En primer lugar, diré que, si hubiera sabido que la Trilogía Travis de Lisa Kleypas no era una trilogía en toda regla, sino que era más bien una serie de tres libros, no la hubiera leído ni de lejos. Muchas han sido las series que han pasado por mis manos, y me han proporcionado muchas satisfacciones, debo admitir, pero, por lo general, me da mucha pereza embarcarme en la lectura de una. En realidad, me gustan, pero me chafa muchísimo eso de que en cada libro se relate una historia y que, en el siguiente, se narre otra distinta pero en parte similar a la anterior. Es un poco tedioso porque, al fin y al cabo, la novedad es mínima, hasta el punto que no sé decir qué libro me gusta más que otro dentro de una serie.

Por lo tanto, si hubiera sabido que la Trilogía Travis no era una pequeña saga de tres libros, sino que era una corta serie en tres entregas, me hubiera decidido por ir a nadar a aguas menos… redundantes. Además, estaba el hecho de que era una saga de Lisa Kleypas y, para mí, apellidos como Kleypas, Roberts o Steel, suelen ser sinónimo de novela tipo Corín Tellado (con todos mis respetos hacia las damas cuyos apellidos he mencionado). A veces, me soprendo del tipo de material que puedo llegar a leer. No soy la más idónea para ningunear a  escritoras con novelas romáticas superventas. No obstante, hasta yo misma tengo límites que no quiero cruzar… El problema es que soy una romántica empedernida, y, a mi pesar, tan ñoña, que este tipo de libros me encantan… y me vuelven adicta independientement de su calidad.

Cuando empecé a leer el primer libro de la Trilogía Travis, Mi nombre es Liberty, yo pensaba que los tres libros formaban parte de la misma historia. Además, me enganché a él desde la primera palabra, ya que, desde el comienzo, no resulto ser el libro que yo esperaba. Para empezar, la protagonista es una adolescente que debe prosperar en la vida para afrontar las muchas adversidades que le salen por el camino. ¡Nada de incipientes solteronas semivírgenes! ¡Vemos crecer, literalmente, a la protagonista!

Por otro lado, experimenté un hecho inaudito en lo que a libros de este tipo se refiere. Muchas veces, nuestras heroínas se ven abocadas a elegir entre un maromo u otro. Por lo general, las lectoras lo tenemos meridiano. Sin embargo, en el caso de Mi nombre es Liberty, ¿os podréis creer que ni yo hubiera sabido con quién quedarme? ¡Porque ambos hombres eran MARAVILLOSISISIMOS!

Así que imaginaos la película: yo, superenganchada con la historia, con esos dos pedazos de hombres que codiciaban a una mujer anodina; frotándome las manos ante la espectativa de dos libros más con los que regodearme en el tema…  y, de repente, llego al final del libro, empiezo el siguiente y…poff… nueva historia, mismos personajes, entorno,… pero ni de lo anterior. Muy duro, eh?

Y sin embargo, los libros, por muy tipo serie que sean, no están para nada mal. Me han gustado porque no se basan exclusivamente en la historia de amor. Dentro de lo que cabe, Kleypas engloba sus tramas en un contexto más o menos real, a veces dramático, que va desde el sórdido mundo de los malos tratos, a la maternidad o a las infancias difíciles. La verdad es que esperaba un libro de esos oníricos donde todo se basa en el amor y en las relaciones sexuales… ¡como si no hubiera nada más sobre lo que preocuparse! No es el caso, y afortunadamente tampoco se cae en el melodrama.

Pero señoritas, volviendo a la parte más frívola de este Ojo Lector, estos libros me engancharon (y me gustaron) por sus hombres. ¡Qué hombres! Por culpa de Susan Elizabeth Phillips y sus series Golfistas y Chicago Stars, soy toda una fanática de un buen tiparraco sureño. Es leer la palabra stetson y siento mariposillas en el estómago. ¿Será posible? La Trilogía Travis tiene machotes de este estilo a granel. De esos que te abren la puerta y te llaman señorita mientras te saludan con el sombrero; que son un poquito machistas, pero son tan guapos, y están tan cachas y bronceados… ¡que hasta se les perdona!

Ya me contaréis, ya me contaréis…