Pequeños fuegos por todas partes

En Shaker Heights, una tranquila y próspera zona residencial de Cleveland, todo está planeado, desde el trazado de las carreteras, hasta el color de las casas, incluso el éxito de la vida futura de sus vecinos. Nadie encarna mejor este espíritu que Elena Richardson, cuya vida se rige por un principio fundamental: jugar siempre dentro de las reglas sociales. Cuando Mía Warren –una artista enigmática con un pasado misterioso– llega a esta idílica burbuja con Pearl, su hija adolescente, empieza la historia que las colocará a ambas en dos extremos dramáticamente opuestos.

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Reseña

Empecé a leer Pequeños fuegos por todas partes de Celeste Ng porque fue el mejor libro de ficción de 2017 para los usuarios de Goodreads. De hecho, lo tenía ahí, entre los libros que me gustaría leer, a la espera de que fuera traducido (y publicado) en español.

¿Qué me iba a encontrar? No tenía ni la menor idea: hacía tanto tiempo que lo había metido “en la cesta”, que ya ni siquiera recordaba de qué iba. Eso sí, estaba lo de Goodreads, por lo que supuse que, tratara de lo que tratara, algo debía de tener, ¿no?

Pequeños fuegos por todas partes es uno de esos libros en los que parece que no pasa nada a simple vista, pero en los que sabes que algo muy rico y potente se cuece en su interior. ¿De qué va? En apariencia, trata de una madre y una hija que deciden asentarse, después de una vida más bien nómada, en una pacífica y placentera ciudad que se caracteriza por su amabilidad, sus buenos colegios y su gran calidad de vida. Las relaciones que se establecen entre los miembros de la comunidad y las recién llegadas determinarán la vida de todos y sacarán a la luz secretos y miserias.

Sin embargo, la novela va más allá. Celeste Ng traza un desgarrador retrato no solo de la sociedad americana, sino de la propia naturaleza humana; un espejo donde se refleja todo lo que somos, todo por lo que luchamos ser (o no) y todo en lo que finalmente nos convertimos. La autora hace pivotar la novela entre las muchas similitudes que unen a las personas y las muchas diferencias que las separan, haciendo especial hincapié en el riesgo de ser diferente, de salirse del redil, de no seguir lo socialmente establecido como lo normal.

La señora Richarson se dio cuenta de que a Mia le traía sin cuidado lo que pensaran de ella, y esta indiferencia la hacia peligrosa

Siempre había sabido lo peligroso que era el fuego, la asombrosa facilidad con que se propagaba, subiendo veloz por los muros y las zanjas. La chispa saltaba como una pulga, y luego las llamas podían recorrer kilómetros impulsadas por la brisa. Así que más valía vigilar la chispa, pasándola con cuidado de una generación a otra como una antorcha olímpica. O quizás se tratara más bien de salvaguardarla celosamente como el recuerdo del bien que anida en el ser humano: una llama eterna que nunca debía quemar nada. Controlada. Dominada. Felizmente cautiva. Lo fundamental era evitar el incendio.

Los Wright eran un matrimonio de clase media y habían vivido toda su vida de casados en una casa amarilla de estilo rancho en una apacible ciudad para gente de clase media. Para ellos, trabajar significaba arreglar cosas o fabricar algo útil: si un objeto no cumplía ninguna función práctica, les parecía absurdo crearlo. Arte era lo que hacía la gente a la que le sobraban tiempo y dinero.

Una vez plegada, la máquina se guardaba en una caja del tamaño de un maletín: a sus padres les disgustaba que ese trasto en el que se había gastado un dineral cupiera en un receptáculo tan pequeño.

En este sentido, Celeste Ng, por medio de sus personajes, saca las vergüenzas y desgracias de todos aquellos que creen vivir en el lado correcto de la vida: la falsa caridad, la envidia, la apropiación del mismo mundo, simplemente, por haber nacido en el lado privilegiado de la balanza,… son temas que se tratan sin ningún tapujo y con total naturalidad. En Pequeños fuegos por todas partes no se juzga, se muestra, se enseña sin valoración: el propio lector será el que saque las pertinentes conclusiones. Eso si, no será nada fácil posicionarse.

Para ella el asunto era muy sencillo: Bebe Chow había sido una mala madre, al contrario que Linda McCullough. Una de ellas había seguido las reglas; la otra no. Pero lo malo de las reglas era que no admitían matices, porque presuponían que había una manera justa y otra injusta de actuar. En la mayoría de los casos, sin embargo, no eran más que convenciones: nada se podía considerar totalmente justo ni totalmente injusto, y era difícil saber con certeza quién tenía razón en un conflicto.

En general, es una novela que me ha encantado: me ha sobrecogido y emocionado por igual. La narrativa de Celeste Ng, amable y adictiva, introduce sin vergüenza temas prohibidos, pero muy reales, con los que todos, más de una vez, hemos topado en la vida. 

La única razón por la que no tiene cinco estrellas, y la única pega que puedo ponerle al libro, es el final: para mi gusto, un tanto precipitado, no muy justificado y algo delirante. Por lo demás, me ha parecido un libro muy acertado que, además de enganchar mogollón, nos hace reflexionar. De hecho, es uno de esos libros que se digieren después de leerlo, no tanto al hacerlo. Así que… ¡Muy recomendable! ¿Le daréis una oportunidad?

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)