Después de la maravillosa impresión que me dejó Los Juegos del Hambre, el primer libro de esta Saga Distritos, supongo que no le extrañará a nadie que fuera, de lleno, a leer la segunda entrega de la mismas: En Llamas. Sé que muchos estáis leyendo la saga a la misma vez que yo lo hago. Así que intentaré no spoilear nada.

He dado menos nota a este segundo libro, más que nada, por el comienzo. Después de terminar Los Juegos del Hambre y dejar atrás toda esa trepidante acción y el final, totalmente, en el aire, el comienzo de En llamas me ha resultado bastante soporífero. Hasta más o menos la mitad del libro no pasa, literalmente, nada, lo que resulta, extrañamente, frustrante. Cuando leía la primera aburrida parte del libro, intentaba explicarme por qué una historia tan adictiva había tomado este nuevo cariz. En sus inicios, el libro se me antojaba bastante frívolo y, por muchos momentos, demasiado juvenil. En definitiva, estaba perdiendo un poco la esperanza y, en mi mente, se repetía constantemente eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”.

Lo que le falta a la primera parte es acción, la supervivencia, la guerra… Creo que la historia, aunque se le quiera añadir ciertas dotes de psicología y sentimiento, necesita indispensablemente de la competición para subsistir. Y, de ello, está repleta la segunda parte de En Llamas, ¡por suerte! Así que, si os está resultando, como a mí, soporífero, os animo a que sigáis leyendo, que le deis una oportunidad ya que, en la segunda parte, como os digo, volverá a armarse la historia que nos cautivó tanto en el primer volumen.

En definitiva, después de haber leído el tercero (¡sí! ¡ya he acabado la trilogía), he de reconocer que los libros tienen una estructura bastante similar, aunque eso lo comentaré en mi próxima reseña. No obstante, la diferencia fundamental entre este segundo libro y el primero reside en un cambio de mentalidad con respecto a la historia primigenia. Mientras que en el primer volumen se acepta una realidad cruel e implacable, en En Llamas se empiezan a apreciar signos de cambios. La certeza de que es posible cambiar la realidad y que está en manos de los protagonitas. Por su parte, éstos, siguen con su particular triángulo amoroso, del que no se desprenderá nada definitivo. Algo que, en algunos momentos, es bastante exasperante.

Como en el primer libro, el final de En Llamas sólo te anima a seguir leyendo el tercero. Pronto os comentaré qué me ha parecido.

Quiero leer: "En llamas: Saga Distritos II" de Suzanne Collins -