A primera vista, la Bilogía Lucía de Saray García recuerda muy mucho a saga de Elísabet Benavent. El uso del nombre de la protagonista para conformar la saga, los propios títulos consecutivos de las dos novelas, además, claro está, de la propia historia: novela de amor calentita y romántica, como macizorros a granel, amigas locas y zapatos y ropa de marca. Además, tal como ocurre en las novelas de @betacoqueta, la Bilogía Lucía también engancha mogollón.

Sin embargo, como se suele decir por aquí, no todo el monte es orégano y, ni mucho menos, oro todo lo que reluce. Aunque las novelas de Saray García parten de mimbres claramente exitosos — de hecho, le han funcionado de maravilla a Benavent — y que propician que la saga sea ciertamente adictiva, el resultado, en lo que respecta a ambas autoras, es difícilmente comparable y desigual.

En primer lugar, porque las novelas de Saray García están todavía un tanto verdes. Se nota muchísimo que son las primeras obras de la autora, y aunque tiene un mérito enorme eso de empezar a escribir y plantarte en un mercado con una saga, también es cierto que las novelas adolecen de lagunas a niveles de historia y estilo. A su favor, también hay que decir que las novelas ganan en enjundia a medida que avanzan; aunque también es cierto que el carácter fresco y desenfadado de un principio se pierde en pos de tópicos y discursos manidos con frases casi sacadas de un meme de Facebook, que no me han gustado demasiado.

La historia, como os comentaba en un principio, es un poco más de lo mismo: chica en la treintena, con futuro amoroso y profesional comprometido, inmersa en un triángulo amoroso. ¿Os suena?. El planteamiento tampoco es que sea malo; digamos que es, simplemente, más de lo mismo. Es predecible, típico, cargado de tópicos… Eso sí, son libros que enganchan como un demonio y, en honor a la verdad, se dejan leer y la autora no suele irse demasiado por las ramas, cosa que se agradece.

Por otra parte, hay que admitir que los chicos que desfilan por las páginas de esta Bilogía Lucía no están nada mal. Son demasiado perfectos  — como los de Benavent — pero, como siempre digo en estos casos, a nadie le amarga un dulce, ¿verdad? No nos quejaremos por eso. Sí, son bastante irreales, aunque todavía no tengo muy claro si lo son por estar buenos, forrados y ser dioses del sexo, o por llegar a enamorarse — ¡qué digo enamorarse! ¡perder la chaveta! — de un ser tan odioso, obtuso y desastroso como Lucía, la protagonista la historia; la total responsable del fracaso de esta bilogía en lo que a mí respecta.

Sí, amigos y amigas, nos encontramos ante un nuevo caso de protagonista petarda e inaguantable. Ya sabéis que mi historial de odio a las protagonistas va camino de convertirse en algo patológico, pero creedme: Lucía no solo cumple todos los requisitos para exasperarme completamente, es que, además, se lleva la palma. Es ordinaria a más no poder, y no es que tenga yo algo personal en contra de las ordinarias. De hecho, no me caen excesivamente mal en la vida real. Sin embargo, estoy muy en contra de la vulgaridad porque sí y gratuita. La chabacanería para hacer la gracia, para que el personaje parezca supercool (si puede ser cool ser ordinaria), en plan soy-una-pija-que-viste-de-marca-y-se-codea-con-la-high-class-pero-en-la-intimidad-le-llamo-putita-y-zorrón-a-mi-mejor-amiga. No way!

Lucía tiene la lengua de un camionero — es una expresión, ¡Lo siento, camioneros del mundo! — y tiene la horrible costumbre de decir «Holaaaaaaaa» en vez del tan recatado y bonito «Hola» de toda la vida. ¿No os exaspera eso? En lo que a mi respecta, es como si me dieran una patada en el mismo estómago. Por favor, un libro no es una conversación de WhatsApp. 

Además de todo esto, es que, encima, Lucía me cae mal. Hubo un detalle, que se me atragantó totalmente en la garganta y que me hizo hacerle la cruz totalmente. Os lo pongo en plan spoiler para que no os enfadéis conmigo.

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En fin, Lucía es el caso típico de personaje odioso que puede llegar a cargarse una saga. ¿Habéis leído la Bilogía Lucía? ¿Pensáis leerla? ¿Le daréis una oportunidad? ¿En serio queréis conocer a Lucía? ¡Se admiten comentarios!