Desde mi punto de vista, lo mejor de “El Chino” de Henning Mankell es, sin duda, el principio y el final. Tiene un inicio relamente genial. Un crimen masivo, en el norte de Suecia, a menos de 6 grados bajo cero. Un pueblecito aislado totalmente masacrado y ninguna pista. El final es también bueno pero en distinto grado; es previsible pero correcto. En él, se recupera la acción y el suspense del principio dejando cierto regusto de satisfacción.

No obstante, espero que, a diferencia de lo que dice el señor experto de la Fnac, éste no sea el mejor libro de Mankell. Desde hace algunos meses tenía ganas de leer algo de él. Por lo que he podido notar, muchos comparan al finado Stieg Larsson con este genial maestro sueco. Y como me gusta tanto Larsson… ¡tuve que probar! Aunque quería empezar por algún libro de la serie donde el protagonista es el detective Kurt Wallander -sin duda, su mayor éxito-, sin saber por qué, me decanté por “El Chino“.

Y no es que el libro sea malo… simplemente que, como os dije, sólo me ha mantenido enganchada el principio y el final. La idea en inicio es buena, pero a mitad de libro la incógnita se resuelve totalmente. A partir de ese momento, el autor se pierde en devenires extraños como el futuro de China y de Zimbawe, el Libro Rojo, Mao,… que están un poco ahí de puro rebote, engrosando libro. La protagonista tampoco me hace mucha gracia. Una jueza sueca, cincuentona, aburrida, con problemas sexuales, que se pasa medio libro añorando su época juvenil y mayo del 68, cuando tenía una causa que defender. No me convence, me aburre… en definitiva, me resultó muy difícil identificarme con ella.

Vuelvo a repetir que el libro no es malo, quizás, simplemente, esperaba otra cosa. Esperaré a leer otro libro de Mankell, para encumbrarlo o mandarlo al ostracismo.