Hace mucho tiempo que no encuentro un buen libro. Creo que os habéis dado cuenta. A ver, siempre habrá libros que sé que me van a gustar, que sé que van a entretenerme y que me van a hacer pasar un rato más o menos agradable pero efímero. Muchas veces, recurro a ellos y suelo recomendarlos. Sin embargo, es cierto que hace ya bastante tiempo que no tengo entre mis manos una de esas lecturas que te tienen en vilo durante el día, que te hacen trasnochar y que no son fácilmente olvidables, ya que te dejan zombi durante varios días después de finalizarla. ¿Sabéis de lo que os hablo? No os imagináis cuánto las echo de menos.

Muchos libros empiezan de manera muy prometedora. Tanto, que parecen que serán, por fin, EL LIBRO. Es el caso de La gárgola de Andrew Davidson, un señor admirable: después de ser camarero, guardia de seguridad o jardinero, se trasladó a Japón donde fue traductor, dedicando nada más y menos que 7 años a investigar y a elaborar este libro. Muchas son las críticas positivas hacia esta novela que se ha convertido en bestseller internacional. La tildan de novela de amor diferente, atemporal y única.

Por mi parte, lo primero que pensé sobre ella -después de haber leído unos cuantos capítulos- es que, ante todo, me parecía una lectura interesante. No porque narrara una historia de amor única y atemporal, me lo parecía porque trataba temas políticamente incorrectos y porque estaba muy bien escrita. Daba detalles acerca de asuntos sobre los que a priori no es agradable investigar, el protagonista era un antihéroe rotundo y maravilloso, y todo se movía inmerso en un aura de misterio realmente excitante. A veces me recordaba a Los regiones torcidos de Dios, ya que reflexiona acerca de la cordura y la demencia. No os desvelo mucho si os digo que el protagonista del libro, actor porno y drogadicto, tiene un grave accidente de coche en el que gran parte de su cuerpo resulta dañado por graves quemaduras. Podréis imagina (o a lo mejor no) hasta qué punto se ve afectado el modo de vida de una persona tras un suceso de tales características. Es, a mi entender, lo mejor que tiene la novela. Andrew Davidson nos muestra de manera soberbia, muy cruda, la experiencia traumática y catártica de un quemado. Y si La gárgola de Andrew Davidson simple y llanamente hubiera sido un libro sobre quemados, hubiera sido una novela maravillosa… Pero, lamentablemente, no lo es.

Como os decía con anterioridad, La gárgola narra una historia de amor, solo que a mi no me parece nada atemporal, ni única. De hecho es lo que, a mi modo de ver, se carga el libro. Lo primero que me pregunto, ¿hay realmente una historia de amor en este libro? Porque entre los protagonistas el feeling es nulo. Sí, es bonita la idea de que todos, incluso alguien en una situación tan desesperada como la del protagonista, podemos salvarnos por amor. Sí, también, es genial todo el rollo de las vidas pasadas e, incluso, aunque me parece súper manido, todo lo relacionado con el Infierno de Dante, el hecho de que ella sea una Sherezade moderna… ¡Pero es que entre los protagonistas no hay complicidad! ¡Es que no es romántico! ¡Es que hay más sustancia en las pequeñas historias de amor que se cuentan que en la de los protagonistas en sí! Es que la mayor parte del tiempo no te interesa si la chica está enamorada del chico, lo que realmente te interesa es de qué va todo el asunto (¿la protagonista está loca o cuerda?) y, por supuesto, qué aspecto finalmente se le quedó al protagonista (puro morbo). Por lo demás, no hay atracción. No hay historia de amor.

Encima, lo que realmente interesa – si todo es real, si la chica es bipolar…- se resuelve regular. Sí, al final sabemos lo que ocurre, pero se dejan muchos cabos sueltos, muchos detalles sin explicar… no queda cerrado.

Muchos dirán que es una novela genial. Es maravilloso como el protagonista recorre su propio infierno -de ahí el paralelismo con Dante- para salvarse finalmente por el amor, dirán. Y yo les responderé: Sí, es maravilloso, pero la obra, a mi modo de ver, peca de presuntuosa, y las cosas presuntuosas, al final, cuando se las sopla, se las lleva el viento. Eso sí, como novela sobre quemados… ¡Un diez!

Creo que la próxima reseña, será mejor… Eso espero…