Hace pocos días empecé a leer la Saga Valeria de Elísabet Benavent, y cuando digo que fue hace pocos días, lo digo de verdad. La he devorado. No se puede negar que los cuatro libros que la componen son tremendamente adictivos, de ahí que hayan ido de cabeza a formar parte de la lista de Libros que enganchan. Desde que empecé el primero, En los zapatos de Valeria, todo fue más que rodado, y el resultado fueron varios días en los que leía desde que me levantaba hasta que me acostaba. Hacía tiempo que no me pasaba, he de decir.

La Saga Valeria es una saga coral donde se relatan las historias de 4 amigas. Todo es narrado por la protagonista, Valeria, cuya historia, a su vez, tiene más peso en los libros en comparación con las del resto de sus amigas. En este sentido, la perspectiva del narrador se me ha hecho un tanto extraña ya que la protagonista, además de personaje, es narradora omnisciente, y resulta un tanto raro que un narrador que, a la vez es personaje, dé detalles tan personales e íntimos de otros personajes. Sin embargo, te vas r.

Lo que más me ha gustado de los libros quizás sea el hecho de que todo gire aldedor de cuatro chicas, a cada cual más diferente. Por un lado, hace que fácilmente te identifiques con alguna, o con varias de ellas, y, por otro, lo hace todo un poco más divertido. Como comentaré más adelante, no creo que Benavent hubiera tenido para cuatro novelas solo con la historia de la propia Valeria, ya que creo que ha forzado un poco el asunto llevándolo todo a una tetralogía. No obstante, hay que alabarle un aspecto que, particularmente, me ha encantado: que haya compaginado, durante las cuatro novelas, las cuatro historias. Creo que hubiera sido increíblemente más fácil, pero en sí muchísimo más aburrido, que la autora hubiera hecho una serie y no una saga. Es decir, que hubiera dedicado un libro a cada chica, manteniendo el estilo y el contexto.  Si me leéis, aunque más de una haya pasado por estas manitas, sabréis que nunca me han gustado demasiado esas sagas que ahondaban en una historia y en unos personajes en concreto durante un libro para, en el siguiente, olvidarse totalmente de ellos. Lo veía antinatural. Por eso, me ha gustado mucho este detalle en la Saga Valeria. Desde el principio, te encariñas con todos los personajes y no los pierdes de vista hasta el final.

Como en la mayoría de los casos, el primer libro es el mejor, y, en esta saga en particular, es más que evidente, por lo menos para mí. Cuando decidí empezar con ella, pensaba que me enfrentaría a una chick-lit madeinspain, a la vez que rezaba y suplicaba por no encontrarme con algo soez, del estilo de ciertas autoras que ahora están muy de moda. Así que, En los zapatos de Valeria, cumplió ampliamente con mis expectativas. No solo la proporción de escenas de sexo y de no-sexo era más o menos adecuada, sino que me dio la impresión de que los diálogos y los personajes tenían cierta clase. No es que Benavent sea una Marian Keyes a la española (de primeras, no es tan divertida), pero me gustó que sus heroínas fueran chicas más o menos normales con problemas de personas más o menos normales. Todos eran excesivamente guapos para mi gusto, pero a nadie le amarga un dulce, ¿verdad?

Sin embargo, a partir del segundo, el asunto cambia, puesto que una trama más o menos ligerita, un poco chic y actual, pasa a ser una novela pseudo-erótica. O Benavent se leyó Cincuenta sombras de Grey o le exigieron desde la editorial que subiera un poco el picante, porque, si no, se entiende que las escenas erotico-festivas se quintuplicaran, y los polvazos a la altura de Rocco Sifredi, también. Y aunque ya he leído mucho sobre el tema y no me asusto por nada… ya harta un poco el temita. Tengo que admitir que, si todo hubiera seguido en la línea del primero, me hubiera gustado todo un poco más. También entiendo que las escenas de sexo continuadas constituyen una especie de relleno calentito en forma de narración.

A partir del segundo libro, por otra parte, también se empezó a liar un poco todo. Aunque las historias del resto de chicas no protagonistas seguían en la línea de la “normalidad-interesante” y se agradecía, la de la protagonista, Valeria, se empezó a complicar más de la cuenta en un claro ejemplo de voy-a-liarlo-todo-lo-máximo-posible-porque-me-quedan-muchas-páginas-y-libros-por-delante. Y esto es lo que menos me ha gustado, porque no seré yo la que diga que no disfrute con un buen tira y afloja, pero la verdad es que la historia de los protagonista no solo no la entienden ellos… ¡No la entiende nadie! Creo que ni la autora la entiende, de verdad. ¿Y qué ocurre? Que este tipo de asuntos derivan, casi con seguridad, en que un 99% de las lectoras odien a la protagonista; que, a la larga, te caiga mal y que quieras darle un par de collejas o sacudidas, para que reaccione y se baje de la nube. Por otro lado, provocan que la mayor parte de nosotras adoremos al macho divino y sufridor que la pretende. Somos así de tontinas.

En fin, todo este tira y  afloja sin sentido suele influir también en el final, porque, claro, un lío soberano que ha dado para tres libros no se puede resolver en un capítulo y de manera inverosímil (como pasa en la mayoría de los casos y en este también).

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Sin embargo, aunque existan detalles que no me hayan gustado demasiado, he de admitir que la saga es brutal en la medida en que te atrapa y, hasta que no la terminas, no te suelta. Doy gracias a los dioses de las sagas, trilogías y series por permitirme leer esta ya terminada. No sé qué habría sido de mi vida si no hubiera sido así. Porque, aunque desde el principio sabes que la saga va a terminar más o menos bien, también es cierto que, por cabezonería, quieres conocer lo antes posible cómo termina todo. Gracias al tira y afloja eterno de la protagonista y su dios-hecho-hombre, disfrutar con las historias secundarias no sólo se hace muy importante, sino que se convierte en algo necesario. Destaco sobre todos al personaje de Lola que, a medida que se suceden las novelas, se hace más y más especial. De hecho, gracias a ella, muchas veces la trama se sostiene, y, en el último libro especialmente, echas unas buenas carajadas con sus ocurrencias.

Así que ya sabéis, libros que enganchan fresquitos (y calentitos) para el verano. ¿A qué esperáis?