Hace ya cosa de un mes – y me parece mentira – recibí una alerta en mi móvil sobre la inminente salida de Martina en tierra firme, la segunda parte la saga Horizonte Martina de Elisabet Benavent. Ya sabéis que odio empezar una saga o serie que no esté terminada. Más que nada porque después me olvido de terminarla, si no me gusta lo suficiente, o, si al final la retomo, no suele ser lo mismo, ¿verdad? Por lo tanto, con todo el dolor y las ganas del mundo, dejé pasar la primera parte, Martina con vistas al mar, para empezarlo cuando toda la saga estuviera terminada… y estoy orgullosa de mi misma por ello, la verdad.

Tontunas aparte, como os comentaba al principio, me parece mentira que haya pasado ya un mes de aquello. Supongo que para muchos, el que se tarde en leer un libro más o menos es algo totalmente anecdótico. Hay libros que por su contenido, su densidad o, qué narices, su peso en kilogramos, toman más tiempo en ser leídos o digeridos que otros. Sin embargo, no es mi caso, y menos ante un libro de Elisabet Benavent. Si me gustan, yo los devoro, y no puedo parar de leer hasta que los acabo, y con los libros de la autora me ha ocurrido esto en el 99% de las veces… En cambio, con Horizonte Martina he estado un mes, sobre todo con el segundo libro, si soy totalmente sincera.

Como sabéis, desde que descubrí su Saga Valeria, hace dos años, he sido muy fan de todo lo que Benavent ha hecho, aunque reconozco que su progresión, en lo que respecta a mí, ha ido un tanto a menos. Valeria me gustó, aunque consideré un tanto excesivos sus cuatro libros. Menos mal que estaba toda la trupe de amigos de la protagonista, que hacían imposible que te aburrieras. Silvia me encantó. Desde mi punto de vista, es la mejor de sus sagas. Mi elección, me desencantó un poco y Horizonte Martina… bueno, Horizonte Martina no me ha gustado demasiado. Me ha costado muchísimo terminar el segundo libro, y muy por los pelos ha conseguido tres mediocres tres estrellas en este humilde blog.

Ha sido un poco decepcionante, y eso que empezó realmente bien. Cuando comencé con ella, yo estaba metida ya de lleno en Jasy de Florencia Bonelli, que me estaba encantando, y que me costó horrores dejar aparcado. Me encanta Bonelli, pero tiene una forma de escribir muy diferente a la de Benavent – para qué negarlo – y cuando me interné en las primera lineas de Martina con vistas al mar, fue como un soplo de aire fresco.

Pensé, 100% Betacoqueta. 

El ritmo era demoledor, la idea genial. Me costó un poco no relacionar a Pablo con el Chef David Muñoz (que no se encuentra, precisamente, dentro de mi prototipo), aunque fue la única pega que pude ponerle a la primera parte del libro, si eso puede ser un pega. Tuve la misma sensación que con el resto de libros de la autora: que los personajes son un pelín demasiado guapos y preciosos,  pero, bueno, a nadie le amarga un dulce, ¿verdad?

Lo cierto es que al principio todo iba como la seda. Sin embargo, en un punto determinado del libro, terminada esa primera parte, todo se apagó un poco. Se vino abajo. No sé exactamente por qué. Supongo que fue un compendio de varios motivos. La relación entre los dos protagonistas no me pareció excesivamente romántica, hasta el punto de que me llamaban más la atención las relaciones de personajes secundarios. Las propias relaciones entre aquellos, no me parecían demasiado íntimas o amorosas. Supongo que la trama lo justificaba un poco, pero entended que a mí me parecían románticos hasta los tríos que montaba Benavent en la trilogía Mi elección… Y por otra parte estaban las amigas. Una estaba como un cencerro, de fenopático total, y la otra era odiosa. Odiosa tanto para el lector como para los propios personajes. Tan odiosa que al final le coges pena y un poco de cariño. Aún ahora no sé cuál es la razón de que se haya incluido un personaje así, la verdad.

Sin embargo, cuando ya me estaba planteando acabar el libro y no seguir inmediatamente con el siguiente, ocurrió algo al final que me reenganchó y que me hizo recobrar esperanzas de que todo podría mejorar en la segunda parte. Luego fui, la compré y me encontré con el peor libro de Benavent. ¡Bien! ¡O mal!

[Y aquí encontrareis algunos spoilers. ¡Quedáis avisados!]

Me ha costado sudor y lágrimas empezar y terminar Martina en tierra firme. Lo digo abierta y sinceramente, y con muchísima pena. Si habéis leído el libro, pensaréis que igual tiene algo que ver con el cambio de registro brutal que da Benavent como escritora. Estamos acostumbrado a libros un tanto frívolos (aunque a mi nunca me parecieron de los más frívolos, como bien sabéis), donde hay maromos guapotes, sexualmente excepcionales, en relaciones un tanto disfuncionales, muy muy ardientes, pero inminente románticas. En cambio, en Horizonte Martina, Benavent se interna en el mundo de la maternidad y en de la depresión posparto, y por ende, en de la depresión por falta de sexo, en definitiva, algo muy distinto a lo que nos tiene acostumbradas.

Y la verdad es que no me parece para nada mala idea. Siempre me ha gustado Benavent porque lograba conseguir cierto equilibro entre sexo y romanticismo – si es que ambas cosas se pueden diferenciar en sus obras – desde el punto de vista en que muchas autoras se pasan vuelta y media con tanto mete-y-saca. Y no es que yo esté en contra – ni mucho menos – pero me cansa ya un poco eso de “se levantaron y lo hicieron en la cocina, se puso las bragas y volvieron a hacerlo, se subió a la escalera y lo hicieron encima de la lámpara”.

Hablo de equilibrio en las obras de Benavent, pero, sinceramente, no me importa que los protagonistas se pasen un libro y medio sin hacerlo; leo sus libros por otros motivos. Que lo erótico-festivo un poco de sal y pimienta al asunto… De acuerdo, aceptamos barco. Pero para mí no es lo fundamental. Por eso, no me resulta un problema que, desde la mitad del primer libro, Martina y Pablo no tengan apenas intimidad.

Tampoco es un problema el tema maternidad o depresión posparto. A ver, no soy madre, pero tampoco soy una de esas que les dan subidas de azúcar por leer acerca de un embarazo. Es más, a mí me gusta, y me da cierta ternura. No pongo pies en polvorosa. Y sobre la depresión posparto, es lo mejor del segundo libro, con eso lo digo todo. Así que esos tampoco son inconvenientes.

¿Cuál es el problema entonces? Pues uno que ya se veía venir en Mi Elecciónel relleno.  Gran parte del contenido de Horizonte Martina lo es. No puedo decir si mejoraría la saga si, en vez de consistir en dos libros, solo hubiera consistido en uno. No es relleno en el sentido de meter paja para poder publicar dos entregas, es relleno en el sentido de reiteración. No hay acción. Algo parecido pasó en Mi elección. Demasiada introspección, demasiado darle vueltas a lo mismo pero con distintas palabras. La parte que recoge los nueve meses de embarazo es infumable, es decir, más de la mitad del libro, y luego mejora con la crisis post-parto que tiene la prota, aunque no consigue arreglarlo del todo. No  lo arregla para nada.

Encima, Benavent se marca un epílogo sin sentido (y mira que yo soy muy fan de los epílogos), donde se resume a velocidad ultrasónica por lo menos veinte años de la vida de los protagonistas, que lo único rescatable que tiene, y que a mi particularmente me encanta, es la inclusión en la historia de protagonistas de otras novelas de Benavent. Cuando terminas el epílogo piensas… ¡Pues podría haber hecho de esto una novela! ¡Y sería potable! ¿Qué sentido tiene un epílogo de estas dimensiones? Ni idea…

En fin, mucha gente piensa que lo que salva de la hoguera a Horizonte Martina, es su protagonista masculino: Pablo. Yo lo ampliaría a todos los personajes masculinos de las novelas. Mientras que las chicas son un poco insoportables, los chicos suelen ser excepcionales; tan excepcionales, que llegan a ser bastante irreales, pero, para que engañarnos, hacen las delicias de cualquier fémina que se precie. Eso de que tires cal viva encima de tu pareja por cualquier cosa, ya sea desajuste hormonal o trauma infantil, y que este (que encima está buenorro y chinga como los ángeles, y sí algunos ángeles chingan) te entienda, te comprenda y de un brazo por ti, encima, es algo que conmueve a cualquiera. Y los chicos de Horizonte Martina son así. Una pena que no tengan unas parteneres a su altura.

En fin, termino esta reseña y, por añadidura, Horizonte Martina, con una gran sensación de decepción y pena. Le he dado un tres estrellas porque, aunque tiene partes infumables, también es verdad que tiene algunas espectaculares, como el comienzo o como parte del final. Estas partes maravillosas me motivan para seguir teniendo esperanzas y para seguir esperando algo más de Elisabet Benavent, que desde luego, tiene que llegar. ¡Estoy segura!