuentas de Grey al sado; la versión comercial amable de una realidad bien diferente. ¿Que la otra cara no nos gustaría? ¡Seguro! Pero yo tampoco vendería la novela como algo que realmente no es. Eso es lo que valoro de la novela y en lo que creo que falla de pleno.

Además, también es cierto que, si le quitamos el componente del incesto, la novela se queda en una más del montón. Nada reseñable. Eso sí, el protagonista masculino es posible que se encuentre entre los más perturbados que he tenido el disgusto de conocer, y no está loquer precisamente por ponerse a tono con su hermana (que también un poco), está podrido desde el tuétano. Y llora. Llora mucho. No way!

En fin, supongo que ahora mismo tendréis las mismas curiosidad y grima que yo cuando conocí de la existencia de esta novela. ¿Coincidiremos esta vez en la opinión? ¡Ya me contáis!