La reseña de hoy trata acerca de un libro que siempre quise leer: Rebeca de Daphne du Maurier. Quizás, mi empeño hacia su lectura no esté encaminado tanto al plano literario como a la obra cinematográfica en sí. Y es que, por un aspecto o por otro, Hitchcock siempre ha estado muy presente en mi vida. Durante la carrera, tuve la oportunidad de estudiar algunas de sus películas, y he de reconocer que es un director alucinante. No obstante, no estaba en la Universidad cuando ví por primera vez Rebeca. Eso fue mucho antes, cuando era algo más pequeña,  y  la Sra. Danvers era para mí en un ser casi demoníaco.

En otros artículos, os he manifestado mi aversión hacia Bram Stoker y mi particular campaña a favor del Drácula de Coppola, una de las contadas ocasiones en la que la película supera muy mucho a lo anteriormente escrito. La película de Coppola, en este sentido, sobrepasa de pleno cualquier parte del libro de Stoker, aunque me atrevería a decir que cualquier adaptación del mito es mejor que cualquier libro de este escritor. Pues bien, en el caso que nos ocupa, es cierto que Du Maurier no es Stoker (gracias a dios) y que Rebeca es un buen libro, pero también es cierto que la película de Hitchcock es mejor; sobre todo si en lo que concierne al final.

No obstante, vayamos por partes. En primer lugar, hay que decir que Rebeca está indicado para personas a las que les encantan libros como Jane Eyre u Otra vuelta de tuerca. Es una aproximación, muy certera, a la novela gótica, al terror y, en definitiva, a la novela de misterio. En este sentido, la novela de Daphne du Maurier es sensacional. Es muy entretenida y se lee a buen ritmo. La tensión se mantiene aceptablemente y, sobre todo, el suspense. Aunque yo había visto la película, y tenía cierta ayuda, también es cierto que no me resultó una lectura pesada. Es decir, aunque era consciente del argumento, es fácil encontrar alicientes en la lectura que, por suerte o por desgracia, no aporta el cine. No es cuestión de algo peor o mejor, sino diferente.

Luego está el personaje de la Sra. Danvers, uno de los más inquietantes de la historia de la literatura, y profundo fetiche del “ama de llaves” de la novela gótica. Du Maurier construye, en torno a ella, un universo de suspense, locura y maldad, que ha marcado a una generación (aunque no hay que quitarle ningún tipo de mérito al señor Hitchcock). Es, sin duda, uno de los mayores atractivos del libro y una de los elementos de obligación para leerlo.

¿Qué falla entonces? ¿Por qué le he dado tan mala nota? Por el final, o mejor dicho, por la falta del mismo. En síntesis, cuando lo terminé, pensaba que me faltaba parte del libro. Os podréis imaginar la manera tan abrupta en la que termina.  Y lo peor de todo es que el final de la Rebeca de Hitchcock es tan alucinante y espeluznante, que se echa muchísimo de menos. De todas formas, aunque no existiera la película, se echaría en falta el final. Luego, escuchas a los intelectualices de turno comentar que qué maravilla, qué genialidad eso de dejar un final abierto… Particularmente, los finales abiertos me tocan directamente en lo más profundo de mi ser. En primer lugar porque un libro tiene que tener un final, sea triste o feliz, sea bueno o malo,… pero hay que terminar. Algunos escritores lo dejan abierto para que el lector lo acabe según considere… tal como acaba Rebeca, parece que a Daphne du Maurier o le dio un jamacuco y no pudo terminarlo, o no tenía ganas de hacerlo. Igual, eso estaba de moda en sus tiempos… a mi me parece una forma horrible de terminar un libro. Porque, digo yo, puestos a imaginar finales, podemos imaginarnos el libro entero y así ahorramos dinero y tiempo, ¿no?

Así que, en resumen, muy buen libro hasta que se llega a un final inexistente. ¿Que queréis que os diga? Os recomiendo, mejor, la película.