Hay libros que, cuando los ves en las estanterías/mesas de una librería, provocan cierta tirria. Esos de los que piensas que son carne de reediciones, de bajadas de precios masivas, de señoras de mediana edad que lo recomiendan encarecidamente, sin comentar que es el único libro que han leído en cinco años (y eso con suerte). “La historiadora” es un libro de esos. No sé cómo lo adquirí. Seguramente, me lo regalaron. Suelo dejar para regalos (pactados) este tipo de libros de los que no sé si merecerán, tras su lectura, mi preciado dinero.

Y, para que negarlo, fue una grata sorpresa.

Detrás de las grandes estrategias de marketing, muchas veces, se esconden buenos libros. Con ello, no quiero decir que el libro de Elisabeth Kostova sea una obra cumbre de la literatura: es, simplemente, un libro entretenido, que engancha, con una revisión bastante saludable del eterno mito de Drácula y, en definitiva, una obra honesta y merecedora de, por lo menos, unos días de mi vida.

Siempre me he considerado una gran amante del tema de la ultratumba pero, del mismo modo, suelo ser bastante crítica con las miles de perspectivas, remakes, revisiones que surgen cada día, cada hora, acerca del mito del Vlad Tepes. Muchas veces he esgrimido que Bram Stoker es el escritor más sobrevalorado de la historia, hasta el punto de que creo que su único momento de lucidez consistió en crear esta gigantesca figura que inunda nuestro imaginario. El resto del tiempo lo pasó en la bruma del opio.

Por eso, admiro la valentía de Kostova por abordar un tema del que parece que todo está dicho. En un tiempo donde los vampiros están hecho sólo para amar, para destacar el refinamiento homosexual, para causar furor entre miles de adolescentes. Su obra nos sumerge, en cambio, en la novela gótica por excelencia: en el horror, en el sabor de la sangre, en el miedo, en lo ignorado, en una magnífica aventura.

Si tenéis un rato, no os olvidéis del libro de Kostova. “La historiadora” merece la pena.