Hace tiempo que no escribo y el motivo es que, últimamente, me cuesta cierto trabajo encontrar un libro que me enganche lo mínimo indispensable para continuar leyendo el siguiente capítulo. Quizás es que cada vez tengo más libros vetados: no quiero leer nada erótico-festivo, no quiero leer series, no quiero sagas excesivamente largas, no quiero libros perturbadoramente adolescentes… En fin, que encontrar un buen libro es realmente complicado para mí a día de hoy.

Desde la última vez que escribí, muchos libros han pasado por mis manos; de la mayor parte de ellos, apenas he leído una docena de páginas. Una estadística deplorable. Por eso, cuando empecé a leer Siete días de gracia, mi ánimo no era el mejor, ni mis esperanzas las mayores. El asunto bélico no me ha llamado mucho la atención desde siempre y, por la reseña, el libro de Carla Gràcia Mercadé se encuadraba específicamente en Barcelona, en la Guerra de los Siete Días, allá por la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, por otra parte, el resumen del libro también hablaba de misterios, de desenredar y de tirar del hilo… Y por eso lo empecé a leer, simple y llanamente. La sinopsis del libro no se equivocaba. Cada capítulo alterna ambos temas: por un lado, la guerra, en el presente; por otro, secretos y misterios del pasado. Ambas tramas se encuentran al final del libro.

Quizás, y esto demuestra que me conozco bien, lo que menos me ha gustado del libro es la parte “bélica”. Los capítulos que versaban sobre este tema, los que se desarrollaban en el presente, eran una especie de contrapunto en la lectura. A pesar de que pueda parecer extraño, la trama del pasado era mucho más dinámica, amena, entretenida… que la que se refería al conflicto bélico. Esta era mucho más pasiva, aburrida, y contando con que la otra trama me tenía totalmente embebida, a veces me resultaba odiosa. Lo sé, soy una romanticona; me pirro por las historias de amor prohibidas. Y es que de eso va la trama “no-bélica”. Puede resultar a veces un tanto folletinesca, sin embargo, engancha como la que más. Es posible, asimismo, que esta alternancia de tramas por capítulos esté pensada para provocar exactamente eso: una constante adicción no satisfecha por saber más de algo. Hace que desees, con más intensidad, saber más.

En líneas generales, Siete días de gracia ha sido una novela que me ha ido atrapando poco a poco. Si cuando comencé con las primeras páginas pensaba que no me iba a gustar sí o sí, a medida que avanzaba me iba cautivando. Al final, cuando apenas me restaba un cuarto del libro, estaba totalmente enganchada y sumida en horas de frenética lectura. Por otra parte, el final, aunque no es fácil y se torna un tanto crudo, tampoco me ha decepcionado. De hecho, si hubiera acabado de otra manera si lo hubiera hecho. Si al principio pensaba que se trataba de una novela ligera y tópica, tras terminarla, he de decir que, casi de casualidad, he tropezado con un libro bastante decente, que engancha y que va más allá de la típica historia facilona. Además, está todo el asunto de la Guerra de los Siete Días que aunque, para mi gusto, su desarrollo es un tanto lento, es interesante y, según mi punto de vista, bien documentado. Me gusta el retrato que Carla Gràcia Mercadé le hace a la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX; tanto en lo que concierne a los ambientes más pudientes, como a las clases obreras.

Siete días de gracia también es una novela que me ha cautivado porque he tenido la oportunidad de leerla en formato físico; es decir, en un libro real, con sus paginitas y sus tapas. Después de dos años enganchada al ebook, ha sido un reencuentro alucinante, entrañable… ¡Ojalá tuviera espacio en casa para llenarlo de libros! Además la edición de Grijalbo, me ha parecido muy correcta, muy bonita.

Así que ya sabéis: si no sabéis qué leer; si os ocurre como a mí, que no encontráis nada potable en vuestra librería de confianza, podéis empezar con este libro. ¡Una buena manera de empezar el año lector, sin duda!