En las manos de las furias de Lauren Groff, es una novela que llegó a mi encumbrada por grandes titulares. Bestseller de The New York Times; Finalista del National Book Award; Mejor novela del año en Amazon; Mejor novela del año según Obama… (¡según Obama! Ni más ni menos). Como ya sabéis, suelo hacerle poco caso o ninguno a este tipo de estrategias… Aunque, lo del Mr. President me tocó la fibra… Bromas a parte, cuantas más purpurina le pongan a una novela, más suelo huir de ella; cuanto más la anuncien en radio o televisión, más a chamusquina me huele; y, aunque hay honrosas excepciones, no me suelo equivocar al pasar de ellas.

Encima, En las manos de las furias no tiene lo que se dice un comienzo fácil… De hecho, podríamos decir que no tiene una primera mitad asequible. Además de que la narrativa de Lauren Groff es un tanto diferente a lo que solemos tener por aquí — después de leer según qué cosas, un salto de calidad en la escritura requiere que mis neuronas se acostumbren un poco a lo bueno —, los saltos en el tiempo, los cambios de perspectiva y el uso de otro tipo de géneros literarios dentro de la novela, como el teatro, hace que todo se vuelva bastante desconcertante. Para bien.

No llega a engancharte, pero te gusta lo que lees. Sabes que los temas que se tratan son de gran trascendencia, que se está cociendo algo grande a fuego lento, pero te desconcierta llegar a casi la mitad de la novela sin que realmente pase nada. He de reconocer que estuve a punto de claudicar. Estaba muy desconcertada; ni siquiera sabía qué os iba a contar en esta reseña. ¿Me gustaba? ¿Lo recomendaría? ¿Lo terminaría? Me imaginaba a Obama leyéndolo, comentándolo con Michelle, incluso comparando un poco su situación personal con lo que en el libro acontecía, y siempre terminaba pensando: Mira que si este libro no está hecho para mi, señor Obama.

El caso es que seguí leyendo, y menos mal que lo hice. A partir de la segunda parte, el libro se transforma. Se vuelve eléctrico, adictivo… Te engancha de tal manera que no puedes parar de leer. Te emociona y te derrota… ¿Me ha gustado? ¿Lo recomendaría? ¡Por supuesto que sí! ¡Mucho!

¿Pero de qué va En las manos de las furias? De mucha cosas, como suele ocurrir en las buenas novelas. Principalmente, es el retrato de un matrimonio, contando desde los puntos de vista de cada miembro de la pareja. Al igual que la novela, lo que en apariencia, y en un principio, parece una narrativa dulce de un matrimonio, es la máscara que esconde una realidad mucho más amarga: los egoísmos, los miedos, los anhelos, lo que se dice, lo que se calla, lo que no se ve, lo que parece que se ve…

Lo más sorprendente de todo ello es que, a pesar de lo descarnado que es en esencia todo, es algo que cualquier persona que viva en pareja sabe reconocer. Es algo que ocurre en las parejas, aunque no nos guste asumirlo. En las manos de las furias no es una novela indicada para aquellos a los que les gustan que los personajes sean siempre malos o siempre buenos. Groff nos hace partícipes de la auténtica naturaleza del ser humano — a veces ángel, a veces demonio — con ciertas dosis de empatía que hace que nos reconozcamos, para bien o para mal, en cada una de las caras de este ¿singular? matrimonio.

Por otra parte, En las manos de las furias es un novela sobre la mujer; sobre la femineidad, sobre su fuerza, y la sobreprotección de lo masculino, la falsa dependencia hacia lo masculino. Se mueve sutilmente alrededor de ese manido dicho de que siempre detrás de un gran hombre se encuentra una gran mujer. Mujeres en la sombra, que se encargan del trabajo sucio, que a veces caen peor, si es que acaso te das cuenta de que están ahí, y que son queridas en la medida y en la forma en que ellas se quieren o admiten ser queridas. Quizás por eso la segunda parte de la novela — la parte femenina del asunto — sea la que más me ha llamado la atención; la más retorcida pero la más auténtica. Una visión del matrimonio, por parte de la mujer, con la que muchas nos sentiremos identificadas.

En definitiva, no sé si En las manos de las furias será el libro del año. A mí me ha gustado bastante; te lo recomendaría, si me preguntaras y yo supiera que tienes la suficiente madurez y paciencia para disfrutar un libro como este. Paciencia, para resistir la primera parte, tan ardua, de la novela; madurez, para tener la suficiente apertura de miras para comprenderla e interiorizarla. Este libro de Lauren Groff debe leerse despacio, con tiento, asimilándolo… Te aseguro que, cuando pase el tiempo, no lo habrás olvidado.