Recuerdo que, cuando leí Crepúsculo, no recordaba haber leído nada parecido anteriormente. Vamos a ver, la historia no es que fuera muy original, con vampiros teenagers e institutos, pero, desde mi punto de vista, creo satisfizo a un grupo (mujeres jóvenes) que estaba dejado de la mano de dios. Luego, como siempre, llegó la película, se popularizó y empecé a odiar un poco a Bella Swan y a Edward Cullen, porque de ser sólo míos (o casi míos) fueron de muchas personas más.

Luego, aparecieron miles de libros relacionados, pseudocopias crepusculares. Algunos alcanzaron cierta fama, otros se convirtieron en exitosos bestsellers sadomasoquistas, pero, desde mi punto de vista, ninguno le llegaba a la suela del zapato a la saga de Stephanie Meyer. Luego llegaron los ángeles, los demonios, las hadas… Probé a leer algunos de esos libros, hasta que lo di todo por imposible, hasta el punto de prometer que ningún libro de romance sobrenatural para jóvenes caería de nuevo en mis manos.

Pues bien, no sé donde leí que la saga de Laini Taylor, Hija de humo y hueso, estaba cosechando grandes críticas. No sé qué me decidió, pero nunca hay que decir “nunca jamás”:  lo cierto es que me gustó bastante y que espero las próximas entregas con impaciencia porque, a día de hoy, en español, sólo está publicado el primero de los libros.

Es complicado, también, resumir de qué va Hija de humo y hueso. En principio, recuerda un poco a Dos velas para el diablo de Laura Gallego, más que nada porque va de ángeles, demonios y todas esas cosas. Fue un libro que no me llamó mucho la atención, y eso que, en su día, me pirré por historias como las de John Constantine. No obstante, eso de que alguien se enamore de un ángel siempre me ha dado un poco de yuyu -no en términos de blasfemia- y, aunque en Hija de humo y hueso también ocurre, lo he llevado mejor.

Como sé que os gusta las comparaciones, Hija de humo y hueso es una mezcla entre Dos velas para el diablo, como comenté; Memorias de Idhún y algo de Corazón de tinta. No obstante, su mayor acierto estriba en lo original que es.

Como en los libros anteriormente mencionados, la historia se desarrolla en dos universos paralelos: el mundo real y un mundo fantástico, con razas tan originales que hasta es difícil imaginarlas. En algún lugar, he leído que la autora ha vendido los derechos de su obra para futuras adaptaciones cinematográficas. Según mi punto de vista, debido a la complejidad de la hazaña, el resultado puede ser algo muy cutre o algo realmente virtuoso. No puede haber término medio.

Por último está el plus, por lo menos para mí, de que es una saga y que, por lo tanto, hay diversión para rato. No obstante, hacía tiempo que no sentía la sensación -horrible- de empezar algo que todavía no está terminado, de lo que sólo hay escrito un libro… Espero que la espera no sea muy larga.

Si os atrevéis a leerlo, sólo os pido que lo hagáis con una mente abierta y que no esperéis algo muy adulto y formal. Los primeros capítulos son algo arduos, no obstante, a medida que se avanza, todo va cuesta abajo y no puedes parar de leer.