Si me seguís, sabréis que, desde que tuve la oportunidad de leer la Trilogía Caballo de fuego (recomendadísima por los siglos de los siglos), sigo muy de cerca los pasos de su autora, Florencia Bonelli. He leído varios de sus libros, y pocos de ellos me han dejado mal regusto en la boca. Quizás, lo más destacado de Bonelli, a mi modo de ver, sea su capacidad para combinar romance e Historia. Sin embargo, la autora se atreve con todo: temás más actuales, como en Caballo de fuego; o esta Nacida bajo el signo del toro, que supone su primera incursión en la novela juvenil.

Quizás, este fuera el hecho (que se tratara de una novela juvenil) que hizo que, de primeras, no me decantase por leerla. Sin embargo, hace unos días pensé: ¿Leo decenas de novelas juveniles, a cada cual más mala, y no voy a darle una oportunidad a Bonelli? Así que se la dí y, una vez más, no me decepcionó.

Si tuviera que recomendarle a una adolescente o a una chica muy jovencita un libro apropiado para su edad, es probable que le recomendara el de Bonelli. También os lo recomendaría, si tuvierais algunos o bastantes años más, si sois muy romanticonas. ¿Razones? Está muy bien escrita, obviamente; engancha muchísimo, para variar; si bien la historia no es muy original, está narrada con sensibilidad y cariño; y, por supuesto, por la frescura de no estar leyendo una pseudocopia estadounidense de novela para jóvenes de esas que se estilan últimamente mucho (y que se han comentado, también, en este humilde blog).

Siempre he pensado que la literatura juvenil, además de entretener, es capaz de dar grandes lecciones de vida a las jóvenes mentes que la leen. No es que tengan un fin pedagógico, pero creo que a ciertas edades somos más influenciables que en otras. Por lo tanto, si una jovencita lee cualquier novela juvenil del tipo Chicos Malotes, es posible que se piense que una relación de pareja “normal” se base en discusiones, engaños, malos modos, autoritarismo y control. Todas y todos sabemos que esto no es para nada así. De hecho me apuesto a que, aunque en cierto modo nos gusten esos chicos malotes, ninguna de nosotras desearía tener ese tipo de relación con nadie.

Por eso me encantó que el protagonista de Nacida bajo el signo del toro fuera un nerd, el empollón de la clase, un chico inteligente, educado, con seguridad en sí mismo… Muchas pensaréis: “Vaya rollazo, ¿no?“. ¡Para nada! Os equivocáis de pleno. Como en otros libros de Bonelli, el protagonista, un hombre (en este caso un jovencito) en el que a priori nunca nos hubiéramos fijado, se convierte en un galanazo magnífico y cautivador. Cuando éramos jóvenes (sí, ya sé que algunos todavía lo sois), es más que probable que nunca nos hubiéramos fijado en un chico como Lautaro Gómez, que destaca más por su carisma e inteligencia que por su aspecto físico. Pero seguro que existieron chicos parecidos en nuestros institutos o colegios, y, lamentablemente, nos los perdimos. Ahora, seguro que también existen jóvenes así, y es bueno que las jovencitas lo sepan, ¿no? También, no está mal que conozcan que se pueden desarrollar relaciones positivas basadas en el amor y en el respeto mutuo, y que eso no significa que sean menos bonitas, apasionantes o adictivas. De hecho, lo son más si cabe con relación a otro tipo de historias que venimos comentando en este blog.

No lo sé, me da mucha ternura este tipo de novelas, que, sin pretender nada, calan más hondo que cualquier historia de instituto o fraternidad norteamericana, ¿qué queréis que os diga? Nada de subterfugios. La narración es directa, pero delicada. La historia tampoco es nada rebuscada: no hay personajes difíciles, novios machistas, sexo explícito y porque sí. Es una historia bastante cotidiana, sencilla; que se desarrolla en Buenos Aires, pero que podría suceder en tu barrio o en mi ciudad. Y aunque la sencillez a veces pueda parecer un error en pos de la originalidad, no lo es, porque da como resultado una historia conmovedora y única.