Me gusta mucho la literatura japonesa, a pesar de que en el blog no hay muchos libros japoneses reseñados. En realidad, y para no engañarnos, me encanta todo lo que viene del país del sol naciente, desde su gastronomía, hasta el manga, el anime, los haikus, los grabados, las geishas, los samuráis… Mi piace tutto!! Sin embargo, aunque estoy totalmente convencida de que podría estar comiendo comida japonesa de por vida, tampoco es que sea una adicta. No sé, de vez en cuando — y en esto me refiero a los libros — suelo darme el gustazo y sumergirme en un buen cómic o en un buen libro. En cambio, todo junto, de por vida… ¡no! Además, si así fuera, creo que no los valoraría tanto.

En cuanto a literatura japonesa, casi todo lo que leo suelo agradarme. Siempre me gustó mucho Murakami, y disfruté sus libros Sputnik, mi amor o  Tokio Blues. Sin embargo, perdí un poco el interés con El pájaro que da cuerda al mundo, porque no llegué a entenderlo. Y es que, al contrario de lo que suelo decir normalmente, la literatura japonesa no es para todos. No digo, para nada, que sea algo encaminado a seres superiores o culturetas de postín. No, no voy por ahí. Es cuestión de sensibilidad y apertura de mente. La japonesa es una sociedad muy diferente a la nuestra, no os imagináis hasta qué punto. Hasta mediados del siglo XIX, Japón era un país aislado con respecto a occidente; la suya era una sociedad feudal. Aunque ha ido europeizándose a pasos agigantados, su relación con occidente es de menos de 250 años. Es normal que sean y los percibamos como diferentes.

A veces, nos chocan las novelas japonesas porque se desarrollan con otro ritmo, todo en ellas está un tanto encorsetado, y, a veces, resultan difícilmente racionalizables desde nuestro lado. A mí me encantan precisamente por todo eso. Adoro la sensibilidad de los escritores y escritoras japoneses, la manera tan particular con la que ven el mundo y lo describen, y sus tramas, a veces, un tanto extrañas. Siempre me sorprende la manera en que los personajes suelen relacionarse, tan diferente a occidente y diametralmente opuesta a la mediterránea, pero lo contemplo todo como algo exótico y precioso. La contención en cuanto a los sentimientos hace que todo lo relacionado con estos se base en los gestos, en los detalles, en la sensibilidad… Todo muy diferente a lo que, por lo general, solemos leer.

Por eso, he adorado El cielo es azul, la tierra blanca: Una historia de amor. Hiromi Kawakami, la autora, a pesar de ser una de las novelistas más célebres de Japón, hasta hace relativamente poco, era una total desconocida en España. La novela que hoy nos ocupa es uno de sus trabajos más conocidos y por la que ha sido galardonada con diferentes premios. En líneas generales, y como bien dice el título, aborda la historia de amor de una pareja bastante dispar. Ella ronda los treinta; él, los setenta. Comparten soledad mientras beben, y a partir de esa asiduidad se genera una intimidad que desemboca en una historia de amor. Aunque el tema de la diferencia de edad es bastante tratado, Kawakami también se centra en otros muy interesantes como la relación maestro y alumna, la sumisión y la dominancia, la diferencia entre el japón tradicional y el moderno, la soledad, el alcohol para paliarla…

El cielo es azul, la tierra blanca: Una historia de amor es una buena novela y, como os suelo decir en estos casos y como suele ocurrir, va de muchas cosas. Muchos aspectos en ella son más que destacables. En primer lugar, toda la telaraña de temáticas que se entretejen en su fondo, que os he señalado anteriormente. En segundo lugar, su cara externa, que es de una belleza abrumadora. Aunque podríamos calificarla de minimalista, ya que Kawakami en ningún momento hace por la labor de adornarla o influir negativa o positivamente en el lector, la novela es un canto a la belleza de todo lo japonés. Por momentos, se convierte en una especie de relato costumbrista, donde aparecen genialmente descritas, entre otros, la flora, la fauna, la gastronomía o la literatura del país. Aspectos que el sibarita de lo japonés disfrutará intensamente. En las descripciones de Kawakami, no hay adorno, porque todo ya de por sí es tan bello, que solo hay que mostrar la propia realidad para trasmitir su auténtica belleza. Todo es tan delicado, tan precioso, que cada capítulo, cada párrafo, es una auténtica joya.

Y la mayor joya es, como no, la historia de amor, que se desarrolla con tal delicadeza que termina convirtiéndose en imprescindible e inolvidable. Ella, todavía encallada en la niñez, busca una persona como el Maestro; él, maestro de profesión, durante años en una relación de sumisión, necesita a una alumna que lo complemente. Es como si fueran el yin y el yan. Medias naranjas que se han encontrado in extremis. Una relación que los hará mejores, que los hará avanzar, a pesar de todo.

En definitiva, es una novela maravillosa que os cautivará, siempre que la leáis con mente abierta y positiva. Si como yo, tras leerla, necesitáis respuestas, más análisis, sobre lo leído, a mí me ayudó mucho este artículo de Liliana Costa, donde se comentan los aspectos más destacados de la novela