Últimamente no estoy teniendo demasiada suerte con los libros que llegan a mis manos. Leí el primero de la Serie Highlander de Karen Marie Moning, y no me gustó para nada. No sé si seguiré leyendo la serie algún día. También, por enésima vez, intenté leer la primera parte de la Saga Cazadores de Sombras, por eso de que este año sale película, pero no he pasado del 30% del libro. No sé si es por la barrera generacional, el caso es que lo he dejado por imposible… veré la película.

Para colmo de los colmos, no se me ocurre otra cosa que irme derecha a Porque eres mía de Beth Kery que, por el título y la portada, podréis deducir fácilmente que es una pseudocopia del celebérrimo Cincuenta Sombras. Sólo me bastó leer las primeras páginas para comprender hasta que punto estoy harta de este tipo de historias. Estoy un poco quemada de tanta fusta, tanta mazmorra y tanto tipo medio-loco sin otra razón que el porque-sí. A ver, Cincuenta Sombras era la novedad, la Trilogía Crossfire la copia, y la Blackstone la copia evolucionada. Por favor, ¡no más! De verdad, qué hartura.

Siempre me comentáis que estos libros no son una copia de Cincuenta Sombras. Algunas, seguro, pensaréis que Porque eres mía no tiene nada que ver con la trilogía de E.L. James. Vamos a ver, el plagio se considera un delito en cualquier país medianamente civilizado. No se puede copiar descaradamente. Pero sí se puede coger algo de aquí, algo de allí, y hacer un refrito bastante parecido pero que no se considere plagio. Es como si hiciérais un cesto con una serie de mimbres con una forma específica. Más tarde podemos usar esos mismos mimbres para hacer un cesto con una forma distinta pero, al fin y al cabo, tanto el primero como el segundo serán cestos… ¡Pues ahí tenéis a Cincuenta Sombras y a sus pseudocopias!

En cualquier caso hay copias y copias, y copiadores con más o menos estilo, y el de Beth Kery es “demasiado” parecido al de E.L. James. Vamos, que no se ha comido mucho el tarro la señora. Sin embargo, su estilo es más directo, hasta el punto de que las cosas ocurren por-que-sí (o “Porque eres mía”, supongo), en plan: “Cielo, ni siquiera nos hemos acostado, eres virgen -aunque yo eso no lo sé todavía- pero como te has portado mal voy a castigarte azotándote en el culete“. La respuesta de ella es: “Vale“.

Vamos a ver, de verdad que intento ser openminded, pero hay cosas que no puedo asumir por-que-sí. No sé qué os parece a vosotras, pero si un caballero me comenta eso en nuestra primera cita, mi primer instinto es echarme a correr. No sé… ¡un poco de mano izquierda! ¡que no somos animales! Un polvito antes, una charla tipo “mira yo soy diferente”… No sé, todo menos “ponte en pompa y cuenta los azotes“. Que esto es, supuestamente, un libro para chicas heterosexuales de misionero y perrito como mucho… ¡No es una guía de iniciación a sumisas! Encima, la chica, con la que nosotras tenemos que identificarnos, que es cuanto menos borderline, ni si quiera se plantea el extraño hecho de que su “novio” le haya zurrado antes de acostarse con ella. Lo asume como la cosa más natural del mundo. ¿Estamos locos?

Comprendí que era un error haber empezado Porque eres mía cuando leí esto:

– Dúchate y ponte esta bata. Solo la bata. Deja tu ropa aquí. Encontrará todo lo que necesites en estos dos cajones. Hueles a whisky y a tabaco rancio.
– Siento que no te guste.

– Disculpas aceptadas.

***

– Me gustas, Francesca. Más de lo que imaginas. (***) Pero debes aprender a gustarme también en el dormitorio.

– Quiero hacerlo – dijo ella, bajando la voz y sorprendiéndose a sí misma por el candor de sus palabras.

– Bien. Pues para empezar, quiero que te duches y te pongas esta bata. Cuando hayas acabado, vuelve al dormitorio para que pueda administrarte tu castigo.

***

– Ah, y lávate el pelo, por favor. Sería una lástima que tante hermosura apestara a cenicero. – murmuró entre dientes antes de salir y cerrar la puerta tras de sí con un sonido seco.

Francesca se quedó un momento allí, de pie sobre el príscino suelo de mármol. ¿Ian creía que su pelo era hermoso? ¿Le gustaba?

Para matarla, ¿no? Te dice que hueles a whisky y a tabaco rancio, que te va a castigar, que quiere que lo complazcas en el dormitorio y que te apesta el pelo, y con lo único que te quedas es con que le gusta tu cabello. ¿?¿?¿ WTF!! Chicas, ¿No creéis que deberíamos dejar ya este tipo de libros? Porque yo aquí lo que leo no es literatura erótica con tintes románticos o sin ellos, esto es maltrato emocional de tomo y lomo (además, del maltrato que presuponen unos buenos azotes, aunque si a ella le gusta, ¿qué le vamos a hacer, verdad?).

Además del hecho de que a la protagonista le falta un hervor (o diez de ellos), creo que lo peor que tiene el libro es el personaje masculino: Ian Noble. Es desagradable, egoista y desde luego nada delicado. Sí, es verdad que tiene los sesos podridos y ha tenido una infancia horrible… pero por favor: las palabras tan desagradables que le dice a ella; todas las relaciones sexuales que tienen donde no mira ni un momento por lo que ella pueda sentir… Una vez, incluso, le pega con una pala de madera… La manera en que le enseña a hacer felaciones es vergonzosa… y la primera vez que practican sexo anal es para mear y no echar gota.

Muchas diréis: “¡Es que eso es el bsdm! No lo que nos narraba E.L. James”. ¿Pues qué queréis que os diga? A mí no me gusta nada. Ya no en el sentido de que no me gusta que en mi día a día me azote en el culete un señor loco que exorciza sus demonios mediante el castigo corporal, sino la simple lectura de los hechos. Es igual que con Pídeme lo que quieras de Megan Maxwell… ¿Realmente, vale todo?

En fin, para terminar diré que Porque eres mía se publicó a modo de serial, es decir, cada cierto tiempo se publicaba una parte del libro. Lo que yo he leído ha sido la novela completa. No obstante, próximamente se publicará una segunda parte de la serie, donde se narra la historia de Lucien, un personaje secundario que, por cierto, no me llamó nada la atención. Asimismo, hay prevista una tercera parte, que no tengo ni idea de qué va, pero que todavía ni se ha publicado en inglés.

Como habéis imaginado, hay pocas probabilidades que los lea…