Hace algunos días, os anunciaba por redes sociales que había empezado a leer el libro del que todo el mundo habla: Patria, la exitosa novela de Fernando Aramburu. Yo, para variar, llego un poco tarde a reseñarla, y es que admito que me ha llevado mi tiempo decidirme acerca de si hincarle el diente o no. Ya sabéis que no soy muy fan de los titulares comerciales, ni de las pegatinas en las portadas indicando el prestigioso número de ediciones. Tampoco soy muy amiga de las listas de más vendidos o de las críticas unánimes y pasadas de órbita… A ver, que si un libro es bueno es bueno, y mejor para todos, sin embargo, de primeras, encontrarte con uno tan “querido”, qué queréis que os diga, a mí me escama. Patria es una de esas novelas que parece que no ha defraudado a nadie (Belén Esteban incluida), y durante mucho tiempo (aún hoy) se ha mantenido como un auténtico titán en lo más alto de las listas de los más vendidos. Todo ello daba mucho que pensar; tanto en lo positivo como en lo negativo.

A pesar de todo, y aunque como perra vieja que soy no me fiaba de tanto éxito, la razón que pesaba más en mí para no leer Patria era su marcado carácter político. A ver, no es que yo tenga nada en contra de leer acerca de estos temas, cualquier novela de corte histórico tiene cientos de referencias políticas y no ocurre absolutamente nada, de hecho, me interesa la política, y como todo hijo de vecino tengo mis opiniones. El problema radica en que la novela de Aramburu se centra en un aspecto histórico-político-social bastante reciente que todavía está muy fresco (tanto que, en algunos casos, todavía sangra).

El terrorismo de ETA es algo sobre lo que todos tenemos más o menos una opinión. No es lo mismo que leer algo sobre la Guerra de Secesión (que nos coge bastante lejos) o la Reconquista (que ocurrió hace más de 500 años). Sobre estos temas, a no ser que seamos historiadores, lo que nos cuente el escritor de turno será para nosotros ley (siempre que no seamos tan cansinos que nos de por contrastar).  El caso de Patria, para mí, es significativamente distinto. Es demasiado actual. Dependiendo de la edad que tengas, habrás vivido en mayor o menor medida aquellos años oscuros, el miedo, el dolor, el odio…

Por eso, lo primero que me pregunté tras conocer el argumento de Patria fue: ¿desde qué punto de vista me lo van a contar? ¿Desde el punto de vista de las víctimas? ¿Desde el punto de vista de ETA? ¿Desde el punto de vista de un vasco? ¿Desde el punto de vista de una persona no vasca? En cualquiera de los casos, ninguno de ellos me parece, ni mucho menos, imparcial. Entiendo que esto no es un tratado de historia ni un libro de texto, y que una novela es y debe ser subjetiva, sin embargo, no podría soportar enfrentarme a un libro totalmente sesgado. No aguantaría una novela donde los malos son malos porque lo son, y los buenos, buenos porque sí. Tampoco podría admitir omisiones, dramatizaciones o ligerezas, ante un tema de tal calado. Por supuesto, tampoco podría lidiar con algo que ahondara más en la llaga o que haga un resumen de lo que hemos visto y leído durante años en los medios de comunicación. No lo soporto en la ficción, imaginaos en este caso. Así que supongo que no confiaba mucho en Fernando Aramburu como narrador, que, aunque nació en el País Vasco, es cierto que lleva desde los años 80 viviendo en Alemania.

Sin embargo, un día me dije: ¿Voy a ser la única en este país que no se va a leer el dichoso libro? Y tomé dos decisiones. Una: leerlo; y dos: tomármelo como si fuera una novela y no como un libro de historia. Si no me gustaban los derroteros que iba tomando el asunto, lo dejaba y adiós muy buenas. Si veía que tiraba más para un lado que para otro, os lo vomitaba aquí, y punto y pelota. ¿Qué tenía que perder? Así que, con estas, empecé a leer… ¡Y no paré! Es una novela fascinante, que engancha y muy interesante. ¿Imprescindible para entender el conflicto vasco? Bueno, supongo que no está mal como punto de partida, pero, desde luego, no es un libro de historia, ni un manual, ni el Necronomicon, es, simplemente, una novela.

En Patria, Aramburu nos habla sobre el perdón y la reconciliación. Más que analizar el conflicto, es decir, quiénes son o dejan de ser los culpables, Aramburu se dedica a poner sobre el tape de juego las historias de dos familias, antes y después de un atentado terrorista.  El lector, por su cuenta, se hace perfectamente una idea de las reglas de juego y toma partido. Y esto me ha gustado ¿Es un libro sesgado? A mi entender, no demasiado, pero, claro, yo no dejo de ser una persona que siempre ha vivido a más de mil kilómetros de Euskadi. Posiblemente, los habitantes de pueblos históricamente abertzales vean todo desde un prisma totalmente distinto. En cualquier caso, no nos metamos en politiqueos, y pasemos a valorar el libro como lo que es… una novela más.

Aunque a Patria se la ha encumbrado como una novela fundamental para entender el conflicto vasco, quizás lo que más me ha llamado la atención es el retrato que hace Aramburu de la sociedad vasca, en general, y de la familia, en particular. Siempre hemos concebido los atentados como una especie de hito en una dolorosa ristra de ellos. Muchos no nos hemos parado a pensar cómo era todo antes, o cómo resultó ser todo después. Aramburu nos muestra cómo un hecho violento e injusto puede cambiar la vida no solo del que la pierde y del que mata, sino la de sus familias (tanto la del asesinado como la del asesino) y cómo la violencia puede afectar y calar en el individuo a niveles inimaginables.

El sufrimiento no conoce ni de justicia ni de razón, no entiende de ideologías ni de luchas, por lo tanto no es algo que excluya a ninguna de las partes en liza. El antagonismo que plantea Aramburu, encarnado en la figura de las dos madres (Bittori y Miren), es, a la vez, una especie de símil. Muchos son los aspectos que unen a ambas mujeres, solo uno el que las separa. La lealtad, la contención, la incomunicación, son otros temas de gran calado que el autor aborda y que incluso culpabiliza indirectamente del conflicto. El odio provocado por el miedo a lo foráneo, a lo distinto, a lo que no se comprende; la alienación, el miedo, de un conflicto que se cierne sobre la cabeza de todos a modo de verdugo, también, son cuestiones interesantes que se plantean a lo largo de la novela.

La única posible pega puedo ponerle a Patria es que el final me ha parecido un poco flojo, rápido, incluso, un tanto forzado. Ya sabéis que lo mío con los finales lo terminaré tratándo con un profesional de la psiquiatría, sin embargo me ha chirriado:

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Por otro lado, es posible que Patria me haya gustado tanto porque la he leído, sin duda, en un momento de especial trascendencia. Reconozco que a medida que iba leyendo la novela iba extrapolando todo lo que en ella ocurría con lo que veía en la tele acerca de los últimos atentados en Barcelona. Salvando las indiscutibles diferencias, es fácil apreciar las similitudes en cuanto al tipo de persona que comete este tipo de atrocidades: gente muy joven, desinformada, desencantada, instruidas por personas sin principios ni moral. De alguna manera, el libro de Aramburu me ha servido para saber encajar los acontecimientos que venimos sufriendo en Europa de un tiempo a esta parte, y a entender el conflicto como algo mucho más global y complejo de lo que en un principio previsiblemente parecía.

Para terminar, vuelvo a recalcar una idea que os comentaba con anterioridad: No sé si Patria es una-novela-imprescindible-para-entender-el-conflicto-vasco; me ha parecido, simplemente, una buena novela. Engancha, emociona, te crea conciencia… ¿Imprescindible como novela? Sí, por qué no. Ahora bien, muy probablemente Patria será el primero de una larga lista sobre el nuevo tema literario de moda: ETA y el País Vasco. Así que estad preparados para leer  D E  T O D O…