Recuerdo que, el año pasado por estas fechas, estaba con mi pareja en plena discusión sobre el destino de nuestras vacaciones de verano. Por lo general, siempre vamos al norte de España, por lo que era prácticamente normal que Navarra fuera uno de los destinos que podíamos elegir. Yo había estado en el año 2000 y mi experiencia no fue muy buena, la verdad. Supongo que, con 18 años, y conociéndome a mí con esa edad (lo más importante), un pueblo perdido cerca de la frontera con Francia era lo menos excitante del mundo. Pero bueno, los años pasan, creces, hacen sobre el pueblo y sus brujas una película y, lo más importante, te acuerdas del verde. De lo verde que era Navarra… Y, entre una cosa y otra, nos decantamos por visitarla. Todo un acierto, he de decir.

Por otra parte, yo sabía que había una Dolores Redondo que escribía libros, pero, la verdad, no le echaba mucho caso. No sabía de qué iban sus novelas, donde se desarrollaban y menos que fuera la autora de una trilogía. Ya me conocéis; si hubiera sabido que se trataba de una, quizás, hubiera ido tras ella como pollo sin cabeza.

No obstante, -cosas que pasan-, apenas unas semanas antes de hacer las maletas para irnos a nuestra aventura navarra, sin más motivo que el destino, supongo, empecé a leer El guardián invisible, e imaginad la sorpresa que supuso para mí que se desarrollara en Navarra y que fuera a tener, por consiguiente, en pocas semanas, la oportunidad de visitar los lugares sobre los que estaba leyendo. Fue como tocar una patita de conejo. ¡Triunfé!

Supongo que mi relación con las novelas de Dolores Redondo siempre estuvo marcada por el factor sorpresa. Fue una sorpresa encantadora que se desarrollaran en mi próximo destino vacacional, pero lo fue aún más la propia temática de los libros. Por lo que yo había escuchado por ahí, pensaba que las novelas eran una especie de refrito a la española de libros del estilo de los de Camilla Läckberg: es decir, crímenes, novela negra y mucho frío. A mí, los libros de ese tipo no me van excesivamente, por eso, quizás, esquivaba deliberadamente los libros de Redondo. Sin embargo, solo basta leer algunas páginas de El guardián invisible para darse cuenta de que los libros de esta escritora van mucho más allá de todo eso: hay crímenes, horror, sangre, frío (aunque más que frío, humedad) y misterio, sí. Sin embargo, lo más importante, y supongo que eso es lo que hace que esta Trilogía del Baztán sea tan increíble, es el universo mágico, casi paranormal, que otorga el propio hecho de que se desarrollen en Navarra.

Hace algunas semanas, una gran amiga me comentaba que estaba leyendo El guardían invisible, y que se acordaba de mis fotos publicadas en Facebook de esos maravillosos días que pasamos en Navarra, recorriendo sus ríos, montañas, gargantas y bosques. Supongo que ese viaje supuso que en mí hayan calado tan hondo estos libros. Solo sumergiéndote en lugares tan magníficos como la Selva de Irati o el Nacedero del Urederra, puedes participar de toda la magia y el potencial como lugar formidable para una historia como la de Redondo. ¡Maravillosa tierra Navarra!

Gracias al inmejorable entorno, la Trilogía del Baztán está compuesta por tres formidables novelas de crímenes y misterio, que conectan directamente con el excelso folclore de la zona y lo sobrenatural. Aunque no son novelas de terror, he llegado a sentir un miedo bastante real al leerlas. Aunque Redondo se apoya, como os comento, en lo mágico y en el folclore vasco, también ahonda en otros aspectos de la psique humana que me han llamado mucho la atención (y aterrorizado). Es el caso, por ejemplo, de la relación materno-filial que se desarrolla entre la protagonista y su madre. Algunos pasajes al respecto, la manera en que la autora desarrolla el tema, pone los pelos de punta, y no desde el punto de vista del drama. Espanta de horror.

En general, los libros son espléndidos, enganchan mogollón y son muy interesantes, así, que le he otorgado las cinco estrellazas que creo que se merecen. No obstante, he de decir que, aunque el último libro (Ofrenda a la Tormenta) es igual de adictivo y absorbente que el resto, es un tanto decepcionante. No eran Lost, pero si es cierto que, a lo largo de los libros, se habían dejado muchos cabos sueltos que, lamentablemente, no se han podido cerrar -por lo menos, no a la altura de lo que la trilogía se merece- en la última entrega. Os pongo de manera oculta, algunos aspectos que me han defraudado:

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A pesar de todo, creo que son libros imprescindibles. Además, ya tenéis la trilogía completa, para que nada os corte el rollo… ¡A qué esperáis!