Jesús me quiere (David Safier)

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Mi valoración: ★★★★☆

Marie tiene un gran talento para enamorase del hombre equivocado. Poco después de que su boda haya sido cancelada, conoce a un carpintero. Es un hombre diferente a todos los que ha conocido antes: sensible, atento, desinteresado. Desafortunadamente, en su primera cita él le confi esa que es Jesús. Al principio, Marie piensa que está completamente loco, pero poco a poco se da cuenta de que su historia es cierta. Se ha enamorado del Mesías, que ha venido a la Tierra poco antes del Juicio Final. Marie deberá hacer frente no sólo al fin del mundo, previsto para el próximo martes, sino a la historia de amor más descabellada de todas las que ha vivido.

Tengo un colega del trabajo, con cierta mano en algunas editoriales, que me ha regalado una serie de libros que espero leer en breve. Es curioso pero todos ellos forman parte de “ediciones” de testeo, que no se pueden vender, y que pueden tener alguna errata antes de la edición final del libro. Son sin duda, ejemplares que las editoriales envían a críticos o blogueros (yo debería estar entre ellos) para que lean de forman gratuita el libro y que hablen de él. En el caso de “Jesús me quiere” la edición ronda las típicas fotocopias de copistería de ciertos manuales universitarios. Encuadernada con un sencillo canutillo, a modo de agenda de instituto, ha supuesto una curiosa nueva forma de acercarme a un libro y, por qué no decirlo, bastante cómoda.

Ya os he dicho más de una vez que no suelo guiarme por portadas y títulos a la  hora de decidirme por un libro. He metido muchas veces la pata por caer en la telaraña de los sentidos, por lo que, sinceramente, cuando empecé a leer el libro de David Safier no tenía ni repajolera idea del tema que abordaría. Por otro lado, tuve suerte. Si lo hubiera sabido, quizás no lo hubiera ni tocado. Hubiera pensado que se trataba de otro libro más de autoayuda o, lo que es peor, de una obra judeo-cristiana más.-¡Lagarto, Lagarto!- Asimismo, tampoco sabía nada de David Safier. No sabía que era el autor de un libro llamado “Maldito Karma” que ha causado furor entre muchas de mis amigas y que, tal como llegó a mis oídos, taché de bestseller facilón. En fin,  después de todo ésto, estaréis conmigo en que “Jesús me quiere” partía con pocas probabilidades de caer en mis manos y que, por requiebros del destino, finalmente, llegó a mí.

Tampoco lo tuvo fácil cuando empecé a leer sus primeras páginas. Me recordó muchísimo a cualquier libro de Marian Keyes en el sentido de que la protagonista de este libro es una chica, Marie, bastante excéntrica y, por ende, bastante cercana y las situaciones hilarantes se desarrollan una detrás de otra, como en los libros de la escritora irlandesa. Por ello, en un principio, me caía mal Safier. Me parece bastante chocante que un hombre escriba sobre la suertes y las desgracias de una mujer, conociendo al dedillo nuestros pequeños pecados y soltándolos, así como así, en un libro. No obstante, muy pronto cambió el asunto y descubrí, en este nuevo libro, un nuevo estilo propio: el de David Safier.

¿De qué va, entonces, “Jesús me quiere“? Pues bien, es un acercamiento a la vida de Jesús. Un acercamiento, hay que decir, bastante personal y un tanto sacrílego. A medida que lo iba leyendo imaginaba todo un coro de monjas santiguándose con todas las situaciones que se desencadenaban y  recordando de que eso de que Lutero fuera alemán no era ninguna casualidad. No obstante el libro aborda muchos aspectos interesantes: ¿Qué hubiera pasado si el Mesías volviera a la tierra? ¿Qué le parecería nuestro mundo, en lo que nos hemos convertido? ¿Nos castigaría? ¿Estaría orgullosos de nosotros? El libro, en general, es desternillante. Muy fácil de leer, rápido, carismático, me encanta la manera en que aúna comic y novela. Realmente, delicioso.

Os lo recomiendo muchísimo,sobre todo, como los libros de la Keyes, en momentos tristes. Es capaz de levantar el ánimo a cualquiera. Sus situaciones hilarantes te hacen soltar la carcajada no sólo una vez… miles!!

Y si os gusta, quizás quisierais continuar con un libro sobre el estilo de Eduardo Mendoza que ya comenté hace algunos meses.

 

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La historiadora (Elisabeth Kostova)

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Mi valoración: ★★★★☆

Durante años, Paul fue incapaz de contarle a su hija la verdad sobre la obsesión que ha guiado su vida. Ahora, entre sus papeles, ella descubre una historia que comenzó con la extraña desaparición del mentor de Paul, el profesor Rossi. Tras las huellas de su querido maestro, Paul recorrió antiguas bibliotecas en Estambul, monasterios en ruinas en Rumania, remotas aldeas en Bulgaria…
Cuanto más se acerca a Rossi, más se aproxima también a un misterio que aterrorizó incluso a los poderosos sultanes otomanos, y que aún hace temblar a los campesinos de Europa del Este. Un misterio que ha dejado un rastro sangriento en manuscritos, viejos libros y canciones susurradas al oído. Para Paul y su hija llegar al final de la búsqueda puede significar un destino mucho peor que la muerte. Porque a cada paso que dan, se convencen más de que él les está esperando. Y en sus corazones, retumba una pregunta angustiosa… ¿Es posible que la tumba de Vlad El Emplador esconda algo más que el cuerpo de un asesino legendario?

Hay libros que, cuando los ves en las estanterías/mesas de una librería, provocan cierta tirria. Esos de los que piensas que son carne de reediciones, de bajadas de precios masivas, de señoras de mediana edad que lo recomiendan encarecidamente, sin comentar que es el único libro que han leído en cinco años (y eso con suerte). “La historiadora” es un libro de esos. No sé cómo lo adquirí. Seguramente, me lo regalaron. Suelo dejar para regalos (pactados) este tipo de libros de los que no sé si merecerán, tras su lectura, mi preciado dinero.
Y, para que negarlo, fue una grata sorpresa.
Detrás de las grandes estrategias de marketing, muchas veces, se esconden buenos libros. Con ello, no quiero decir que el libro de Elisabeth Kostova sea una obra cumbre de la literatura: es, simplemente, un libro entretenido, que engancha, con una revisión bastante saludable del eterno mito de Drácula y, en definitiva, una obra honesta y merecedora de, por lo menos, unos días de mi vida.
Siempre me he considerado una gran amante del tema de la ultratumba pero, del mismo modo, suelo ser bastante crítica con las miles de perspectivas, remakes, revisiones que surgen cada día, cada hora, acerca del mito del Vlad Tepes. Muchas veces he esgrimido que Bram Stoker es el escritor más sobrevalorado de la historia, hasta el punto de que creo que su único momento de lucidez consistió en crear esta gigantesca figura que inunda nuestro imaginario. El resto del tiempo lo pasó en la bruma del opio.
Por eso, admiro la valentía de Kostova por abordar un tema del que parece que todo está dicho. En un tiempo donde los vampiros están hecho sólo para amar, para destacar el refinamiento homosexual, para causar furor entre miles de adolescentes. Su obra nos sumerge, en cambio, en la novela gótica por excelencia: en el horror, en el sabor de la sangre, en el miedo, en lo ignorado, en una magnífica aventura.
Si tenéis un rato, no os olvidéis del libro de Kostova. “La historiadora” merece la pena.

 

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Los girasoles ciegos (Alberto Méndez)

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Mi valoración: ★★★★★

Este libro es el regreso a las historias reales de la posguerra que contaron en voz baja narradores que no querían contar cuentos sino hablar de sus amigos, de sus familiares desaparecidos, de ausencias irreparables. Son historias de los tiempos del silencio, cuando daba miedo que alguien supiera que sabías. Cuatro historias, sutilmente engarzadas entre sí, contadas desde el mismo lenguaje pero con los estilos propios de narradores distintos que van perfilando la verdadera protagonista de esta narración: la derrota.

Hace unas semanas que no publico ninguna reseña, lo sé. El blog parece un cuaderno de poesía que otra cosa. Lo siento. Últimamente, tengo muchas cosas en la cabeza y poco tiempo para leer. También está el asunto que no encuentro un libro que me enganche de verdad (creo que me los he leído ya todos) y me siento un tanto frustrada con respecto a la lectura.
Por otro lado, la verdad es que sigo encargándome del blog. Leo vuestros comentarios e intentó responderlos pero tengo la sensación de que tengo esto un poco abandonado.
¿Y qué se me ha ocurrido? Bien, como sigo teniendo ganas de escribir, y no tanto de leer, publicaré reseñas de libros que he leído antes de tener el blog y que, por lo tanto, no tienen reseña oficial. Así podré ayudaros a elegir o a descartar un libro.

Comenzaré con uno que me encantó: “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez. Si habéis hecho el test del libro ideal sabréis que es una de las lecturas que recomiendo a los navegantes (y buscadores de libros) interesados en la Historia de este país y en la Guerra Civil.

Al principio, me echó para atrás que la novela estuviera dividida en varios relatos. Siempre he pensado que los libros de tal guisa son un quiero-y-no-puedo, un corta punto constante. Sin embargo, con el libro este libro de Alberto Méndez no ocurre así. ”Si el corazón pensara dejaría de latir”, “Manuscrito encontrado en el olvido”, “El idioma de los muertos” y el que le da título, son pequeños relatos con autonomía propia, cargados de emoción y expresividad. No se hacen cortos, no se espera más de ellos, son perfectos en su fugacidad o , por lo menos, así me parece a mí.

Un aspecto que te sorprende de este libro es cómo algo tan pequeño (en el sentido de que no es extenso) puede contener tanto sentimiento en su interior. Pensamos (por lo menos yo lo pensaba) que hemos leído y visto todo lo relacionado con la Guerra Civil; que nada puede sorprendernos a éstas alturas. Y no estoy diciendo con ésto que sea una morbosa con ganas de carroña fresca. Digo que pocos libros, para mí, pueden aportar algo nuevo al tema. “Los girasoles ciegos” te deja con una amarga y honda pena. Es tan triste, tan real, tan cruel y tan bello en ciertos aspectos, que te descoloca. El punto de vista siempre es el mismo (el de los vencidos, claro) pero las situaciones que contempla son tan atroces, tan impensables, pero, a la vez, tan posibles, te pones tanto en la piel de los protagonistas, que el libro te atrapa sin remedio. Es de esas lecturas que tardas en digerir dias, meses y, en mi caso, años. Inolvidable.

Es un libro que os recomiendo encarecidamente.

 

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El Poema de la Semana: “En mi cielo al crepúsculo eres como una nube” de Rabindranath Tagore

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En mi cielo al crepúsculo eres como una nube…

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

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75 años de la muerte de Federico García Lorca

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Federico García Lorca

Federico García Lorca

¿Os habéis parado a pensar en las cosas que hemos perdido y que nunca recuperaremos? Yo lo hago a menudo. Juego a imaginar que realmente existen esos universos paralelos que, en algún momento, se bifurcaron del nuestro y cuyo devenir conserva, aún, esas cosas que un día irremediablemente perdimos. Menandro dijo que “aquel a quien aman los dioses muere joven“. Un anónimo también acertó a decir “vive rápido, muere joven y tendrás un bonito cadáver“. Muchos de mis grandes mitos tuvieron ese tipo de existencias. Su propio destino los convirtió en leyenda. Un éxito eterno que les vino relativamente pronto ya que, tristemente, muchos de ellos lo hubiesen obtenido, incluso falleciendo de un ataque al corazón a los ochenta años.

La iniciativa del Poema de la Semana, me ha servido de aliciente para bucear por mis -casi- olvidados libros de poesía. Aquella pequeña colección de libros míticos de los mejores poetas de la generación del 27, que tanto me enseñaron en una época trascendental de mi vida. Entre ellos, como no, estaba el número 66 de las Letras Hispánicas de la Editorial Cátedra, que comparte dos grandes títulos de uno de mis autores fetiches: Federico García Lorca.

Como digo, el tomo 66 recoge dos grandes obras del granadino: Poema del Cante Jondo y el Romancero Gitano, este último, a mi entender, quizás uno de los mejores poemarios jamás escritos. No es necesario entender de poesía, basta con saber de sentimientos. Siempre que leo los romances que componen este libro, tengo la sensación de encontrarme en un mundo cósmico, de lunas y estrellas. Es como colarse dentro de la Noche Estrellada de Van Gogh… Son poemas, que, cuando recurro a ellos, poco importa si desde la última vez que los leí han pasado años o segundos: siempre me sobrecogen. Me ponen la piel de gallina.

Cuando esto sucede, siempre me pregunto cómo una persona con tal sensibilidad pudo morir de una forma tan injusta y despiadada, no llego a comprender cómo un hombre de ideas tan hermosas pudo considerarse, en algún momento, una amenaza para algo o para alguien. Me descubro imaginando a ese funesto pelotón de fusilamiento, a aquellos abanderados de España, que fueron partícipes de los últimos pensamientos del poeta, en aquella cálida noche del 16 de agosto de 1936, hace, justamente, 75 años. Me pregunto si, en algún momento de sus vidas, fueron conscientes de la injusticia cometida a esa humanidad por la que luchaban, a su prole, a su propia capacidad de soñar. No lo comprenderé nunca.

Los poemas del Romancero Gitano tienen que leerse en voz alta, poniendo gran atención a su carácter trágico y su sentido universal . Así se aprecian mejor: eres más partícipe de sus aliteraciones, de las filigranas del lenguaje… El sentimiento cala más hondo. Son, sin duda, los versos que mejor se adaptan a mi voz, a mi acento andaluz. Este se convierte en un complemento más para la magia del poema, coronando los trascendentales temas del universo lorquiano que, a su vez, son tan actuales y tan nuestros como nuestro propio sentir. Aquí os dejo uno de mis poemas favoritos: La casada infiel.

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

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