Acabo de terminar El primer hombre de Roma de Colleen McCullough, y ¿qué os puedo decir? ¡Que me ha encantado! Ha ocupado, casi directamente, una plaza en el olimpo de los libros predilectos de El Ojo Lector. No está a la altura de “Canción de hielo y fuego”, claro, pero ¿qué libro lo está?.

El primer hombre de Roma es el primer libro de la pentalogía que Colleen McCullough dedida a la antigua Roma. Es un libro denso. Normalmente, tengo la costumbre de leer mientras veo la televisión o escucho música. No me preguntéis por qué, son simples manías. Con éste libro me ha sido imposible. Como os comento, el libro es bastante denso, hay muchos datos y muchos nombres en latín (pero no os preocupeis, que hay un estupendo epílogo que explica al detalle cada uno de estos términos). Todos los personajes, como es normal, tienen nombres en latín y, después 1000 páginas de lectura, os puedo confesar que me sigue resultando muy lioso hacerme a los nombres de las familias romanas. Por lo tanto, es un libro que exige toda la atención posible, porque perderse en fácil. Con esto no quiero decir que sea un libro pesado, todo lo contrario. Es fácil de entender además, la escritura, ilustra cada capítulo con un retrato personal de los personajes más relevantes, así como proporciona mapas y esquemas para una correcta comprensión. Eso sí, tampoco es una lectura ligera. Cuesta un poco entrar, pero cuando lo haces, casi podrías pasar por un personaje de la época.

El primer hombre de Roma nos relata, como bien dice su subtítulo, el enfrentamiento de Mario y Sila por alcanzar el poder y la gloria. Evidentemente, Mario y Sila son personajes reales, que existieron, y altas figuras de la política durante la República Romana. Ambos, provenientes de orígenes muy dispares, pugnan por ser el primer hombre de roma, el primero entre iguales, y, os puedo asegurar, que la lid es ardua.

En el libro, encontraréis todos los alicientes de la novela histórica: personajes y situaciones reales (para mi gusto, muy fieles a lo que aconteció en realidad), batallas, guerras y descripciones preciosas de civilizaciones perdidas. Pero, por otro lado, no faltan las conspiraciones, las conjuras, las puñaladas por la espalda. Si lo leéis, en algún momento de vuestra lectura os diréis: ¡cómo se las gastaban los romanos! Sus tramas no tienen nada que envidiar a los movimientos de ajedrez de George R.R. Martin. En el libro de McCullough se cumple eso de que la realidad supera la ficción. Como dice mi madre: ¿por qué conocer lugares remotos, cuando no conocemos ni España? ¿Por qué adentrarse en complejas tramas inventadas cuando desconocemos los estimula

Por otro lado -y esto son pamplinas mías- una de las cosas que más ilusión me ha hecho de leer este libro es precisamente eso: que son situaciones y personajes reales. Llevo más de un mes conviviendo codo con codo con Cayo Mario, con Lucio Cornelio Sila, con sus mujeres, sus enemigos, sus ejércitos… Hasta cierto punto, para mí, han sido simplemente personajes -muy buenos, eso sí- de un magnífico libro. No obstante, son personajes reales: Se conservan, aún, bustos y estatuas de Cayo Mario; la wikipedia tiene una extensa biografía del susodicho, y de sus cuñados, y de sus esposas. Además, me ha recordado mucho a mi adolescencia. Cuando leía/traducía Las Catilinarias de Cicerón, o la Guerra de Yugurta de Salustio (que, por cierto, se describe magníficamente en este libro). Y lo mejor de todo es que, como ya sabemos, la Historia no acaba aquí. ¡Sigue en el segundo libro: La Corona de hierba!