Sé que hace relativamente poco os comentaba por Facebook que estaba en plena lectura de un libro un poco tocho, pero que me gustaba, y que, en poco tiempo, comentaría. A veces me agobia un poco tardar más de la cuenta en terminar un libro, porque, en ocasiones, las lecturas no se prolongan solo porque el tema no me guste demasiado o porque no tenga el suficiente tiempo para dedicarle. Hay veces que una novela precisa de una lectura un tanto más calmada, lo que hace que se eternice todo un poco, y eso, al final, me agobia.

Por ello, cuando estoy en ese círculo vicioso es bastante frecuente que aparezcan pequeñas distracciones, caprichos del momento, a los que es difícil resistirse y que me suelo permitir. Es el caso de Algún día nos lo contaremos todo de Daniela Krien. Un día, sin saber cómo, apareció en una de mis búsquedas y sentí una especie de conexión que me impulsó a leerlo de inmediato. Además, es relativamente corto, puede terminarse en un día a buen ritmo, y encima engancha muchísimo.

Algún día nos lo contaremos todo, como bien se indica arriba, es una novela que ha sido bastante galardonada en su país de origen, Alemania, a la vez que ha cautivado a miles de lectores, entre ellos, a mí. De ahí, que le haya otorgado cinco estrellazas. Supongo que se debe a que el libro de Daniela Krien tiene dos grandes atractivos a los que es relativamente fácil rendirse.

El primero es el momento histórico en el que se desarrolla: a principios de los 90, en una República Democrática Alemana (la Alemania comunista) a punto de extinguirse. No conocía demasiado acerca de la caída del telón de acero, pero me ha resultado fascinante. Aunque los hechos se engloban en 1990, parece que se tratara de una novela que se desarrolla en una época bastante anterior. Tuvo que ser, en cualquier caso, una empresa complicadísima la de unificar un país en base a dos mitades tan dispares; un aspecto que Krien desarrolla magníficamente, dicho sea de paso. Los parientes ricos, junto a los parientes pobres; la agricultura atrasada en contraposición a los avances en el terreno de la Alemania occidental; en definitiva, la sociedad capitalista frente a la comunista. Mitades irreconciliables, pero hermanas, que se deben unificar pacíficamente. Es fascinante, como digo.

El segundo atractivo es una relación prohibida entre una chica de 17 años y un señor de 40, que también es un reflejo de la dicotomía en la que se mueven los personajes: pasado y futuro; ir hacia delante o estancarse en lo conocido… Una elección, posiblemente, prefijada de antemano. La vuelta al pasado, quedarse como se está, la idea preconcebida de que progreso es sinónimo de mejoría y prosperidad, incluso, el volver a las raíces a modo de reconciliación con uno mismo, son temas que se tratan constantemente a lo largo de la novela que, a pesar de ser corta y, en apariencia, facilona, nos sumerge fácilmente en la reflexión.

Perdonad que me haya puesto un poco trascendental, pero creo que es un buen libro. Como sabéis, a esta altura de la película, es complicado encontrar una novela que, además de ser buena, enganche, te haga disfrutar y también reflexionar. Por eso os la recomiendo muchísimo. Encarecidamente. Es un poco trágica, por lo que no la recomiendo a corazones sensibles, pero creo que, si os atrevéis, no os defraudará.