Cada siete olas

Leo Leike vuelve de Boston tras poco menos de un año. En casa lo esperan noticias de Emmi Rothner. Ambos se dan cuenta de que sus sentimientos no han cambiado y piensan que quizás deberían verse una vez en persona. Pero Leo ha empezado una relación y Emmi sigue casada. Aunque, como nos enseña la nueva novela de Daniel Glattauer, después de que seis olas rompan en la orilla llega la séptima, y ésa trae siempre muchas sorpresas...

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Reseña

Cada siete olas es la segunda parte de Contra el viento del norte de Daniel Glattauer. Así que lo primero que tenéis que hacer es leer el primer libro. Esto es, básicamente, por dos razones. Una, no os enteraréis de mucho y dos, el primero es definitivamente mejor que el segundo.

Sí, señores. El tópico vuelve a hacer acto de presencia en El Ojo Lector. Segundas partes nunca fueron buenas, por ello, la primera tiene 5 estrellas y, esta segunda, sólo 3.

Cada siete olas se lee igual de rápido que Contra el viento del norte. Es decir, sólo os llevara la mitad larga de una tarde. En ese sentido, perfecto. No obstante, lo que realmente diferencia al uno de otro es el factor sorpresa. Mientras que en el primero el formato e-mail es una gran novedad, directo, adictivo y genial, en el segundo, todo se vuelve un poco monótono.

Como sabréis, Contra el viento del norte tenía un final un tanto triste (no quiero spoilear). Sinceramente, me hubiera contentado si terminaba así. Es decir, en la vida se pierde y se gana, no siempre tienen que ser finales felices pero, también, admito que me alegré mucho cuando supe que existía una segunda parte.

Quizás, esperaba que en el nuevo libro se abandonara la estructura epistolar. La verdad es que el primer libro me encantó pero, en algunos momentos, veía un tanto forzada la historia cibernética. Se notaba que, en algunos momentos, el escritor hacía reales esfuerzos por intentar que la trama funcionase en ese sentido. En el segundo libro, creo que, en un momento determinado, debería haber pasado a narrar directamente. Y, desde mi punto de vista, hubiera quedado genial el efecto. Por el contrario, Glattauer se obstina en seguir con la dinámica epistolar, sacándole con sacacorchos los ideas a los personajes, exprimiendo hasta la extenuación una historia que no va. Por otra parte, el final es totalmente previsible desde la página número uno.

A medida que discurre el libro, esos personajes tan centrados y maduros… se transforman en niños. Haciendo chiquilladas, les faltaba jugar a “atrevimiento o trato”. ¡Pregúntame!, ¡No! te pregunto yo, Cuelga tú. No, cuelga tú… Cosas de ese estilo. En definitiva, que se podría haber ahorrado unas cuantas páginas que no le hubieran dado ni para medio libro.

En definitiva, Cada siete olas  es la muestra de que, en literatura, no se puede abusar demasiado de lo que funciona. ¡Hay que atreverse a cambiar, hombre!

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)