Soy de la idea de que si un libro no te engancha o tienes constantemente la sensación de que es interminable y no sabes como acabarlo, si te da pereza seguir leyendo y ya no te interesa nada más que cuando llegará a su fin para leerte otro mejor, creo que lo mejor es dejarlo. Hay que olvidarse de extraños orgullos y dejar de obligarse a leer como si se te fuera la vida en ello. Eso es, sin lugar a dudas, lo que me ha ocurrido con La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.

El libro es buenísimo (lo digo totalmente convencida), trata de las relaciones personales entre los personajes de la obra, que se entrelazan, se rompen y se encuentrar, en una Praga ocupada por el comunismo. En una época de revoluciones, de libertad y, a la vez, de censura y castigo. Se filosofea y se profundiza sin ningún pudor en las emociones de los personajes y en sus infancias complicadas que fecundarán vidas laberínticas. La acción, muchas veces, carece de sentido, en pos de esa interioridad tan importante y tan olvidada en muchas obras.

Pero…

Sin embargo…

No me ha enganchado, se me está haciendo muy cuesta arriba y, fiel a mi filosofía de no tener que tragarme un libro por vía intravenosa o anal, lo devuelvo a los anaqueles de mi librería… Quizás, en una próxima lectura, pueda sacar de él todo lo que la mayor parte de sus lectores alaban.

Hasta entonces… sigo con mis libros…