Aunque me veáis siempre muy atareada con mis novelas de amor y mis galanazos de pro, he de decir que esta pequeña cabecita lectora empezó a gestarse con libros de Ágatha Christie. Me considero muy fan, tanto de los libros como de las películas, aunque no puedo considerarme una experta porque solo he leído unos cuantos (unos cuantos = a muchos) de los más de 60 que escribió esta increíble señora. Siempre me ha resultado un prodigio, y si no habéis leído ninguno de sus libros o aconsejo que os pongáis cuanto antes.

Lo maravilloso de esta entrañable novelista, según mi punto de vista, además de su enorme capacidad creativa para imaginar asesinatos, eran sus dotes magistrales para esconder y revelar lo que le daba la gana. Aunque yo lo seguía intentando con ahínco, siempre sabía que era inútil dilucidar quién era el asesino y cómo lo hizo durante el grueso de la novela… ¡Solo cuando la Christie quería podrías tener esa información! Y normalmente era al final… Los finales, por supuesto, eran sorprendentes, cautivadores, geniales… perfectamente, además, hilvanados de tal forma que parecía cristalino que fuera así… ¡¿Cómo no pude haberlo visto?!, me decía siempre. ¿Y qué me decís de los protagonistas? Ese genial Hércules Poirot y esa encantadora Miss Marpple. Como os digo: libros inolvidables, imprescindibles… ¡geniales!

Después de todas estas flores a la difunta Agatha Christie y a sus libros, os imaginareis que cuando vi que se había publicado un libro, basado en el universo de la Dama del Crimen, y que tenía como protagonista a Poirot, fui directamente, de lleno y en plancha por él… En fin, ya me conocéis, soy así. Desde luego, no tenía ni idea de quién era la autora de Los crímenes del monograma (descarté desde el principio que no era Agatha desde el otro mundo). Sophie Hannah, según parece, es escritora con varios bestsellers en su haber y fue elegida entre muchos para escribir este nuevo caso de Hércules Poirot. ¿Pasaría miedo cuando le comunicaron la noticia? A mí me hubiera dado un ictus.

En fin, bromas aparte, he de decir que, después de acabar el libro, hubo una cosa que me llamó la atención. ¿Por qué no me olió el asunto a chamusquina? Por qué no pensé: ¿Qué es eso de que una escritora-que-no-es-Agatha escriba libros de Agatha? ¿Por qué fui con la sensación de que me iba a gustar el libro y no en plan dios-si-agatha-levantara-la-cabeza? Nunca pensé en la aberración que puede llegar a ser que un escritor retome el trabajo de otro escritor que está muerto y que está a la altura de los Santos de la Literatura (por lo menos en lo que a mi respecta). Por qué no pensé (lo debería haber pensado): ¿Quién va a poder escribir un libro como Ágatha? ¡Era única! ¡Es imposible! ¡Será un intento por ganar dinero a costa de una difunta! Sabéis que soy mala… Pero en este caso, no lo fui… Al menos antes de leerlo…

Supongo que yo, de manera equivocada (ahora sé que me engañaba),  siempre había pensado que, aunque a Agatha Christie había que reconocérsele su genio escritor y su gran creatividad en cuanto a asesinatos, crímenes y venenos, sus novelas, por lo general, eran muy sencillas (aunque, como en todo, hay excepciones); tenían una estructura muy definida de presentación-nudo-desenlace, eran muy parecidas entre sí, y por eso, supongo, no decepcionaban a nadie. Un crimen a cada cual más extraño y espectacular, un rompecabezas magistral y una solución más allá de las expectativas. Por eso, supuse que la labor de Sophie Hanna era, en parte sencilla: Tenía casi todo hecho, ¡era poco probable fallar!

Sin embargo, parece ser que las novelas de la Christie no eran tan facilonas…

En fin… Esto, queridas y queridos míos, es como todo: Si no has leído ningún libro de Agatha Christie, además de haber cometido un gran pecado y sacrilegio lector a mi modo de ver, te gustará Los crímenes del monograma de Sophie Hanna. Si has leído algunos libros de la Reina del Crimen, te resultará entrañable encontrar personajes, formas de hablar, situaciones en definitiva, que te recordarán a todos esos libros maravillosos que leíste. Bajo mi punto de vista, el libro de Sophie Hannah está a la altura de un libro normalito de su predecesora… y tampoco es moco de pavo. Creo que Hannah se intenta impregnar tanto de la atmósfera Christie que se olvida realmente de lo importante en un libro de esta índole: lo espectacular, el dejarte con la boca abierta… en definitiva, lo realmente prodigioso que definía a un verdadero libro de Agatha Christie.

A ver, no es previsible, pero es un poco… soso. Esperaba más, como fan incondicional de Christie. Sin embargo, supongo que para las nuevas generaciones (¡Por favor! ¡Qué viejuno me ha quedado eso!) puede ser una especie de renacimiento de este tipo de novelas, que, la verdad, nunca está de más. Por mi parte, os recomendaría cualquier libro de Agatha Christie antes de leer este, y luego, si queréis, podéis leer el de Sophie Hannah… y comparar.