Hay libros que dejan huella en tu vida. A veces, ni siquiera son los mejores, pero hay novelas que despiertan en ti… algo.

Terminé de leer Tres metros sobre el cielo en 2008,un 24 de junio, y, como podéis ver en la foto, mi reseña consistió solo en una palabra. Precioso. Por entonces, yo no tenía este blog, — empecé con él meses después —, y mis comentarios acerca de las novelas que leía consistían solo en una anotación en la anteportada. Después de escribir aquella en el libro de Moccia, vinieron muchas más relecturas, decenas de visionados de la adaptación italiana de la novela — subtitulada al español — y una compulsiva y delirante lectura del segundo de los libros, en italiano y con el traductor de Google.

En 2008, muy pocas personas conocían a Federico Moccia y muchas menos sabían de la existencia de su genial Tres metros sobre el cielo, que vio la luz en 1992 y que, como un fenómeno viral de los de ahora, se dio a conocer mediante fotocopias. Y es que, sinceramente, siempre me ha parecido muy difícil resistirse a la historia de Babi y Step que, a pesar de ser una versión actualizada del tan explotado Romeo y Julieta, fue una vuelca de tuerca íntima y emotiva que fue muy difícil de ignorar. De hecho, la historia de estos adolescentes no solo fue el comienzo de una trilogía que hoy recién termino (después de casi 9 años), sino el comienzo de la exitosa carrera de Federico Moccia como escritor y de las subsiguientes adaptaciones cinematográficas.

Si me seguís, aunque no soy particularmente muy fan de Moccia — de hecho, después de Perdona si te llamo amor lo dejé un poco apartado — sabréis que siempre os aconsejo leer Tres metros sobre el cielo. De hecho, forma parte de mi selección de libros que me cambiaron la vida. De alguna forma, el libro de Moccia me abrió la puerta hacia lo romántico ya que, aunque parezca mentira, antes de leerlo, no solían pasar por mis manos muchas historias de amor y, desde luego, nunca de tal calibre. Sí, fue un libro que me trastornó mucho. Me obsesioné, lo admito. Por lo tanto, os imaginareis lo que supuso para mi que Federico Moccia se decidiera, por fin, a escribir una tercera parte de esta tremenda historia. ¡Me vine arriba! Fue como si Charlaine Harris recapacitara y escribiera un último libro donde Sookie se quedara con cierto personaje. En fin… ¡sueños que tiene una!

[¡Ojo! A partir de aquí vienen spoiler, así que cuidado.]

Por lo que he leído por ahí, parte del descontento de los lectores con respecto a esta novela recae en la elección que tiene lugar al final. A ver, supongo que era algo inevitable. Desde que se supo que iba a publicarse una tercera novela, supongo que todas y todos nos hicimos a la idea de que, finalmente, Step tenía que elegir. Las que formamos parte del #TeamBabi queríamos que esta se quedara con Step y que, por fin, se hiciera justicia con el personaje. El #TeamGin supongo que esperaba que, finalmente, Step se quedara con Gin y que se olvidara de una vez por todas de su amor de juventud.

Sin embargo, lo que me sorprende es que muchos piensen que esta tercera novela es una especie de favor que concede Moccia para congratularse — no sé por qué — con uno de los equipos en liza. Piensan que, quizás, la presión de todas aquellas que queríamos que Step se quedara con Babi, ha influido en el autor para, años después, retomar la historia y dar el final que un grupo de lectoras ansía. Un final alternativo al que para ellas es el legítimo: Que Step se queda con Gin, es decir, el final de Tengo ganas de ti.

En este sentido, habría que decir que Tres metros sobre el cielo, la primera novela, se publicó en 1992 y que no fue, hasta 2007, cuando apareció la continuación.  Por lo tanto, habían pasado nada más ni menos que quince años entre libro y libro. ¿Podríamos pensar que Moccia escribió Tengo ganas de ti para satisfacer a todos los lectores que se habían quedado traumatizados por el palo que se llevó Step al final de la primera novela? Pues no. Con esto quiero decir que, en el caso de esta trilogía, no hay que amparse en que-inicialmente-eran-dos-novelas-y-que-esta-tercera-venía-de-relleno. No. Me parece que, inicialmente, Tres metros sobre el cielo era UNA ÚNICA novela, sin continuación. Todo lo que ha llegado después, eran añadidos. Tengamos muy claro eso, e intentemos pensar en el libro, como novela, no como una especie de competición entre bandos.

Aunque Tres metros sobre el cielo me encantó, reconozco que Tengo ganas de ti me decepcionó. Muchísimo. Y no fue porque apareciera Gin, que también un poco, o porque lo leyera medio en italiano y no me enterara muy bien los detalles, fue por motivos totalmente distintos. Creo que Federico Moccia metió mucha paja de por medio; el libro era eterno y artificioso, románticamente impostado.

Sin embargo, lo que me pareció realmente terrible fue el tratamiento que le dio al personaje de Babi. Vale que, ya en el final de Tres metros sobre el cielo, la chica no salió demasiado bien parada, sin embargo, hasta cierto punto, se entendía que sus decisiones se basaban en su propia juventud y en el comportamiento errático de Step. Sin embargo, en Tengo ganas de ti, y con perdón por la expresión, queda como una auténtica zorrasca. Teniendo en cuenta que, cuando escribió esta segunda parte, Moccia no tenía demasiado planeado una tercera entrega y que, por consiguiente, no habría la explicación ulterior que ha habido, había que digerir que Babi había pasado de ser de una tierna adolescente que descubre el amor, a una fría e interesada mujer que no valía un duro. Supongo que esto lo hizo Moccia para congraciarnos con Gin, y que esta nos terminara cayendo bien. De hecho, muchas personas adoran a esta última por este motivo. Sin embargo, por mi parte, ¿Qué queréis que os diga? Yo no lo entendí y me costó muchísimo tragármelo. Además, como suele pasar a veces cuando un autor comete una injusticia con uno de sus personajes, me empezó a caer más antipática Gin si cabe, aunque Moccia la hiciera parecer una encarnación viviente de la Virgen María.

¿Era necesario maltratar de esa manera a un personaje como Babi? Posiblemente, no. Sin embargo, creo que con Moccia, con esta trilogía y , especialmente, con la última parte que hoy comentamos, el concepto era necesario toma especial relevancia. ¿Era necesaria una tercera novela? Durante años pensé que sí, y cuando lo anunciaron realmente me alegré, pero sin lugar a dudas creo que esta debería haber llegado bastante antes. ¿Era necesaria una tercera novela como Tres veces tú? Probablemente, no. Igual que, para mí, no hubiera sido tampoco necesaria que existiera una Tengo ganas de ti. Me hubiera quedado solo con Tres metros sobre el cielo. Triste, sin un después, pero, en sí, perfecta.

No, no era necesaria una Tres veces tú - . Desde luego, no desde el punto de vista en que está planteada. Me ha parecido tediosa, inflada con situaciones que no vienen al caso, muy muy poco romántica, fría, casposa, homofóba, machista… Además, me parece que la traducción es pésima.

No, no me ha gustado nada. Todos esos capítulos sobre el mundo de la tele, las reuniones de Step y su socio con todos los directores de todas las televisiones de Italia y del extranjero, qué queréis que os diga, no entiendo qué interés o qué intención tienen en un libro como este. Bueno, sí lo sé. Relleno. Al igual que todas esas constantes regresiones al pasado, y, por consiguiente, a situaciones ya vistas en otros libros. Es absurdo y realmente irritante, además de una tomadura de pelo. Aunque creo que lo peor de todo es la obsesión del autor por reinventar el pasado, aunque para ello se tenga que meter en unos berenjenales tan absurdos e injustificados que, al final, terminas preguntándote de nuevo: ¿era necesario?

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En general, creo que es uno de los peores finales de saga que he tenido la oportunidad de leer. Es un auténtico despropósito. Básicamente, porque no satisface a ninguna de las partes del conflicto. Las fans de Gin estarán horrorizadas — con razón — por el injusto y absurdo final del personaje. Las fans de Babi nos hemos quedado a cuadros al descubrir que, el final que siempre hemos querido, se alcanza de manera artificiosa, fría y con tragedia de por medio. No tienes la sensación de que Babi y Step son seres destinados a estar juntos, desde un punto de vista romántico. Al final se produce la unión, pero de manera tan fría y con tanto dolor de por medio que te preguntas: ¿era necesario que las cosas fueran así? Una historia de amor tan bonita, de repente, se convierte en una relación sucia e instintiva, como si el amor que se tienen fuera algo inevitable, una especie de maldición, algo que no ha sido elegido y contra lo que no es posible luchar. Se ve como algo triste, por el simple hecho de que están abocados a él sin más remedio. No es romántico, es triste.

Por otro lado, ¿era necesario el final que se le han dado a Gin? Vale que alguien tenía que perder en esta historia, pero podría haber perdido y haber ganado algo, ¿no?. Se me ocurren miles de formas alternativas que podrían haber funcionado bien para que todo terminara de una manera un poco más… ¿amable? Además, ni siquiera la parte de Gin ha llegado a conmoverme (también es cierto que, después de leer esto, ya nada podrá hacerlo).

En definitiva, Tres veces tú me parece un auténtico despropósito. Muchas personas piensan que nunca debería haberse escrito. En parte, puedo estar de acuerdo. Le he dado dos estrellas, simplemente, porque acaba como yo siempre he querido, aunque la sensación es bastante agridulce (más bien agri que dulce). Es un libro que parece que está escrito sin ganas, como para salir del paso, sin prestar atención en lo realmente importante, poniendo el acento en lo anodino e intrascendente. Me pregunto cuáles fueron las motivaciones de Federico Moccia cuando decidió escribir esta tercera historia. ¿Realmente le mereció la pena sentarse a escribir Tres veces tú? ¿Lo veía realmente necesario? Una chica comentó en Goodreads: Lo mejor de Tres veces tú es que, por fin, se ha terminado. -  No puedo estar más de acuerdo. ¡Por fin se ha terminado! Pero que pena que sea de esta manera…