Desde fuera, y sin mirar demasiado su argumento, he de reconocer que Maldito Romeo de Leisa Rayven desprendía un tufo a novela sobre chico malote que tiraba para atrás. Sí, una del tipo de la Trilogía Crash, Maravilloso desastre o la Serie After; de esas donde el protagonista está bastante perturbado, pierde los papeles en cuestión de segundos y tiene una novia bastante mojigata que le perdona lo imperdonable. También pensaba que era de ese tipo de novelas repetitivas, donde los personajes siempre andaban a la gresca y en las que estaban más tiempo enfadados y llorando que disfrutando. El reclamo que usan para promocionarla — “El apasionante romance que ha seducido a más de 2.000.000 de lectores online y que te dejará sin respiración hasta la última página” — tampoco ayudaba mucho; me esperaba la típica novela por entregas, exasperante y tediosa.

Entonces, ¿por qué me decidí a leerla? Bueno, porque siempre tengo esperanzas de encontrar algo nuevo de calidad. ¿Quién sabe? Supuestamente, Leisa Rayden es una dramaturga con cierto éxito en las antípodas, por lo que era lícito pensar que pudiera escribir buenas novelas también.

A su favor, Maldito Romeo, aunque no parte de una idea del todo original — qué queréis que os diga, de una dramaturga más o menos consolidada hubiera esperado que englobara todo en una obra un poquito menos manida que la de William Shakespeare —, tiene algunos mimbres que podrían haber funcionado bastante bien, diferenciándola, además, del resto de novelas del mismo corte — sí, las de chicos malotes — que tan de moda parecen que están.

Uno de los detalles que creo que funcionan bien es, por ejemplo, el hecho de que la novela se desarrolla en dos momentos diferentes de la vida de los personajes, por lo que permite que un grupo amplio de público pueda identificarse con sus personajes. En mi caso, que ya tengo una edad, suelo huir de las novelas con protagonistas muy jovencitos porque, aunque si la novela es buena, está claro que me va a gustar sí o sí independientemente de la edad de estos, sí que es verdad que me cuesta cierto trabajo crear una conexión afectiva con ellos que me motive a seguir leyendo. De esta manera, Maldito Romeo no se reduce a la típica novela universitaria, sino que también se desarrolla con personajes maduros con otro tipo de inquietudes y problemas. Es cierto que la primera época es más consistente que la segunda, pero, bueno, la intención de la autora es buena y eso es lo que cuenta.

Otro detalle que me ha gustado es que la novela no cae en la repetición excesiva. Hay redundancias; pero es que estas novelas son así; si todo se diera de manera más o menos sencilla no tendríamos ni para un cuento corto. No obstante, en el caso de Maldito Romeo esto no ocurre, y se agradece.

Y, sin embargo, a pesar de todo, solo le he otorgado dos estrellas. ¿Por qué?, os preguntaréis.

En primer lugar, porque los protagonistas son insufribles. Él está medio perturbado, muy asustado y retraído; y ella está más caliente que el palo de un churrero. Y me diréis: Eso no es una novedad, la mayor parte de las protagonistas de novelas románticas están muy salidorras, de hecho se pasan gran parte de la novela dándole al asunto. No tenéis ni idea… No tenéis ni repajolera idea.

Cassey Taylor es probablemente la protagonista más caliente que he conocido, y ya sabéis que conozco a unas pocas. En serio, a veces pienso que va a entrar en combustión espontánea. Virgen, sin ningún tipo de experiencia más que lo que ha podido ver en páginas porno (¡sí, páginas porno!), parece que no tiene otro objetivo en la vida más que perder su inocencia a manos de Ethan Holt, el prota, guapísimo, que hace méritos para quedarse con el papel de estalactita en la próxima de Ice Age. ¡Tremendo!

Ella tiene la mentalidad de un adolescente de quince años en plena fase hormonal, donde todo tiene pinta fálica o recuerda a una vagina. Él no sabe qué excusas poner para no acostarse con la chica. Aunque, bien mirado, después de la capacidad ilimitada de la susodicha por arrastrase para conseguir un poco de sexo, tampoco yo tendría ganas de tocarla. Ni con un palo, a decir verdad.

Durante toda la novela, inevitablemente, no paras de preguntarte por qué narices no lo hacen, o, por lo menos, por qué la chica no se busca a otro o se crioniza directamente. ¡Son unos desalmados! No es de buena persona tener a una chica rozándose, literalmente, con tu pierna sin ponerle algún tipo de remedio al asunto. Tampoco está bien rebajarse tanto por un tío que no es capaz de hacer nada ante una calentura que invade y solapa los sentidos. Es exasperante.

Luego está el hecho de que hay un montón de omisiones a lo largo del libro. Son datos, hechos, situaciones que, o bien se dan por dichas, o bien se desarrollan en otros libros — sí, sé que este libro se encuentra dentro de una saga —. Sin embargo, al final del asunto, tienes la sensación de que no te has enterado completamente del todo, o que todo se desarrolla un poco a salto de mata y, cuando termina, entre tanta calentura y tanta omisión (por cierto, ¿lo llegan a hacer?) no tienes la inminente necesidad de seguir sabiendo más sobre el tema. Por lo menos, en lo que a mi respecta.

En fin, aunque los planteamientos de Maldito Romeo no estaban del todo mal, el desastroso desarrollo de los personajes y sus interioridades creo que se lleva al traste la novela al completo. ¿La habéis leído? ¿Os ha parecido lo mismo que a mi? Ya me contareis, y si me convenceis, seguiré leyendo. (¡por favor, no lo hagáis!)