No sé si a vosotros también os ocurre, pero, cuando visito la casa de alguien, siempre suelo fijarme en sus libros. ¡Tengo incluso mis propias teorías! Si hay muchos -algo que no suele pasar a menudo-, me encanta. ¡Puede saberse tanto de alguien por los libros que lee! Aunque, claro, tiene que gustarte algo la lectura para sacar conclusiones. Si no hay libros, no es lo peor que puede pasar; me sale la vena positiva… ¿Y si quizás los tienen escondidos en otro lugar de la casa, a poder ser, una inmensa biblioteca con dos pisos y escalerillas? ¡Imaginar es gratis! Pero, quizás, lo peor es cuando hay pocos… Se nota a la legua que están ahí en plan decorativo, que posiblemente todos sean regalados, y la inmaculada rectitud de sus páginas denota que no han sido abiertos jamás. Una pena… Y no es que yo sea un talibán de la lectura. Cada persona es libre de tener sus aficiones. Pero es tan bonito leer que pienso que quién no lee tiene una existencia bastante limitada, ya que solo vive una vida, ¿no?

Algo menos usual es tener la ocasión de leer libros de una casa que no es la tuya. ¿Os ha pasado alguna vez? Imaginad que tenéis que pasar una temporada en una casa que no os pertenece, y que os aburrís. Decidís echarle mano a un libro que, por supuesto, no es vuestro. ¿Cómo escoger? En mi caso, fue fácil. No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas de Laura Norton destacaba caleidoscópicamente (no sé si existe esa palabra) en una pequeña biblioteca eminentemente masculina. ¿Qué hacía allí? No tengo ni idea… pero como yo también me sentía un poco fuera de lugar, decidí atribuirlo al destino… Y empecé a leer…

¿El resultado? Posiblemente, si la trama no me hubiera tocado en lo personal y no me hubiera cogido un poquito sensible, hubiera tardado un poco más en leerlo. Creo que lo terminé en días, y, a lo largo de ellos, sentía cierta ansiedad por saber qué iba a suceder a continuación. Sin embargo, observándolo desde un punto de vista objetivo, tampoco tiene mucho donde rascar. No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas es un libro de encuentros y desencuentros; de historias inacabadas, que no se olvidan, y que se retoman en el futuro; de amores adolescentes; de fidelidad, lealtad y superación. Se deja leer, y su lectura es bastante agradable. Sin embargo, además de esto, poco más se puede destacar de la novela. Algunos aspectos no me cuadran. Por ejemplo:

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Y, por cierto, olvidad de plano la sinopsis del libro (sí, la que aparece al principio de la reseña). ¿”Unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas“? Me temo que el que redactó tamaño texto tiene más creatividad y más ambición que la propia Laura Norton en su libro…

Y hablando de Laura Norton… ¿Qué pensáis? ¿Merece la pena leer algo más de la autora? ¿Le doy una oportunidad?