El verano antes de la guerra

El verano de 1914 es uno de los más bellos que se recuerdan en la idílica ciudad inglesa de Rye. Allí acaba de llegar Beatrice Nash con un gran baúl de libros, ansia de independencia y nuevas ideas que pocos en Rye asocian a una profesora de latín. En un descanso de sus estudios de medicina, Hugh Grange se encuentra también en la ciudad visitando a su tía Agatha, una verdadera institución local que se ha jugado su cuidadosamente construida reputación con la contratación de la joven maestra. Pero mientras Beatrice se prepara para descubrir una nueva vida, y quizá el amor, en esta pintoresca comunidad, el verano parece a punto de acabar y lo inimaginable está a punto de comenzar...

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Reseña

El verano antes de la guerra de Helen Simonson era un libro que venía precedido por excelentes críticas — «Memorable», «Cada una de sus páginas es un placer y una sorpresa», … — además de por la fama de la anterior novela de la autora — El mayor Pettigrew se enamora —, que cautivó a lectores y a críticos, siendo publicada en más de veintiún países.

Asimismo, era una novela que se comparaba directamente con Downtown Abbey: una serie que, aunque no he tenido la oportunidad de ver, siempre me ha llamado la atención. Ya sabéis que me encantan las novelas de “época” que retratan la sociedad inglesa. Aunque la novela se desarrolla a principio del siglo XX, lo cierto es que parece que estuvieras leyendo algo de Jane Austen o de las hermanas Brontë, así que, si eres fan de este tipo de novelas, como lo soy yo, posiblemente la de Helen Simonson irá mucho contigo.

El verano antes de la guerra comienza con la llegada a Rye, una pequeña ciudad del sur de Inglaterra, de Beatrice Nash: la nueva profesora de latín. De manera inmediata se sumergirá en su vida social y alternará con sus habitantes, todo ello en el último verano antes de la Primera Guerra Mundial. Durante su estancia en Rye, Beatrice no solo conocerá el amor y la amistad, también la incomprensión, el machismo y los horrores de la guerra.

Muchos lectores, incluida yo misma en determinados momentos, han tachado a la novela de lenta. Incluso yo, que estoy hecha a este tipo de diálogos con tanta cortesía, he sufrido con la primera parte, que se me ha hecho muy cuesta arriba. En ella, Helen Simonson nos dibuja un detallado retrato de la alta sociedad de Rye. Se suceden varios encuentros sociales, todos ellos cargados de diálogos que, la verdad sea dicha, parece que no llegan a nada. Y es que, otra de las grandes críticas con las que cuenta esta novela es que en ella nunca pasa realmente nada y, si pasa, es bastante poco en comparación a su extensión.

Sin embargo, tras acabarlo, he terminado viéndolo desde otra perspectiva.

El verano antes de la guerra quizás no sea un libro donde predomine la acción y quizás tenga un inicio complicado, pero, sin lugar a dudas, merece la pena terminarlo. La primera parte del libro actúa a modo de presentación: Simonson nos sumerge de lleno en Rye, una localidad con una existencia amable y placentera, apartada del bullicio de las grandes capitales. En 1914, las mujeres, con mucho esfuerzo, todo hay que decirlo, empezaban a pensar más allá de sus maridos. La igualdad era una aspiración que se extendía, incluso, entre las grandes damas de localidades rurales. Las injusticias (y las humillaciones) que experimentaban todas ellas — nada más ni menos que a principios del siglo pasado — son capaces de dejarte con la boca abierta.

Sin embargo, esta idílica sociedad se ve arrasada por el horror de la guerra. Es entonces cuando la novela empieza a precipitarse. Una sociedad que había vivido al margen debe adaptarse, convertirse, superarse… Los conflictos, el decoro y la falsa dignidad pronto dejarán de ser capitales, comparados con las atrocidades que se viven en el campo de batalla.

Sin duda, es una novela de contrastes que llega a emocionar. Durante los primeros capítulos, la autora teje una espesa tela de araña que permite que conozcas íntimamente a cada uno de los personajes que desfilarán a lo largo de las páginas. Aunque la novela es de corte clásico, estos no están ni mucho menos estereotipados, y se tocan muchos temas de gran calado como la homosexualidad, la relación de los ingleses con otras etnias o la frivolidad ante el acogimiento de refugiados.

Por otro lado, El verano antes de la guerra es un canto a la mujer y a su fuerza. También, a su feroz luchar por llegar a ser, en todos los aspectos, independientes. A pesar de su supuesta debilidad e incapacidad, Helen Simonson nos muestra a mujeres fuertes e inteligentes, mucho más despiertas que sus maridos, que libran sus propias batallas (muchas veces, incluso, entre ellas mismas). Inmersas en una sociedad que les exige y las castiga sin considerarlas ciudadanas de pleno derecho, se erigen como pilar fundamental de esta. Un motor en la sombra que dirige el mundo.

Como os dije, El verano antes de la guerra no es una novela fácil, aunque tampoco será una lectura fácilmente olvidable. ¿Os atreveréis con ella?

Escrito por El Ojo Lector

Soy El Ojo Lector y me encanta leer. Vivo en Sevilla (Andalucía, ES), con mi novio y mi chihuahua-pantera Panchito. Soy fanática de Los Beatles, me encantan los frijoles, el sushi, los macs, el Real Betis Balompié y las películas de Rocky. Desde 2008, leo y reseño en la sombra. Recomiendo libros. No esperes críticas edulcoradas; no las encontrarás, para bien o para mejor :)